Historieta, periodismo y literatura

 

Adrián Eduardo Duplatt
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La literatura

La historieta es un género que, al igual que la novela o la crónica, puede dar cuenta de la realidad sin ningún tipo de cortapisas La elección de la novela y la crónica como modelos para comparar no es arbitraria. La historieta es un género literario y periodístico. La discusión sobre si el periodismo es literatura o no, queda ajena al presente análisis, por lo que, ante la polémica, se cataloga a la historieta como ambas cosas: literatura y periodismo.

Ahora bien, conviene explicar por partes la afirmación inicial. ¿Puede la novela describir la realidad? Si la novela es ficción, ¿qué tiene que ver con el mundo real? En principio la novela es lenguaje y, como tal es arbitrario y convencional (Chillón, 1999), por lo tanto cualquier género, así sea el periodístico o el histórico, estarán utilizando elementos que no son la realidad, sino que la representan arbitraria y convencionalmente. Ninguna lengua escapa a esta aporía. También puede afirmarse, parafraseando a Gustave Flauberti, que cada forma, cada modo en que es utilizado el lenguaje, crea su propia realidad. Toda dicción es, inevitablemente, ficción. El paradigma del “giro lingüístico”ii se hace cargo de esclarecer este tópico.

Albert Chillón, internalizando estas ideas propone una nueva definición para la literatura: “es un modo de conocimiento de naturaleza estética que busca aprehender y expresar lingüísticamente la calidad de la experiencia” (Chillón, 1999:69/70). La búsqueda estética de la “verdad” contamina, dice Chillón, al periodismo, al cine, la televisión y al cómic. La novela realista del siglo XIX derramó su influencia en el XX y XXI por los mismos géneros.

La historieta puede ser, entonces, una forma literaria con particulares características. Philippe Videlier explica que “la historieta es al mismo tiempo un medio de comunicación y una literatura. La forma historieta (bande dessine), que combina imagen y texto en una totalidad elíptica, impone sus limitaciones al relato. Como literatura, la historieta comporta los imperativos del medio de comunicación… la historieta nos habla del mundo reproduciendo, depuradas, las imágenes fuertes que vehiculizan nuestras sociedades” (Vidalier, 1995: 77). Para Eduardo Romano, la historieta es un mensaje mixto compuesto por dibujo y palabra (Romano, 1995:89). Romano cita a Umberto Eco en su minucioso estudio del género y afirma que se trata de un “”género literario” autónomo, dotado de elementos estructurales propios de una técnica comunicativa original, fundada en la existencia de un código compartido por los lectores y al cual el autor se remite para articular, según leyes formativas inéditas, un mensaje que se dirige simultáneamente a la inteligencia, a la imaginación y al gusto de los propios lectores” (Romano, 1995:99). Incluso un Premio Nóbel de literatura como John Steinbeck llegó a afirmar que “Uno de los síntomas o diagnósticos de la literatura debería ser, me parece a mí, que es leída, que entretiene, mueve, educa, cambia y critica a la gente, ¿qué hace esto mejor que la tira cómica?” (Santiago, 1996).

El periodismo

La historieta es un relato que acerca el mundo a sus lectores. Existen historietas futuristas, surrealistas, pasatistas… y realistas. ¿Pueden estas últimas integrarse al mundo del periodismo? La respuesta es escueta, mas no lábil: sí.

La relación del cómic, la caricatura y la ilustración con la prensa es de antigua dataiii. Juan Sasturain llega a afirma que “la historieta es hija del diario” (Sasturain, 1987:185) Basta mencionar el personaje Yellow Kid, que dibujaba Outcault en los diarios de Joseph Pulitzer y Williams Hearst, y que diera lugar al nombre de “periodismo amarillo” a la prensa sensacionalista (Ford, 1990:236).

La estrecha relación entre historieta y periodismo no termina en el soporte que el segundo le brinda al primero. “En tanto periodismo en imágenes, la caricatura y la historieta son formas de interpretar la realidad, son lecturas actuales, siempre vigentes, del acontecer social, político, económico y cultural del país, ciudad o continente en que se producen. En tanto periodismo en imágenes, informan, pero, sobre todo, persuaden y crean opinión. Fuente de información es, sin embargo, un testimonio que, al encarnar intereses definidos, busca provocar afectivamente al lector, transformarlo en su cómplice” (Sánchez, 2002).

La historieta es constitutiva de otros géneros periodísticos como el editorial o la crónica. “Privilegia la oralidad y revalora una forma de expresión durante mucho tiempo considerada de civilizaciones primitivas. Al legitimar la comunicación icónica como un modo de registro de la memoria, el humor gráfico pareciera configurarse como una forma de ruptura y un punto de encuentro. En tanto periodismo en imágenes, la caricatura y la historieta le permiten a los analfabetos excluidos por la escritura alfabética acceder a ella. Frente al alfabeto convertido en un instrumento de poder, se convierten en una forma de comunicación más democrática (…) Frente a la voz hegemónica de los diarios, la caricatura crítica latinoamericana propone la voz alternativa de los personajes del pueblo para informar criticando y persuadir divirtiendo” (Sánchez, 2002).

