Los periodistas y el orden social

Actuar como se debe

 

Los medios, como empresas que son, construyen interesadamente una realidad a la carta. Esta labor es posible gracias a diversos mecanismos que actúan a nivel individual y colectivo en las salas de redacción. El resultado son las acciones de los periodistas que contribuyen a sostener, muchas veces involuntariamente, el status quo en la sociedad.

Adrián Eduardo Duplatt
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Una realidad conveniente

Los medios de comunicación construyen la realidad social públicamente relevante, construcción que legitima el orden social establecido. Los medios, como empresas que son, tienen un interés económico en que el modelo de sociedad se mantenga del modo en que mejor maximizan sus ganancias. Ergo, es de esperar que potencien aquellos acontecimientos que ayuden a preservar el status quo y minimicen los que se oponen a él.

No es de extrañar, entonces, que una manifestación de una central trabajadora en demanda de mejoras salariales, suspensión de despidos, aumento a jubilados, asignación universal por hijo… y que además solicita que las consecuencias de la crisis internacional no recaiga sobre los trabajadores sea incorporada a la agenda de los medios como una noticia de tránsito: “Jornada de protesta y caos en el tránsito: La CTA paralizó la ciudad con su reclamo laboral”1.

A través de la teoría de la agenda setting (Wolf, 1991) es posible vislumbrar cómo los medios construyen la realidad. En un primer nivel seleccionan los sucesos que van a convertirse en noticia, es decir, le dicen a la gente sobre qué pensar. En un segundo nivel, por medio de la semantización y la jerarquización, influyen en la manera de pensar.

Así, en abril de 2009, año electoral, el tema principal de los diarios argentinos es la crisis internacional y sus consecuencias locales, focalizando el discurso en los índices de crecimiento. Si bien, para el gobierno, la economía “se frenó”, para la oposición, “se cayó”. La asimétrica cobertura de uno u otro análisis, el uso de uno u otro término -caer es más negativo que frenar-, puede direccionar el pensamiento de los lectores en uno u otro sentido.

Más aún cuando todos los medios hablan de lo mismo, tematizando la actualidad: es importante hablar de la economía porque está cayendo y los responsables están en el gobierno (observación que peca de simplista, pero que es útil a los fines ilustrativos).

Entonces, para sintetizar la idea se puede afirmar que a los medios o, mejor dicho, a los dueños de las empresas, les conviene construir una realidad social que no cuestione el orden en que se desarrollan tan convenientemente. Teun van Dijk señala que

Dada su calidad de empresas, no es esperable que los medios adopten una posición totalmente diferente respecto del ‘triunfo’ global del mercado. La Argentina no puede ser una excepción en esta tendencia. Las metáforas dominantes de la cobertura periodística del mundo del trabajo y de la legislación laboral, definen el modelo interpretativo que refleja la alineación de los medios con los intereses de los empresarios, y el modo en que estos están protegidos por el Estado…1.

Sin embargo, los medios no escriben las noticias; ni siquiera los dueños de los medios. Lo hacen los periodistas. El interrogante que se presenta, entonces, está dado por la forma en que los empresarios consiguen que sus puntos de vista sean adoptados por sus empleados, aún cuando van en detrimento de los intereses de clase trabajadora de estos últimos.

No existe un complot ni venta al mejor postor por parte de los periodistas. Para Alain Accardó a veces a ellos les alcanza con trabajar como sienten, para trabajar como deben (o no debieran). La respuesta al interrogante viene dada por el reclutamiento social de los periodistas y su capacidad para incorporar la ideología de la clase dirigente.

Para explicarlo en detalle es necesario recordar algunos conceptos como los de campo y habitus de Pierre Bourdieu, el de punto ciego de Mar de Fontcuberta y de gatekeeper, newsmaking y distorsión involuntaria explicados por Mauro Wolf.

Campo

Bourdieu explica que las producciones culturales (filosofía, historia, ciencia, arte…) son objeto de análisis con pretensión científica y que estos presentan oposiciones en sus interpretaciones. Están las internalistas y las externalistas.

Las internalistas creen que es suficiente con leer el texto para entenderlo. Solo la letra interesa, tanto en literatura como en ciencia. Es un fetichismo del texto, presente en la semiología, el posmodernismo…

Las externalistas remiten el texto al contexto. Interpreta las obras en relación con su contexto histórico, social y económico. El marxismo es el ejemplo más claro de esta postura.

