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Capitalismo, desastres y rescates

La crisis sin fin

 

La crisis financiera de 2008 dejA? muchos interrogantes por responder. Para tratar de encontrar las respuestas es necesario entender quA� pasA? en concreto y determinar cuA?les fueron las causas que llevaron a esa situaciA?n, que no tuvo nada de imprevisible.

AdriA?n Eduardo Duplatt
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La crisis de 2008

En La Meca financiera de Wall Street se evaporaron entre uno y tres billones de dA?lares en activos financieros. La Reserva Federal de Estados Unidos y el Departamento del Tesoro virtualmente estatizaron el sistema bancario. La empresa de seguros AIG fue nacionalizada, rompiendo con todos los dogmas capitalistas conocidos. El gobierno norteamericano realizA? el mayor rescate financiero desde la Gran DepresiA?n (cerca de 700 mil millones de dA?lares). Una de las empresas mA?s grandes de ese paA�s -Lehman Brothers- se declarA? en quiebra. Los rescates, nacionalizaciones y/o estatizaciones se llevaron adelante para impedir la desconfianza y el pA?nico de los accionistas que habrA�an retirado sus fondos del mercado financiero, llevando la crisis a niveles exorbitantes.

A?Por quA� ocurriA?? El economista Walden Bello (2008) responde que, en principio, por la codicia capitalista, una codicia que estA? A�nsita en sus postulados. No se veA�a -o no que se querA�a ver- nada malo en el proceso econA?mico en curso. La International Financing Review (IFR) habA�a dicho el 17 de diciembre de 2005 que Lehman Brothers a�?a�� es el mA?s innovador en el espacio de preferencias precisamente por hacer cosas que no pueden verse en ningA?n otro sitioa��a�?.

La optimista visiA?n de la IFR estaba enmarcada en la falta de regulaciA?n, propia del paradigma neoliberal. Todo estaba en las manos invisibles del mercado que llevan todo a su justo lugar, como dirA�a el sumo sacerdote Adam Smith. En este postulado religioso-capitalista Wall Street vio nacer nuevas instituciones financieras, sobre las cuales el Estado no tenA�a ninguna capacidad financiera. El sistema no lo permitA�a. Por ello, quizA?s, es que no se habla de crisis sistA�mica en los altos mandos financieros mundiales. Sin embargo, el economista Jacob Goransky habla de crisis global y sistA�mica. Global por remisiA?n a su alcance geogrA?fico (todo el planeta) y sistA�mica porque se trata de una crisis del sistema capitalista en sA� mismo (Goransky en Aruguete, 2010). Por su lado, Dominique Plihon -autor del libro a�?El nuevo capitalismoa�?- cree que la crisis global del capitalismo se debe a sus contradicciones internas: estancamiento del poder adquisitivo en un inicuo reparto de la riqueza, sumado a la falta de regulaciones (Plihon, en Febbro, 2010).

TambiA�n George Soros, el llamado gurA? de los consultores financieros, afirmA? que a�?el sistema capitalista mundial estA? reventando por las costurasa�? (Bello, 2008), ergo, sus vestiduras no resultaron tan inconsA?tiles como se pensaba. Las explicaciones distan de ser originales. Marx ya habA�a sostenido que la tendencia a la caA�da de la rentabilidad empresaria era inherente al funcionamiento del sistema econA?mico capitalista. En todo caso, el punto principal de rotura fue la sobreproducciA?n, una contradicciA?n central del capitalismo.

La sobreproducciA?n, consecuencia de la sobreacumulaciA?n y la sobrecapacidad, hizo que la capacidad productiva rebasara la de consumo. Los ciudadanos, despuA�s de aA�os de desigualdades sociales y del vil reparto de riquezas, tenA�an limitado su poder de compra. El fin del Estado de Bienestar a mediados de la dA�cada del 70 dejaba ver sus heridas.

Fin de los aA�os dorados

Entre los aA�os 1945 y 1975 se viviA? la A�poca dorada del capitalismo. Fue un perA�odo de crecimiento econA?mico, tanto en los llamados paA�ses centrales, como en los subdesarrollados. La reconstrucciA?n de la posguerra -fin de la Segunda Guerra Mundial- y la competencia con el bloque socialista -Guerra FrA�a mediante-, vieron surgir el Estado Keynesiano o Estado Social o Estado de Bienestar, donde la gente estaba amparada por un sistema que reducA�a sus incertidumbres en lo laboral, en la salud, en la educaciA?na�� y potenciaba sus derechos sociales de la mano de salarios altos. Paralelamente, despuA�s de los acuerdos de Bretton Woods, instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) regularon las actividades econA?micas y financieras a nivel mundial, mejor dicho, a nivel occidental, para evitar, v.gr., la inflaciA?n.