Un claro ejemplo de ello es la inclusión de las historietas de Gabriel Vargas en “A ustedes le consta. Antología de la crónica en México”, realizada por Carlos Monsivais (2000), y la afirmación de Hermenegildo Sábat “Soy un periodista que dibuja, nada más”, en una entrevista con la periodista de Clarín Patricia Kolesnicoviv.

La realidad

La historieta, el periodismo y la literatura se aúnan para dar a conocer el mundo. Como afirma Pablo De Santis, “La historieta es entre otras cosas el arte de concentrar, en un cuadrito, el mundo” (De Santis, 2004). Qué otra cosa han hecho, por ejemplo, Héctor Oesterheld a través de toda su obra y muy especialmente con “El Eternauta” y su alegoría de resistencia a la dictadura por venir, Art Spiegelman con “Maus” o con “A la sombra de Las Torres”, la producción de Quino, Fontanarrosa…v. De manera directa o indirecta, el contexto social del autor se ve reflejada en su trabajo. La “Mujer Maravilla”, sin ir más lejos, se transformó a fines de los setenta en un ejemplo de las mujeres que quieren ser libres, según las organizaciones feministasvi -sin hablar de la vinculación de la serie televisiva con el clima de Guerra Fría en que estaban inmersos los Estados Unidos-. Asimismo, en su crítica de un capítulo de “Nippur de Lagash”vii, Marcelo Froia explica que “la editorial Columba se ha caracterizado más que por la falta de referencias históricas por su compromiso con negar todo lo que sucediera puertas afuera de la realidad del papel de las revistas, después de todo se trataba de historietas, mero entretenimiento par las clases populares, que los intelectuales, sabemos, leen libros que son más serios. Pero el problema es que los artistas no pueden, a veces, escapar al contexto que los cobija” (Froia, 2004). Acerca de la misma obra, Martín Caparrós dice que “Es probable que Robin Wood -autor de Nippur- no lo haya hecho a propósito, pero la historia, ahora, me parece tan cercana a la relación del gobierno de Perón e Isabel con su ala izquierda. Seguramente no lo hizo a propósito, pero el mérito de ciertos narradores está en sintetizar su tiempo, aún sin querer (Caparrós, 2004:1110). La historieta, de este modo, ayuda al conocimiento del mundo, recorriendo caminos estéticos que la emparentan con la literatura, arribando a un resultado informativo o interpretativo que la vinculan con el periodismo. En cuanto al aspecto icónico, no puede agregarse mucho más. Si se describe con palabras a un sujeto alto, de cabello rubio ondulado, bigotes y nariz prominente (para hacerlo breve), qué tanto más precisa es esa imagen letrada que un buen dibujo de la misma persona?

Para finalizar basta agregar, si se quieren mayores precisiones por medio de ejemplos para defender a la historieta como género periodístico, en su vertiente más histórica y periodística, la “literatura dibujada” se da el lujo de pavonearse con “Che”, de Alberto Enrique Breccia y Héctor Oesterheld; “Fantomas contra los vampiros transnacionales”, de Julio Cortázar: “Operación Masacre”, en una adaptación de la investigación de Rodolfo Walsh realizada por Omar Panosetti y Solano López; “Ruggerito” de Carlos Albiac y Alfredo Flores; “Mate Cosido, el inapresable”, de Sergio Almendro y Peiro…

 

NOTAS:

i “El estilo es una manera absoluta de ver las cosas”, citado por Albert Chillón, 1999, pág. 95.

ii También llamado “toma de conciencia lingüística”: estipula que pensamiento y lenguaje, conocimiento y expresión son, en esencia, la misma cosa.

iii Ver Jorge Rivera, 1990a y 1990, Sasturain, 1995, y Aguado, 1992.

iv Patricia Kolesnicov (2003): “Hermenegildo Sabat: Soy un periodista que dibuja, nada más, en diario Clarín, sección Sociedad, 27 de noviembre de 2003.

v Para un panorama de la historieta en Comodoro Rivadavia, ver Alejandro Aguado: “Tinta densa patagónica”, 1998.

vi Emanuel Respighi (2004): “La mujer maravilla vuelve por lo suyo”, en diario Página/12, sección Espectáculos, 4 de octubre de 2004.

vii Historieta de Robin Wood dibujada originalmente por Lucho Olivera, que narraba la errante vida de un guerrero sumerio.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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Publicado en Narrativas, nro. 3, enero / marzo de 2005, ISSN 1668-6098