Pero, dice Bourdieu, para comprender una producción cultural no basta con asumir alguna de estas posiciones. Hacerlo -afirma- sería caer en el “error de cortocircuito” entre ambos polos. Para superar la dicotomía, Bourdieu elabora el concepto de campo.

El campo estaría entre las dos interpretaciones como un universo intermedio con los agentes e instituciones, con leyes sociales más o menos específicas. Se trata de un espacio relativamente autónomo, un microcosmos con leyes propias, pero que no escapa del todo al macrocosmos.

El campo periodístico, v.gr, estaría compuesto por los periodistas, editores, jefes de redacción, directores, medios, dueños de medios, multimedios, el sistema jurídico que lo regla, los grupos de presión, el conjunto de fuentes, etc.

Lo social externo está mediado por el campo, que es un espacio de fuerzas y de lucha y objeto de luchas. En él interactúan los individuos, no exentos de sus habitus.

 Habitus

La idea de habitus de Bourdieu viene a superar otra oposición, en este caso la de objetivismo-subjetivismo basada en la dicotomía sociedad-individuo.

El objetivismo se basa en que las prácticas sociales están determinadas por la estructura social; los sujetos son simples soportes de las estructuras de relaciones en que se encuentran.

Por su parte, el subjetivismo afirma que las acciones sociales son una mera agregación de acciones individuales.

Ante este panorama, Bourdieu explica las prácticas sociales por la relación entre dos modos de existencia de lo social: el campo (estructura social externa) y el habitus (estructura social internalizada).

El habitus es definido como el conjunto de esquemas generativos a partir de los cuales los individuos perciben el mundo, lo piensan y actúan en él.

Los esquemas son estructurados (por estructuras sociales, historia del sujeto…) y estructurantes (estructuras a partir de las cuales se percibe, se piensa y se actúa).

El habitus se conforma como un conjunto de disposiciones durables; es la historia incorporada, hecha naturaleza (olvidada como tal).

A partir del habitus los sujetos producen sus prácticas. El habitus,

interiorización de las estructuras a partir de las cuales el grupo social en el que se ha sido educado produce sus pensamientos y sus prácticas, formará un conjunto de esquemas prácticos de percepción -división del mundo en categorías-, apreciación -distinción entre lo bello y lo feo, lo adecuado y lo inadecuado, lo que vale la pena y lo que no vale la pena- y evaluación -distinción entre lo bueno y lo malo- a partir de los cuales se generarán las prácticas -las “elecciones”- de los agentes sociales. De esta manera, ni los sujetos son libres en sus elecciones -el habitus es el principio no elegido de todas las elecciones-, ni están simplemente determinados -el habitus es una disposición, que se puede reactivar en conjuntos de relaciones distintos y dar lugar a un abánico de prácticas distintas- (Criado, 2009).

Existe un habitus de clase, una serie de esquemas generadores de prácticas comunes a todos los individuos que son producto de las mismas condiciones objetivas. Se trata de la “clase incorporada”: a cada posición social diversa le corresponden distintos universos de experiencias, ámbitos de prácticas, categorías de percepción y apreciación. El individuo, debido a su habitus de clase, reproduce los esquemas generativos de clase que lo estructuraron.

En definitiva, el habitus condiciona la manera de percibir o, lo que es lo mismo, lo que no se percibe por más evidente que sea. Es decir, ayuda a configurar los ”puntos ciegos”.

Puntos ciegos

Mar de Fontcuberta (2006) explica que hace algún tiempo Daniel Goleman irrumpió en los campos mediático y académico con su tesis de la “inteligencia emocional”, que tuvo varios tópicos controvertidos y rebatidos mediante investigaciones (criterios en la medición de coeficientes mentales, características personales del líder empresarial, etc.). A pesar de ello, De Fontcuberta rescata de la hojarasca el concepto de “punto ciego”.

Según Goleman, la psicología enseña que la atención está gobernada por fuerzas conscientes e inconscientes, y que cuando percibimos algo, lo estamos seleccionando: “mi experiencia es aquello a lo que estoy dispuesto a prestar atención”.

En esta teoría, la consciencia requiere de filtros para seleccionar datos de la realidad. Ese filtro se configura con esquemas o ladrillos que construyen el edificio de la cognición. Los esquemas actúan de forma inconsciente y dirigen la atención a los aspectos sobresalientes de un hecho, desestimando otros.

