Complejidad religiosa y algo más

Los colores del fundamentalismo

 

Adrián Eduardo Duplatt
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El término “fundamentalismo” proviene de doce opúsculos publicados entre 1910 y 1915 en Estados Unidos. Un grupo de cristianos pregonaba la infalibilidad de la Biblia y dio a conocer su postura a través de la difusión de “Los fundamentales”. Allí se mostraban hostiles a la teología moderna y al estudio crítico de la Biblia. También declaraban como no cristianos a quienes no estaban de acuerdo con ellos.

Una de sus características principales era su antimodernismo y por eso el mote de “fundamentalistas” se aplicó a grupos religiosos no cristianos, como los islamistas y los judíos.

Sin embargo, la etiqueta no permaneció en el campo religioso. Atilio Borón (2005) lo extrapola al campo económico y tilda de fundamentalistas a los seguidores ciegos del Consenso de Washington. Los seguidores del neoliberalismo creen en una racionalidad de dogmas inamovibles e inmunes a cualquier crítica teórica o empírica, dice Borón. Una postura similar sustenta Ignacio Ramonet (1998) con su definición de “pensamiento único” o mutatis mutandis, Daniel García Delgado (1998) y su conceptualización de la globalización en términos de proceso y de ideología.

Fred Halliday (2000) define al fundamentalismo como una serie de movimientos en diferentes países, que comparten ciertos rasgos comunes y que se caracterizan por dos elementos que pueden, o no, estar relacionados:

1) el retorno a los textos sagrados leídos de manera literali

2) la aplicación de esas doctrinas a la vida social y política

A los que se suman otros dos elementos:

3) la aspiración al poder/gobierno social y político en sus países

4) la intolerancia antidemocrática (el grupo fundamentalista recibe su autoridad de Dios y no del pueblo)

Halliday describe a los fundamentalistas como “indignados por la agresividad de sus enemigos”, lo que los obliga a reaccionar de manera similar, pero siempre se debe tener presente que los fundamentalistas no son solo islamistas, ni los enemigos de estos son siempre de otra religión.

Jean Daniel (2001) no cree que los grandes enemigos de los grupos fundamentalistas islámicos provengan de occidente. A lo largo del siglo XX las guerras mundiales no fueron obra de ellos; la guerra entre Irak e Irak dejó un saldo de un millón de muertos musulmanes; en Argelia, “el terrorismo islámico mató cien mil personas, diez veces más que todo lo que el terrorismo integrista causó alguna vez en occidente” (Daniel, 2001).

Daniel habla de terrorismo integrista porque realiza la distinción entre fundamentalismo e integrismo. Mientras el primero invita, como lo hicieron todos los profetas y fundadores, “a una toma de consciencia religiosa a través de un retorno ascético a las fuentes, el segundo instrumenta esa toma de consciencia aduciendo una serie de interpretaciones intolerantes de los textos sagrados, para imponer con la violencia una concepción rigurosa de la vida cotidiana y del papel de la mujer” (Daniel, 2001). Por ello es que las más numerosas víctimas del terrorismo islámico son los mismos musulmanes.

Halliday también ensaya un par de explicaciones para el fundamentalismo. A una llama escritural y a otra contingente.

La escritural hace referencia a las “aproximaciones que consideran a los fundamentalismos en cuanto a su relación con los textos sagrados y a los argumentos religiosos que se siguen de la interpretación y organización de un movimiento religioso”. Estos estudios se basan en estudios teológicos y de las ciencias sociales sobre la influencia de la religión en los comportamientos sociales y políticos.ii Esta explicación entiende al fundamentalismo como una vuelta, un renacer de algo que ya estaba -los textos sagrados y sus mandamientos-, tal vez motivado por los cambios novedosos en las comunidades religiosas, la corrupción de los sacerdotes… El enfoque escritural es el que esgrimen los fundamentalistas para justificar su accionar. Ellos dicen ser propietarios de la Verdad de las escrituras que revelan un pasado que siempre estuvo allí, esperando ser revelado. Así entendido, el fundamentalismo no es exclusivo del mundo contemporáneo. El wahhabismo así lo demuestra.

