Normas de titulación

 

Fragmento de la relatoría del Taller de Edición de Textos Periodísticos dictado por el periodista español Alex Grijelmo en Cartagena de Indias, entre el 26 y 28 de octubre de 2005, organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que dirige el periodista y literato colombiano Gabriel García Márquez.

 

Como recomendación inicial, el periodista no puede terminar de hacer una entrevista o llegar a la redacción sin tener el titular en la cabeza. Si no lo tiene, quizás deba explorar un poco más en el sitio de reportería para encontrarlo. Cuando el periodista llega con el titular es porque ya tiene claridad sobre lo que quiere escribir, tendrá en la cabeza un primer párrafo y no cederá ante la tentación de hacer un relato cronológico.

Existen algunas reglas sobre titulación que forman parte de los manuales de estilo de los periódicos. En cuanto a usar cifras, por ejemplo, sólo se recomienda hacerlo en títulos cuando representan algo que el lector puede entender fácilmente. Todos saben qué significan 40 minutos de lluvia, pero no 40 millones de dólares.

Un título como: “Turismo de Guatemala disminuye en 15 por ciento” no dice tanto como “Guatemala pierde uno de cada siete turistas”. Decirle a un ciudadano común y corriente: “Roban 10.500 millones” no significa tanto como decirle “Millonario robo”. Este último titular transmite mejor el efecto de que se trata de algo grande. Igualmente “Inversión millonaria” causa más impacto que “Invierten mil millones”.

Casi siempre es mejor evitar títulos de negación. Se deben utilizar títulos que afirmen algo. De igual manera, es necesario tener presente que los periodistas deben dar respuestas y no generar preguntas sin responderlas. Sobre el uso de siglas: cuanto menos se utilicen, mejor.

Para evitar caer en lugares comunes es recomendable no jugar con títulos de películas, canciones, libros o refranes. Titular “Crónica de una derrota anunciada” es una falta de originalidad y demuestra pereza mental.

Las citas textuales están bien cuando tienen gracia y cuando no son largas. El entrecomillado requiere de un respeto sagrado, porque debe responder a lo que se ha dicho. Tiene mucha fuerza, porque es lo que alguien está diciendo.

Titular sin verbo no es necesariamente malo, porque pueden usarse sustantivos que representen una acción, como “Atentado en x parte” o “12 muertos en explosión de gas”.

Los titulares son más próximos en presente que en pasado. Es preferible titular “El Presidente llega hoy a Madrid” o “Uribe llega la semana próxima”, que decir “llegará hoy” o “llegará la semana próxima”. También se deben evitar los títulos con participio como: capturado, detenido, sancionado o censurado.

El buen editor plantea buenos titulares respetando el diseño; no puede pedir que se baje el tamaño de la letra para que vaya cierta frase completa. Por su parte, el diseñador tampoco le puede pedir al editor que alargue el texto o que le ponga una palabra más para cuadrar el diseño.

Palabras frías y calientes

Para titular es recomendable utilizar palabras calientes, es decir, aquellas que por su sonoridad y su fuerza llaman más la atención de los lectores. Varias de ellas provienen del árabe, como ‘abismal’, ‘adalid’, ‘alarde’, ‘alboroto’, ‘algarabía’, ‘auge’, ‘azote’, ‘hazaña’, ‘jaque’, ‘macabro’, ‘maroma’, ‘máscara’, y ‘rehén’.

Por su parte, bastantes de las palabras frías provienen del griego como ‘pedagogía’, ‘filosofía’, ‘tragedia’, ‘blasfemia’, ‘melancolía’, ‘misterio’, ‘círculo’, ‘génesis’, ‘crisis’, ‘análisis’ y ‘diagnóstico’.

Cuando el idioma se refiere a algo pequeño recurre a las íes: ‘ínfimo’, ‘nimio’, ‘mínimo’. En cambio, las aes o las oes reflejan lo grande: ‘descomunal’, ‘faraónico’.

Casi siempre es más cálida y contundente una palabra corta que una larga. En los diarios de habla inglesa, los titulares son más cortos y exigen que el periodista sea ingenioso para buscar las palabras que se acomoden al diseño y que capten mayor atención. En los diarios de habla castellana, en general, los titulares son más largos y más rigurosos.

Los titulares tienen que conmover, llamar la atención, ser sugerentes. Los titulares fríos hacen un periódico plano. La sonoridad de las palabras contribuye a dar o restar importancia a un hecho. Mientras un periódico de los llamados serios diría “fulano habla”, en un periódico de técnica popular se diría “fulano rompe su silencio”, así lleve sólo siete días sin hablar; en lugar de decir “entrevista con fulano”, diría “fulano se confiesa”, y para decir “dudas sobre tal o cual cosa” titularía “polémica por tal o cual cosa”.

Otro ejemplo de términos calientes es el lenguaje del fútbol, porque utiliza mucho la fuerza de las erres, que son muy sonoras. Por ejemplo: remate, rebote, barrera y cierre.

Palabras calientes

Uno de los ejercicios del taller consistió en buscar expresiones calientes para reemplazar expresiones frías. Estos son algunos ejemplos:

– Descubre: hallazgo, destapan, estalla.

– Critica: fulano arremete.

– Aplazan: congelan, paralizan.

– Importante: histórico, de vida o muerte.

– Revancha: venganza, ajuste de cuentas.

– Alguien se repliega: se retracta, se atrinchera, resiste.

– Alegría: euforia.

– Descontento: frustración.

– Nuevo: inédito, sin precedentes.

– Alboroto: zafarrancho, escándalo.