Así, la vida cotidiana está plagada de censuras que evitan aprehender determinados hechos de la realidad que pueden provocar ansiedades, molestias o miedos. Consciente o inconscientemente se crean lagunas para evitar ciertas cosas. A estas lagunas, Goleman las llama “puntos ciegos”.

Los puntos ciegos son zonas en que se es proclive a bloquear la atención. El inconsciente desempeña un papel fundamental en la mente que organiza la información por esquemas. Estos últimos son la estructura de los recuerdos almacenados; con ellos los individuos interpretan el mundo. Esquemas y atención están relacionados. La atención activa los esquemas, y los esquemas focalizan la atención.

Para Goleman, la realidad social es producto de los esquemas compartidos, es decir, un mundo intersubjetivo. A dicho contexto en el que se realizan los intercambios, lo llama “marco”.

Los marcos definen el orden social aunque son difíciles de identificar directamente. Crean realidad social enfocando nuestra atención en el asunto inmediato y desviándola al mismo tiempo de todo lo que no tengo una relación directa con él. Todo aquello que queda fuera del marco no existe. El marco proporciona el contexto e impone la forma en que debemos interpretar lo que ocurre (De Fontcuberta, 2006:105)

Si se interpola lo dicho de la mente individual a los marcos como constitutivos de la realidad social, es posible colegir que la información que provoque “ansiedad social” puede ser negada socialmente. De esta manera se constituyen las mentiras sociales: mecanismo por el cual una sociedad distorsiona la realidad para acomodarla a sus intereses y legitimar conductas.

Los puntos ciegos en el periodismo

Para De Fontcuberta los medios existen y se desarrollan en marcos concretos y reproducen determinados esquemas sociales, a veces, sin ningún tipo de cuestionamiento.

En la elaboración de su agenda, seleccionan y omiten determinados acontecimientos. Las omisiones puede deberse -no siempre, desde luego- a los puntos ciegos. Por ello, los medios son responsables de que en una sociedad existan dichos puntos al no develarlos, al plegarse, consciente o inconscientemente, por rutina, a seguir las normas del consenso imperante.

A pesar de que la elaboración de la noticias se base en los valores-noticia y en el respeto por las rutinas productivas con su impronta de calidad (verificación de datos, cita de fuentes, cotejo de versiones…), los enfoques no están exentos de perjuicios.

La mirada sesgada del periodista puede ser voluntaria, pero, en muchas ocasiones, es involuntaria. Se trata del punto ciego común a todos los ámbitos sociales y que, en los medios de comunicación, no debe confundirse con la interpretación de la actualidad.

Ese punto ciego se basa en factores emocionales, en pulsiones muy profundas que se basan en experiencias personales o transmitidas culturalmente. Y puede distorsionar gravemente la información periodística (De Fontcuberta, 2006:108).

De Fontcuberta señala algunas estrategias de autoengaño utilizadas por los periodistas: la proyección (despojarse de los sentimientos), el aislamiento (tomar distancia de los hechos), inatención selectiva (no dar información para no provocar alarma social), el automatismo (uso de rutinas sin pensarlas en absoluto), la racionalización (uso de argumentos que resultan falsos) y el uso de eufemismos y los estereotipos.

Por último, es necesario recordar los conceptos de gatekeeper y newsmaking.

Porteros y producción de noticias

Mauro Wolf (1991) habla del gatekeeper como el individuo o grupo que tiene el poder de decidir si dejar pasar o bloquear la información. Así, al identificarlos, es posible determinar en qué punto del sistema la acción de filtro es ejercida explícita e intencionalmente.

Sin embargo, las decisiones del gatekeeper no son realizados con base en valoraciones individuales sobre la noticiabilidad de los sucesos, sino que está en relación con criterios profesionales y organizativos de la rutinas periodísticas.

La línea editorial del medio se mantiene por el aprendizaje por ósmosis y procesos de socialización de los periodistas en la sala de redacción.

En este contexto, los estudios sobre la manipulación explícita de la información dejan su lugar al estudio de la “distorsión involuntaria” que se produce constantemente en la cobertura informativa (Wolf, 1991:298).

Distorsión involuntaria

En los estudios de gatekeeper se pone en relación el contenido de los medios con la selección de noticias, en cambio, en los de newsmaking se relaciona la imagen de la realidad social con la organización de las rutinas productivas.