La explicación contingente subraya la modernidad y contingencia del fundamentalismo. Se centra en las causas contemporáneas que, aunque varían de un lugar a otro y de una religión a otra, son características del mundo moderno. El fundamentalismo es, entonces, una reacción al estado secular modernizado que se considera corrupto o dictatorial, incapaz de resolver problemas económicos y sociales. Razones válidas tanto para el Irán del Sha, el FLN de Argelia, como para el Partido del Congreso de la India. El fundamentalismo se presenta como una opción para responder a los problemas de urbanización masiva, desempleo, dominación extranjera, asociándose a grupos sociales en declive, a masas urbanas en reciente formación, a poblaciones rurales presionadas por un Estado central.

En síntesis, la explicación escritural del fundamentalismo establece una vuelta a los textos sagrados y su “pureza”; la contingente cree que el uso de los textos se da en forma interpretativa para adecuarse a las necesidades contemporáneas.

En esta última concepción, el fundamentalismo recurre a la tradición con fines modernos. Se busca una identidad (nosotros, nuestra historia) para construir una nueva sociedadiii.

Islámicos

Cuando se habla de fundamentalismo islámico se suele incurre en un error. Sería como decir fundamentalismo norteamericano al tener presente el atentado terrorista de Timothy Mc Veight en el edificio federal de Oklahoma. No todos los norteamericanos son fundamentalistas, ni tampoco todos los musulmanes los son.

El vocablo “Islam” es un término técnico que define el sistema de creencias y ritos basados en el Corán, pero su significado profundo tiene una extensión mayor: es una sistema cultural que abraza determinadas estructuras concretas, legales y sociales, junto con otras específicamente tradicionales. Musulmán -muslim-, por su parte, define al que abraza el Islam y lo sigue fielmente. Es decir, se puede ser islámico y no musulmán (Peirone,1985).

También Mahometano es una designación incorrecta porque daría a entender que existe un culto especial al Profeta, y ello no es así. El Islam no invoca a Mahoma -Muhammad-, sino que reza por él. Por su parte, el imán -literalmente “creer en”- indica “poseer y manifestar una creencia firme y sincera en los artículos de la fe, en tanto que Islam significa, justamente ‘completa sumisión a las órdenes de Dios’” (Peirone, 1985:7).

Tampoco es correcto asimilar islámico o musulmán con árabe. Aquéllos términos no tienen contenido étnico y buscan la universalidad; los árabes son sólo una parte del mundo islámico (Martínez Montávez, 1985).

Por último, el mundo islámico no es un bloque monolítico y homogéneo. A grandes rasgos el islamismo se divide en sunnitas y chiítas. Los primeros siguen las palabras y acciones del profeta, contenidas en el Sunna -libro de las tradiciones- y representan el 90% de los musulmanes. Respetan la sucesión de los califas, príncipes herederos de Muhammad.

Los chiítas creen que el califato debe volver a los descendientes de Alí -yerno y primo de Mahoma-. Chiía quiere decir partidario y defienden al imanato en contraposición al califato. En sentido estricto, el imán sería el verdadero descendiente del profeta, en tanto el califa es investido como jefe por los hombres. Como el duodécimo imán murió sin descendencia, esperan la venida del sucesor en cuanto Alá lo disponga. Desde su nacimiento como grupo -siglo VII- se sintieron discriminados y reprimidos por los sunnitas.

En ambas comunidades existen los sufíes, musulmanes que profesan una doctrina mística y literalista basada en el Corán. Desdeñan el conocimiento intelectual y realizan prácticas supersticiosas y mágicas. Para ellos el mejor musulmán es el imán, quien está dotado de un alma profética.

Debida a esta complejidad del islamismo, Jean Daniel (2001) afirma que quienes simplifican y equiparan a islamistas, musulmanes, árabes, fundamentalistas, integristas y terroristas, caen una generalización neoracista y en un absurdo sociológico.

En este orden de ideas, Oscar Cardozo (2005) recuerda al titular del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, que en un reportaje en Le Monde dijo: “No nos atacan por lo que hacemos, sino por lo que somos”, y dice que muestra un “alarmante costado racista y un argumento implícito de supuesta superioridad cultural occidental… [que se hace] eco de una visión que tiene mucho en común con la filosofía nazi”.