Pero, a finales de los setenta, las economA�as centrales entraron en estanflaciA?n: un bajo crecimiento, con alta inflaciA?n. Esto resultaba imposible para la teorA�a econA?mica clA?sica.

La estanflaciA?n se debiA? a cuatro elementos que se combinaron entre sA�:

1) la reconstrucciA?n en la posguerra de Alemania y JapA?n

2) el crecimiento econA?mico de paA�ses como Brasil, TaiwA?n, India y Corea del Sur

(dos elementos que aumentaron la capacidad productiva mundial y generaron una mayor competencia en los mercados)

3) la desigualdad, tanto entre paA�ses como dentro de los paA�ses

(la gente tenA�a menor poder adquisitivo y, por ende, cayA? la demanda

4) la crisis petrolera de 1973

(todo era mA?s caro)

La soluciA?n capitalista a la crisis por estanflaciA?n vino por tres vA�as: a) la reestructuraciA?n neoliberal, b) la globalizaciA?n y c) la financiarizaciA?n (Bello, 2008).

Las soluciones

a) ReestructuraciA?n neoliberal

La reestructuraciA?n neoliberal fue impulsada por los gobiernos, v.gr., de R. Reagan en Estados Unidos, M. Thatcher en Inglaterra y las dictaduras en latinoamA�rica, siempre justificada por think tanks afines. Su Norte fue revigorizar la acumulaciA?n del capital.

Las principales medidas tendieron a remover las restricciones estatales al crecimiento y a los flujos de capitales y riquezas, y la redistribuciA?n del ingreso. Es decir, por un lado se buscA? una libertad econA?mica lejos de la regulaciA?n de los gobiernos y, por otro, se dejA? la distribuciA?n equitativa de la riqueza a cambio de un direccionamiento de abajo hacia arriba, para que los de a�?arribaa�? puedan invertir en la economA�a. Explica Juan Torres LA?pez que a�?En los A?ltimos decenios las polA�ticas liberales han reformado los mercados laborales, han dominado a los sindicatos, han desguarnecido a los trabajadores mediante el empleo precario y el endeudamiento y le han dado todo el poder a las empresasa�� por eso hoy tenemos la peor distribuciA?n de la renta de los A?ltimos decenios, la mayor desigualdad. Y por eso cae el poder de compraa�? (Torres LA?pez, 2009).

Sin embargo, la estanflaciA?n continuA?. Los pobres fueron mA?s pobres, sin demanda; y los ricos fueron mA?s ricos, sin inversiA?n. La tasa de crecimiento en los sesenta fue del 3% y la de los noventa, tan solo del 1,2%.

b) La globalizaciA?n

La globalizaciA?n buscaba una acumulaciA?n extensiva con una rA?pida integraciA?n de zonas semicapitalistas o no capitalistas (China) y precapitalistas, a la economA�a global de mercado.

La economista y revolucionaria alemanda, Rosa Luxemburgo (1870-1919), se habA�a percatado de este mecanismo necesario para restaurar la tasa de beneficios en las economA�as centrales. De esta manera se accedA�a a un trabajo barato, a nuevos mercados, a materias primas baratas y a nuevas A?reas de inversiA?n. Los axiomas principales de esta vA�a son la liberalizaciA?n del comercio, el fin de todo tipo de restricciA?n al movimiento del capital y la apertura total de las fronteras.

La revista Fortune elabora anualmente un rA?nking de las 500 empresas mA?s grandes del mundo. Un porcentaje importante de ellas trasladaron parte de sus operaciones a China, donde consiguieron mano de obra barata e inagotable.

El gran problema de la globalizaciA?n es que exacerba la sobreproducciA?n al aA�adir capacidad productiva. China misma es un ejemplo de ello con su inmensa producciA?n que la ubica como una de las potencias comerciales mundiales.

Para evitar la recesiA?n, las empresas vieron limitadas sus ganancias. En la dA�cada del sesenta fueron del 7,15%, en la del ochenta, del 5,3%; en la del noventa, del 2,3% y en el perA�odo 2000-2002, del 1,3%.