Autonomía profesional y distorsión de la información son las dos caras de una misma moneda. Se trata de un enfoque más amplio que reducir las carencias en las coberturas informativas a presiones o influencias explícitas externas. La distorsión está vinculada a las prácticas profesionales, a las habituales rutinas productivas, a los valores compartidos e interiorizados sobre el cómo desarrollar el oficio de informar (Wolf, 1991:209).

Los estudios de newsmaking se articulan entre la cultura profesional de los periodistas y la organización del trabajo y los procesos productivos.

La cultura profesional es entendida como un amasijo de retóricas de fachada y astucias tácticas, de códigos, estereotipos, símbolos, representaciones de roles, rituales y convenciones relativos a las funciones de los medios y de los periodistas en la sociedad y los modos de producir noticias. “La ideología se traduce luego en una serie de paradigmas y de prácticas profesionales adoptadas como naturales” (Wolf, 1991:215).

A este entramado se le suman los criterios de noticiabilidad: la aptitud de los acontecimientos para ser convertidos en noticia. Los valores-noticia son reglas prácticas que incluyen un corpus de conocimientos profesionales que implícita o explícitamente explican y dirigen los procesos en la redacción de las informaciones. Están presentes en todo el proceso; funcionan como disposiciones para seleccionar noticias y para presentarlas (qué enfatizar, qué omitir, qué priorizar…).

La distorsión involuntaria se produce, ergo, en todas las fases del proceso de trabajo.

 Los mecanismos de cooptación

Alain Accardó trata de responder al interrogante planteado en el inicio: ¿cómo es que los periodistas, aún de buena fe, ayudan a consolidar el statu quo de la sociedad?

Accardó explica que cualquier observador del campo mediático puede deducir que los periodistas no están maquiavélicamente preocupados para manipular la audiencia y favorecer a los dueños de las empresas. Cada cual lo hace espontáneamente, concordando con los demás.

Los dueños no necesitan decir a los periodistas lo que tienen que decir o mostrar. Da la sensación de que el trabajo de estos no obedece a otras exigencias que las específicas de la cultura profesional del periodismo. Es decir, obedecen a una consciencia profesional, como explican las investigaciones sobre newsmaking.

Pero no todo está librado al curso normal de los acontecimientos. Los dueños confían las riendas del poder periodístico en sí -la sala de redacción y edición- a grandes profesionales que han probado su adhesión a la visión de mundo de los jefes y que son ideológicamente confiables. Se constituyen en jefes de redacción, secretarios, editores que cumplen la función de gatekeeper. Ejercen un control explícito de lo que debe publicarse para llegar a los lectores.

El resto de los periodistas se reclutan en trabajadores que se forman en la misma redacción o en las escuelas de periodismo. Ambos ámbitos suelen tener la misma ideología y cultura profesional. Un ejemplo claro son las maestrías en periodismo que organizan los grandes diarios argentinos3. El campo académico y el campo periodístico se retroalimentan y homogeneizan. En la universidad se enseña a hacer “esto” porque es lo que se hace en los diarios; y en los diarios se hace “así”, porque es lo que se enseña en la universidad. Sólo falta aclarar un detalle: la academia y la práctica son prohijadas por la misma institución (el diario). De esta manera, los estudiantes de las carreras de comunicación realizan sus prácticas en el periódico, y los periodistas novatos del medio estudiaron en esas carreras de comunicación.

La eficiencia de los periodistas se apoya, por lo tanto, en la sinceridad y espontaneidad de actuar profesionalmente en forma correcta. Los estudios sobre newsmaking explican cómo la cultura periodística penetra inadvertidamente en los nuevos reclutas de la redacción.

El periodista cree que actúa con naturalidad al construir su discurso sobre la realidad, cuando lo que hace es aplicar criterios sesgados ideológicamente sobre lo que debe entenderse por periodismo y que -no casualmente- responden a la visión de mundo o a los intereses de los dueños de los medios. Pero si esto no alcanza, el gatekeeper se encargará de seleccionar lo que es permeable de lo inadmisible y la manera en que se jerarquizará y presentará a los lectores, como lo señala la teoría de la agenda setting.

Pero la cultura profesional no es la única explicación para la forma de actuar de los periodistas. El habitus individual y de clase coadyuva a la construcción de la realidad pública que se configura en los medios.