Fundamentalistas y terroristas

George Steiner (Meadil, 2004) -al igual que muchos otros- opina que el presidente norteamericano George Bush (h) al simplificar la política internacional a la lucha del bien contra el mal y al invocar constantemente a Dios, realiza prácticas fundamentalistas. Este fundamentalismo es cristiano y no islámico. No por nada ocho estados de la Unión prohíben enseñar la teoría evolucionista de Darwin. Estas ideas regresan el concepto “fundamentalismo” a su génesis cristiana, devolviéndolo a su territorio de origen: el país que dice combatir al fundamentalismo.

Como se señalara al inicio, el fundamentalismo nació como una concepción religiosa a principios del siglo XX. A principios del XXI, el sentimiento religioso parece resurgir a grandes pasos. Alvin y Heidi Toffler (2002) hablan de un retorno de las religiones. Ante un mundo incierto y peligroso, con la gente desconfiada de las dirigencias políticas, económicas y sociales, la religión ofrece un significado y una estructura a la vida. También brinda una guía moral a la comunidad en términos claros. La religión, especialmente, es fuente de esperanza y justicia. Por ello los enemigos no son el islamismo, el cristianismo, el hinduismo, el budismo y el judaísmo, sino los individuos extremistas y violentos que en nombre de ellos cometen actos terroristasiv.

El escritor Frederick Forsyth (2004) concuerda con esta visión. Para él los terroristas de Al- Qaeda son “íncubos lunáticos que han surgido en una esquina extrema del islam”. Forsyth ve en todos los terroristas tres caracteristicas: 1) un tremendo odio que los lleva a matar a hombres, mujeres y niños, 2) la excusa de que lo hacen por una causa noble y 3) plantean una demanda que puede ser cumplida. Pero aclara que Al-Qaeda no cumple con la tercera: ellos querrían matarnos a todos porque están locos.

Si bien la tesis de que están “locos”v no aporta nada a la explicación y comprensión de los terroristas de cualquier tipo, el escritor busca el nacimiento de la violencia integrista en el wahhabismo.

Hace trescientos años surgió en la actual Arabia Saudita un predicador prejuicioso y extremadamente violento.Era Muhammad ibn Abdul Wahhab. Veinte años atrás, el wahhabismo abandonó la península arábiga por medio de los imanes y exportado a las escuelas musulmanas o madrazas.

Estas madrazas son escuelas religiosas donde -según los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, entre otros- estudian los nuevos terroristas. En 2002, la ONG Internacional Crisis Group calculaba que sólo en Paquistán más de un millón y medio de niños acudían a las madrazas. Uno de cada tres estudiantes paquistaníes.

En definitiva, el terrorismo es definido por Giovanni Sartori (2005) como el intento de aterrorizar al máximo por cualquier medio y sin distinción de víctimas, al mayor número posible de personas. Sartori aclara que los juristas ni los diccionarios se ponen de acuerdo para una definición del término, pero defiende que la que propone basta para diferenciar el terrorismo global y religioso de los más humildes terrorismos locales (vascos e irlandés), anarquistas, resistentes, partisanos y semejantes.

Dominique Wolton (2005) está de acuerdo, en parte, con esta idea. Y sólo en parte porque no es que adhiere al pensamiento de las escuelas para terroristas, sino porque afirma que nadie nace terrorista, sino que se convierte en terrorista.

Otras explicaciones

Cuando ocurrió el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York (2001) resurgió la sensación de un choque de civilizaciones. Las librerías agotaron rápidamente el libro de Samuel Huntington “El choque de civilizaciones”, que parecía la explicación más lógica para lo que estaba ocurriendo. Pero, como ya se ha visto, nada es simple en un mundo complejo. La teoría de las civilizaciones en guerra no explica todo lo que está sucediendo.

El poeta palestino Mahmud Darwish (Cierco, 2003) se desentiende de estas explicaciones reduccionistas porque estima que en cada civilización coexisten muchas culturas y que, en todo caso, el choque es entre fanáticos. Por ejemplo, se simplifica al terrorista suicida como un irracional religioso que se inmola porque va a ir al paraíso para ser atendido por setenta huríes. Y ello no es así. Para Darwish las explicaciones -no justificaciones- del terrorismo en Palestina hay que buscarlas en la ocupación israelí, en la depresión de sus habitantes, en la humillación que reciben diariamente y en la falta de futuro. “A nadie le gusta morir, pero no pueden dejar de luchar contra la ocupación”. Sin tanques ni helicópteros, las armas son sus propios cuerpos.