Por lo tanto, la globalizaciA?n fue insuficiente para salir de la crisis.

c) La financiarizaciA?n

Para la teorA�a econA?mica clA?sica, el sistema financiero es el mecanismo por el cual se juntan el ahorrista con excedente de fondos y el empresario que necesita fondos para invertir en producciA?n.

Pero, en el capitalismo tardA�o la inversiA?n en la industria y en la agroeconomA�a redunda en magros beneficios debido a la sobreproducciA?n. Los grandes fondos excedentes circulan y son invertidos y reinvertidos en el sector financiero. El sector financiero, entonces, gira sobre sA� mismo. Se produce, asA�, un hiato entre la economA�a real y la financiera. La primera queda estancada; la segunda, hiperactiva (ambas crecieron, pero la financiera lo hizo en forma exponencial). El resultado no fue contingente. El crecimiento desmesurado de la economA�a financiera quiso hacer frente al parate de la economA�a real (consecuencia de su sobreproducciA?n).

Ahora bien, el inconveniente principal de la financiarizaciA?n es que la reinversiA?n en el sector financiero exprime el valor del valor ya creado; puede crear beneficios, pero no crea un nuevo valor, como sA� lo hacen los sectores industriales, agrA�colas, comerciales y de servicio.

Las operaciones en las bolsas de valores son volA?tiles, con acciones que divergen radicalmente de sus valores reales. AdemA?s, los oportunistas compran bonos, tA�tulos y acciones y los venden antes de que sus precios se acomoden al valor real.

El alza excesiva radical de los precios de los activos, mA?s allA? de su valor real, produjo las llamadas burbujas financieras. Las burbujas son en extremo etA�reas, ya que dependen de golpes especulativos. Los inversionistas van de burbuja en burbuja, de una manA�a especulativa a otra.

AsA�, el capitalismo financiero, gracias a los mercados de capitales desregulados y a las liberalizaciones de los ochenta, fue dominado por la especulaciA?n que provocA? diferentes crisis: Efecto Tequila (94/95), Tigres AsiA?ticos (97/98), Rusa (2001) y Argentina (2002).

Las burbujas

a) El modelo asiA?tico de los noventa

Un ejemplo de burbuja financiera fue la crisis asiA?tica de 1997/1998. Las etapas que se cumplieron fueron las siguientes:

– la balanza de pagos y la liberalizaciA?n financiera fueron impuestas por el FMI y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos

– entrada de fondos extranjeros buscando rA?pida rentabilidad: invirtieron en el mercado inmobiliario y en el mercado de valores

– se produjo una sobreinversiA?n, lo que llevA? a un desplome de precios en los mercados inmobiliarios y de valores; la baja de precios provocA? pA?nico en los inversores y la retirada de sus fondos (en 1997, en pocas semanas, se fueron del este asiA?tico cerca de 100.000 millones de dA?lares)

– entraron al rescate de los especuladores extranjeros organismos como el FMI

– colapsa la economA�a real en todo el este asiA?tico

– a pesar de ello, se rechazaron cualquier tipo de regulaciones nacionales o globales al sistema financiero (las razones fueron puramente ideolA?gicas y dogmA?ticas) (Bello, 2008)

DespuA�s de la crisis, estos paA�ses comenzaron a protegerse amasando enormes cantidades de fondos de activos extranjeros, exportando capital al resto del mundo y llenA?ndolo de dinero barato, cuya mayor parte fue a los Estados Unidos (Krugman, 2009).

b) La actual burbuja inmobiliaria

La crisis presente arranca a finales de los noventa, con una burbuja tecnolA?gica. Las acciones relacionadas con internet se dispararon para luego caer estrepitosamente, provocando pA�rdidas por siete billones de dA?lares y la recesiA?n del 2001/2002.

Las lA?biles polA�ticas monetarias de la Reserva Federal al mando de Alan Greenspan estimularon esa burbuja. Para evitar una recesiA?n mayor o de larga duraciA?n, Greenspan bajA? las tasas de interA�s al 1% en junio de 2003, un nivel sin precedentes en los A?ltimos cuarenta y cinco aA�os. La depreciaciA?n de los intereses estimulA? una nueva burbuja: la inmobiliaria.