El discurso periodístico encierra las mentes en la problemática dominante y las discusiones se cierran con un pensamiento único. Se polemizan las soluciones a la crisis financiera, pero siempre dentro del capitalismo. No parece haber alternativas a este modelo económico.

Los periodistas han internalizado la lógica del sistema y realizan un balance positivo del capitalismo de rostro humano. Las manifestaciones de inhumanidad son accidentes, disfunciones, desviaciones, etc., que pueden remediarse dentro del mismo sistema.

De este modo -afirma Accardó-, el campo periodístico funciona con una impostura. Hace lo que desea (mantener el orden simbólico), haciendo como si no lo hiciera (habla de utilidad pública, bien común, verdad, justicia…).

Pero la impostura no es intencional y permanente. No puede funcionar así. Necesita que la gente crea en lo que hace. El habitus de clase contribuye a ello. El periodista tiene incorporada una visión de mundo y naturaliza su modo de pensar sobre lo que percibe.

Percibe el mundo, lo piensa y actúa como si estuviera bien constituido. Está predispuesto –habitus– a actuar a así. Y lo hace de buena conciencia. Dice Accardó que lo que puede crearles mala consciencia es considerado como revertible aisladamente o directamente autocensurado, creando los puntos ciegos.

Como la vida cotidiana, el campo periodístico está plagado de censuras que evitan asimilar algunos hechos de la realidad que pueden provocar ruidos molestos o atemorizantes en su entendimiento del mundo. Consciente o inconscientemente se crean lagunas para evitar ciertos sucesos.

De esta manera, las imperfecciones del capitalismo son consideradas disfunciones perfectibles o relegadas a la inexistencia, en un proceso involuntario o de buena fe.

(La población del campo periodístico proviene, mayoritariamente, de la clase media, que le inyecta la impronta de humanidad al capitalismo –v.gr. apoyando o impulsando triunfos políticos de los sindicatos, derechos de minorías, ciertas igualdades sociales…-. Sin embargo, la posición intermedia entre los polos dominantes y dominados de la estructura social, impulsa a la clase media a actuar para ascender en la escala y no para descender en ella. Ergo, legitiman ese mundo dominante, ora voluntariamente, ora involuntariamente).

Por último

La mirada sesgada de los periodistas los lleva a omitir parte de la realidad como si no existiera. El material que sí es recolectado mediante las técnicas y valores de la profesión –newsmaking– es pasado por el tamiz de su visión de mundo. En ambos casos el habitus -singular y de clase- los hace pensar la realidad naturalizando los acontecimientos de la sociedad y cayendo en distorsiones involuntarias. La realidad sólo necesita algunos retoques. Lo que no se articula con este escenario es confinado a un punto ciego mediante un proceso inconsciente. Como resultado, el campo periodístico elabora un discurso que construye una realidad social que legitima el orden social establecido.

Y si este proceso resulta insuficiente, como último filtro, están los jefes de redacción y editores -gatekeepers- que deciden qué y cómo se pública.

 

NOTAS:

1 La Nación, 23 de abril de 2009, secciión Política (CTA: Central de Trabajadores Argentinos)

2 Teun van Dijk en el prólogo del libro de Irene Vasilachis de Gialdino: Discurso político y prensa escrita, de ed. Gedisa, Barcelona, 1997, pág. 18.

3 Clarín y La Nación son dos diarios que tienen sus propias maestrías en periodismo, conjuntamente con universidades nacionales.

 

BIBLIOGRAFIA:

ACCARDÓ, Alain (2000): “Los periodistas frente a los mecanismo de cooptación”, en Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, nro. 16, octubre de 2000.

BOURDIEU, Pierre (1997): Los usos sociales de la ciencia. Buenos Aires. Nueva Visión, Buenos Aires.

CRIADO, Enrique Martín (2009): “Habitus”, en REYES, Román: Diccionario crítico de ciencias sociales. UCM.

DE FONTCUBERTA, Mar (2006): “El periódico como sistema”, en DE FONTCUBERTA, Mar y BORRAT, Héctor: Periódicos: sistemas complejos, narradores en interacción. Buenos Aires. La Crujía.

WOLF, Mauro (1991): La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas. Barcelona. Paidós.

 

 

Narrativas, nro. 18, abril / junio de 2009, ISSN 1668-6098.