Lo que afirma Darwish es lo que predica Wolton (2005) cuando solicita intentar comprender las causas para poder definir el fenómeno terrorista. Para ello es imprescindible una acción del periodismo que ponga el asunto en una perspectiva histórica.

La prensa, entonces, tiene que ser lo más neutro y fría que se pueda en la descripción de los hechos; luego debe introducir esa perspectiva histórica para darle ubicación a los actos terroristas y, por último, debe acudir a especialistas y académicos para que expliquen las raíces culturales del terrorismo.

El periodismo no se tiene que hacer cargo de la guerra antiterrorista -para Wolton eso es responsabilidad de los políticos y los militares-, sino preparar la comunicación entre las culturas, ser mediadores de la pazvi.

 

NOTAS:

i En el caso del neoliberalismo tomado como fundamentalismo, este retorno a los textos sagrados bien podría estar enmarcado en el respeto irrestricto a la “mano invisible del mercado”, postulada por Adam Smith en su obra “Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones” de 1776.

ii Un estudio así es el de Max Weber y su “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.

iii Algunos ven aquí también una explicación del populismo y toda su carga negativa, aunque el populismo es defendido por Ernesto Laclau en su última obra “La razón populista”, FCE.

iv El Dalai Lama, líder espiritual de los tibetanos, fue consultado en marzo de 2001 por la demolición de estatuas en el Afganistán de los talibanes y respondió: “Son los hombres de carne y hueso, con todas sus limitaciones de comprensión y juicio, los que crean problemas a otros hombres”

v Tildar de “loco” a alguien es un reduccionismo inútil porque descalifica a priori y no explica ni intenta hacerlo; además, si alguien está loco es irracional, por ende, no se puede entrar en razones con él, no se puede dialogar ni convencer. Sólo queda su eliminación, de uno u otra manera.

vi Para Wolton el verdadero reto de la prensa es convertirse en históricos, “ya circula demasiada emoción y odio. La grandeza del periodismo es tratar de mantener la autonomía frente a las grandes presiones y no convertirse en un agente ideológico de los gobiernos” (Reinoso, 2005).

 

BIBLIOGRAFÍA:

BORON, Atilio (2005): “Terrorismos”, en Página/12, 9/7/2005.

BULTRINI, Raimondo (2001): “Una gran desgracia”, en Clarín, 10/3/2001.

CARDOZO, Oscar (2005): “Terrorismo: ¿los umbrales de otra Edad Media?”, en Clarín 16/7/2005.

DANIEL, Jean (2001): “Musulmantes, las primeras víctimas”, en Clarín, 25/9/2001.

CIERCO, Juan (2003): “Mahmud Darwish, poeta del pueblo palestino”, La Nación, 24/8/2003.

FORSYTH, Frederick (2004):”Las víctimas somos todos”, en La Nación, 21/3/2004.

GARCÍA DELGADO, Daniel (1998): Estado-Nación y globalización. Buenos Aires, Ariel.

HALLIDAY, Fred (2000): “El fundamentalismo en el mundo contemporáneo”, en Confederación Sindical de Comisiones Obreras, en www.ccoo.es/ arcadia/arc_03_hal.htm

MARTINEZ MONTAVEZ, Pedro (1985): El Islam. Barcelona, Salvat.

MEDAIL, Cesare (2004): “El fundamentalismo, mal de occidente”, en La Nación, 10/2/2004.

PEIRONE, Federico (1985): El Islamismo. Buenos Aires, Hyspamérica.

RAMONET, Ignacio (1998): Un mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo. Madrid, Debate.

REINOSO, Susana (2005): Dominique Wolton: “Los periodistas deben convertirse en mediadores de paz”, en La Nación, 24/7/2005.

SARTORI, Giovanni (2005): “El terrorismo y las ilusiones peligrosas”, en La Nación, 26/7/2005.

 

 

Publicado en Narrativas. Revista patagónica de periodismo
y comunicación, nro. 9, julio / septiembre de 2006.