Otro ingrediente que multiplicA? el negocio inmobiliario fue la apertura -en 1998- del mercado a todo tipo de inversores externos. Los prA�stamos dejaron de ser exclusivos de los bancos. Cualquier fondo intervenA�a en el sistema financiero por intermedio de operaciones en la bolsa. El negocio se hizo global La primera consecuencia fue el abaratamiento de comisiones y otros costos; el segundo, la bA?squeda, por parte de los inversores, de mejores rendimientos para su dinero. AsA� aparecieron las hipotecas subprime (clientes con niveles de ingresos insuficientes para una hipoteca tradicional). Las pocas posibilidades de cobro no importaban, ya que el precio de las casas no tenA�an motivos para bajar (De ZA?rate, 2010; Bleger et al, 2010). A este escenario se sumA? la adopciA?n de reglas contables que permitA�an eliminar de los registros propios la existencia o el paso de los tA�tulos hiperriesgosos (Rubinzal, 2010). Como dijo Paul Krugman, a�?los banqueros estadounidenses, fortalecidos por un cuarto de siglo desregulador, llevaron al mundo a considerar sofisticadas las formas de enriquecerse ocultando el riesgo y engaA�ando a los inversoresa�? (Krugman, 2009).

En 2002, Dean Baker, del Centro de Investigaciones en PolA�ticas EconA?micas, advirtiA? sobre los peligros en el mercado inmobiliario; sin embargo, Ben Bernanke, asesor presidencial, afirmA? que el aumento en el precio de las viviendas se debA�a a fundamentos econA?micos robustos y no a la especulaciA?n financiera. En junio de 2010, el presidente de la agencia de calificaciA?n de riesgo Moodya��s, Raymon McDaniel, reconociA? que la empresa sobreestimA? tA�tulos de mala calidad y contribuyA? a la crisis financiera (ClarA�n, EFE, 3.6.10). Tanto Moodya��s, como Standard & Poora��s y Fitch -principales agencias de calificaciA?n- asignaron alta calidad a tA�tulos inmobiliarios que contenA�an hipotecas subprime.

En las audiencias ante la ComisiA?n de InvestigaciA?n sobre la Crisis Financiera de Estados Unidos, creada por el Gobierno y el Congreso Norteamericanos, ex empleados denunciaron que la compaA�A�a se amoldaba a los intereses de los bancos que emitA�an los tA�tulos, en vez de realizar dictA?menes independientes; por otro lado, Mark Foeba, antiguo vicepresidente de Moodya��s, acusA? a los directivos de premiar a los analistas que cooperaban con esa polA�tica permisiva, y castigar a los que no (ClarA�n, EFE, 3.6.10).

Soros explicA? que las instituciones hipotecarias instaron a los hipotecados a refinanciar sus tA�tulos para aprovechar el precio alto de las viviendas. Con las tasas de interA�s por el piso, se rebajaron los criterios de prA�stamos y se inventaron nuevos tipos de hipotecas, como ser: con bajos intereses, promocionales, de interA�s variablea�� Los dueA�os de las viviendas se sintieron nuevos ricos y aumentaron su consumismo, manteniendo la economA�a a flote en los A?ltimos aA�os. Pero, a la vez, la especulaciA?n con los tA�tulos inmobiliarios aumentA? sin miramientos.

El inconveniente principal no fue que la oferta superara a la demanda real, sino que la demanda fue fabricada por la especulaciA?n. Las hipotecas eran vendidas agresivamente a personas que normalmente no podrA�an pagarlas, pero eran seducidas con el bajo interA�s. Los vendedores de hipotecas juntaron esos tA�tulos con otros productos -v.gr., seguros- y crearon los activos segurizados u a�?obligaciones de deuda colateralizadaa�?. Muchos de sus poseedores, sabedores de sus riesgos, vendA�an y revendA�an los tA�tulos (hipotecas subprime, variables, etc.) a financieras, bancos, sucursales y entre estos organismos hacA�an lo mismo. AsA�, los tA�tulos se desparramaron como un virus por todo el sistema financiero.

En 2007 el precio de las casas comenzA? a bajar y cuando aumentaron las tasas de interA�s en 2008, terminA? la especulaciA?n con las viviendas. En los prA?ximos dos aA�os vencA�an seis millones de hipotecas subprime, de las cuales el 40% es impaga; en siete aA�os vencA�an otros cinco millones de deudas impagas, debidas a otros tipos de tA�tulos y prA�stamos.

La empresa Lehman Brothers tuvo pA�rdidas por tA�tulos tA?xicos mucho mayores que sus reservas, en consecuencia, la empresa quebrA?. En el caso de AIG, gracias a un A?rea no regulada de contratos de protecciA?n crediticia derivada, se permitiA? a los inversores apostar dinero a la posibilidad de que las empresas no devuelvan el dinero, llegando a formar un mercado de 45 billones de dA?lares. La dimensiA?n del efecto multiplicador era tan grande que el gobierno norteamericano intervino para rescatar a la empresa de una segura caA�da.

Consecuencias en el tiempo

Las previsibles bancarrotas de muchas empresas hicieron necesaria la intervenciA?n del Estado en la economA�a norteamericana. AA?n asA�, el presidente George Bush se apresurA? a decir que no significaba el fin del capitalismo ni de ninguno de sus proposiciones, sino, simplemente, un reacomodamiento a la situaciA?n actual. Lo cierto fue que el paA�s entrA? en recesiA?n y que A�sta se derramA? al resto del mundo. Por ejemplo, el principal mercado de China es Estados Unidos; y China compra sus materias primas en el sudeste asiA?tico, por lo que la merma econA?mica de NorteamA�rica repercutiA? en todo Asia.

En resumidas cuentas, la actual crisis no se explica sA?lo por la codicia capitalista y la falta de regulaciA?n estatal, sino que su gA�nesis puede encontrarse en el problema de la sobreproducciA?n iniciado en la dA�cada de los setenta.

Las soluciones primeras, reestructuraciA?n neoliberal y la globalizaciA?n, no alcanzaron para escapar de la recesiA?n. La financiarizaciA?n provocA? beneficios momentA?neos para unos pocos, pero, ineludiblemente condujo a la formaciA?n de burbujas especulativas que desembocaron en el derrumbe de empresas y la recesiA?n en la economA�a real.

A?CA?mo se saldrA? de la recesiA?n?, pues, las especulaciones hablan de la formaciA?n de otras burbujas, como la militar-industrial o, al decir de NaomA� Klein, con el capitalismo del desastre.

La doctrina del shock

NaomA� Klein (2007) habla del capitalismo del desastre para referirse a un programa de ingenierA�a social y econA?mica que ayudA? a implantar el libre mercado como una religiA?n a nivel planetario.

Cuando habla del discurso oficial sobre el triunfo democrA?tico del mercado libre y global o de que el capitalismo sin restricciones es sinA?nimo de democracia, Klein los refiere directamente como mitos. El capitalismo se impone por la violencia. Aprovecha las crisis para introducir impopulares medidas de choque econA?mico, de la mano de otras medidas menos metafA?ricas de shock: la represiA?n, las dictaduras, la policA�a de gatillo fA?cila�� Este modus operandi se aplicA? durante la dictadura de Pinochet, la reconstrucciA?n de Beirut, despuA�s del Katrina o del tsunami, del 11-S al 11-M, etc. Entonces, las crisis econA?micas o las catA?strofes ambientales son usadas para justificar la aplicaciA?n de polA�ticas neoliberales que demolieron el Estado de Bienestar.

El origen del proceso, Klein lo ubica en la Guerra FrA�a con la prA�dica del futuro Premio Nobel Milton Friedman, que construyA? una red de intelectuales favorables al mercado libre. En pleno Estado de Bienestar, sus ideas no podA�an aplicarse sin gran resistencia sindical y social. De todos modos, sus institutos de investigaciA?n son solventados por empresas y gobiernos.

Los discA�pulos de Friedman, se desperdigaron por todo el mundo pregonando las virtudes del neoliberalismo. Pero no se pudieron emplear pacA�ficamente. Por ejemplo, en LatinoamA�rica, fue necesaria la ayuda de dictaduras para lograr polA�ticas econA?micas ultraliberales. La dA�cada de los setenta puede ser vista como la primera ola neoliberal.

Luego, ante lo insostenible de los gobiernos militares apoyados por USA, vendrA�a la segunda ola neoliberal, con otro apA?stol: Jefrey Sachs. Este quiere demostrar que, a diferencia de lo que ocurriA? en LatinoamA�rica, el capitalismo no es incompatible con la democracia. Se trata de un autA�ntico evangelista del capitalismo democrA?tico. Con la caA�da de la UniA?n SoviA�tica vio la posibilidad de concretar sus ideas. Aconseja a la Rusia de Boris Yeltsin y a la Polonia de Lech Walesa para desregular sus economA�as. Fracasa. La situaciA?n, entonces, es propicia para una terapia de shock. El FMI -sin economistas keynesianos- cambia deuda por polA�ticas neoliberales, Consenso de Washington mediante.

En consecuencia, todas las actividades econA?micas en manos del Estado debA�an pasar al mejor postor privado, aA?n al costo de la desocupaciA?n. La pobreza serA�a momentA?nea, ya que la mano del mercado se encargarA�a de poner las cosas en su lugar.

Las reformas debA�an ser hechas en gobiernos democrA?ticos, aunque significara ralentizar los cambios. En definitiva, se utilizarA�an programas electorales keynesianos y posteriores polA�ticas econA?micas neoliberales con la excusa del a�?desastrea�? que debA�a solucionarse. El desastre podA�a ser econA?mico o ambiental, pero allA� estarA�a el FMI o el BM para realizar su negocio (Klein, 2007).

El Estado quedA? cuasivacA�o de funciones principales, incluso la de la guerra. Se crea en la prA?ctica un a�?Estado Corporativistaa�?, donde los empresarios pasan a ser funcionarios de los gobiernos y viceversa, sin ningA?n tipo de miramientos (por ejemplo, el director de cine Oliver Stone califica al gobierno de su paA�s como una a�?corporatocraciaa�? (La NaciA?n, 4.6.10)). Por otra parte, la guerra al terrorismo justifica acabadamente su accionar: guerras preventivas y vigilancia interna. Negocio redondo.

Final con punto seguido

El naufragio econA?mico de la Europa de 2010 es un capA�tulo mA?s de la crisis financiera originada en 2008. Las soluciones propuestas hasta el momento para esta A?ltima -ajuste drA?stico del gasto pA?blico- hacen que no se detenga. Ricardo Aronskind afirma que es econA?micamente errA?neo la proposiciA?n para la salida: a�?lleva al estancamiento productivo, a la agudizaciA?n del conficto social y a la guerra comerciala�? y al ajuste de grandes sectores de la poblaciA?n que se harA?n cargo de la crisis con sus propios bolsillos (Aronskind, 2010).

El impacto polA�tico de la crisis es notorio. Existen crecientes niveles de malestar en los electores, caA�das o desgastes de los gobiernos, ausencia de liderazgos fuertes, incertidumbres sobre el rumbo social y econA?mico y apariciA?n de nuevos actores desde los mA?rgenes del sistema (Aronskind, 2010). Esto se ve reflejado, v.gr., en Estados Unidos con nuevas leyes antiinmigrantes como la de Arizona y la irrupciA?n del derechista Tea Party, que son potenciados por el clima reinante azaroso.

La soluciA?n que se busca aplicar en Grecia -2010- contiene dos demandas implA�citas: mA?s garantA�as econA?micas y menos democracia (Aronskind, 2010), tal como previA? NaomA� Klein con su doctrina del shock. a�?Los culpables de los problemas griegos serA�an los jubilados, los empleados publicos y otros despilfarradores compulsivos que gastan a�?por arriba de sus necesidadesa�?. No parece haber responsabilidad alguna de los banqueros que prestaron en forma aventurera y en muchos casos corruptamente sin relaciA?n con la capacidad de pago de los receptores de los fondos (Aronskind, 2010, Lewcowicz, 2010).

Es que, como enseA�a Plihon, los gobiernos estA?n cautivos de los lobbies financieros. Para contrarrestarlos hace falta a�?instaurar una nueva relaciA?n de fuerzas mediante una alianza entre los movimientos sociales, la sociedad civil, las organizaciones sindicales, las organizaciones de defensa de los consumidores y ciertas fuerzas polA�ticas de izquierda que estA?n dispuestas a luchar y cortar con el sistema (Plihon, en Febbro, 2010). El economista cree que ese es el A?nico medio para obligar a los gobiernos y a los grupos financieros a que cambien.

Se trata, en definitiva, de una disputa aA�eja. Salvando las distancias tecnolA?gicas, los mecanismos que desataron la actual crisis son los mismos que provocaron el crack de 1929 (Rapoport, 2009).

Hoy, las soluciones parecen pasar por el keynesianismo militar y el capitalismo del desastre. Hasta que el ciclo se reinicie.

 

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Publicado en Revista Narrativas, nro. 21, abril / junio de 2011, ISSN 1668-6098.