– Preocupación: angustia.

– Pérdidas: saldo rojo, quiebra, ruina.

– Los precios suben: se disparan.

– Ruido: estruendo.

– Abaleado: acribillado, eliminado.

– El gobierno retira una ley: retrocede.

– Retorno: regreso.

– Distribuyen: reparten.

– Conversación privada: reunión secreta, cara a cara, encuentro íntimo.

– Atraco mortal: sangriento atraco.

– Divergencias: ruptura.

– Discusión: bronca.

– Revés o contrariedad: fracaso.

– Mal tiempo: mala racha.

Títulos para reportajes

La titulación está muy relacionada con los géneros periodísticos. La manera de titular nos da pistas sobre si un texto es una noticia, una crónica o un reportaje. Algunos recursos para titular son la paradoja, la contradicción o las palabras de doble sentido.

Por ejemplo, en un reportaje sobre el éxito de los bomberos entre las mujeres, un periódico tituló: “Bomberos que encienden”. Aquí se usó una palabra que tiene relación con el contexto de los bomberos y se aprovechó su doble sentido. Siempre hay que tener cuidado, la palabra debe funcionar en ambos sentidos. Por ejemplo, para el matrimonio de dos trapecistas en un circo, no sirve titular “Amor en la cuerda floja”, porque uno de los dos sentidos no concuerda. Este titular serviría en el caso de que fuera una separación.

Otros ejemplos que funcionan son: “A la telefónica se le cruzan los cables”, para referirse a problemas en la compañía telefónica, o “Tyson contra las cuerdas”, cuando el boxeador fue acusado por un mujer de haberla violado.

Otra técnica de titulación en reportajes es el juego de palabras, como por ejemplo “Lío de Janeiro”, para referirse a una situación difícil en la ciudad brasileña. Durante los Juegos Olímpicos de Barcelona el diario El País publicó, en su suplemento, varios títulos que jugaron con la metáfora, la paradoja o la contradicción.

Estos son algunos ejemplos:

– En la inauguración: “La flecha en llamas encendió el estadio”.

– Un nadador que pasó a semifinales en la modalidad de espalda: “Hacia el podio

avanzando de espalda”.

– Cuando el nadador ganó: “Martín, el espaldarazo”.

– Estados Unidos perdió en voleibol con España y todos sus jugadores tenían la cabeza

rapada: “España pone los pelos de punta a Estados Unidos”.

– En natación los favoritos fueron perdiendo: “Los mitos se ahogan en la piscina”.

– Una judoca perdió a su entrenador dos meses antes: “Miriam lucha con el recuerdo de

su entrenador”.

– Una judoca era favorita al oro: “Una llave para la esperanza”.

– El presidente Felipe González no fue a la clausura a pesar de que los Juegos fueron un

éxito: “Felipe González no acudió a colgarse la medalla”.

Estas técnicas no funcionan para cualquier texto, dan resultado el 25 por ciento de las veces. Sin embargo, es la primera fórmula que se debe buscar porque es la más eficaz. Cuando se da en el clavo es un éxito.

El primer párrafo

Después de definir un buen titular es importante desarrollar una buena entrada. El lead o copete de un texto periodístico compite con un croissant, con un panecillo, porque la gente está desayunando y leyendo. Así de dura es la competencia y por eso la primera aproximación del texto debe mostrar qué estilo de música se va a tocar.

Empezar con una frase corta y directa, de no más de una línea de extensión y que tienda a la interpretación, es un arranque de impacto. Un ejemplo es: “El golpe de Beta se sentirá hoy en San Andrés y Providencia. La tormenta tropical, próxima a convertirse en huracán, se desplaza con vientos de 100 kilómetros por hora hacia las dos islas colombianas y amenaza también las costas de Nicaragua”.

No hay que tener la obsesión de ponerlo todo en la entrada. Hay que evitar los párrafos largos porque cuando el lector los ve extensos se predispone a que el artículo va a ser aburrido. Por eso una de las claves es manejar oraciones simples, sin subordinación.

Tampoco se puede dejar de lado que el lead o copete tiene que arrancar contando la historia de nuevo, no debe ser una continuación de la bajada o entradilla. Es el texto el que debe contener todas las partes de un titular y los destacados no se eliminan.

El orden lógico para empezar un texto es: sujeto, verbo, predicado. Iniciar con un complemento circunstancial es un error. Por eso no se recomienda empezar con frases que indiquen lugar, tiempo, modo, causa, cantidad, instrumento, medio, compañía o finalidad.

Cuando se empieza por el complemento circunstancial el lector se demora para llegar a la oración principal, lee primero cosas que son de segundo orden y eso hace más difícil la comprensión. Se demora milésimas de segundo en entender, pero varias milésimas terminan por cansarlo. Si se altera lo natural hay ruido. Lo sencillo es lo eficaz. Para que algo funcione lingüísticamente en el cerebro se necesita una oración. La monotonía se debe romper con el fondo, con lo que se cuenta, con las metáforas, no con la estructura.

Las informaciones que empiezan con “dos días después de tal cosa” o “en un encuentro con periodistas” o “en el Congreso de la República”, retardan lo importante.

Pocas veces el escenario es lo clave de la información. Si es así el escenario se debe convertir en el sujeto, por ejemplo: “la plaza de toros fue el lugar elegido por el Presidente para ofrecer una conferencia de prensa”.

Protección de la fuente

En muchas ocasiones, si no se protege el nombre de la fuente, no se obtiene información. ¿Dar o no dar el nombre de la fuente? ¿Dar sólo pistas del nombre de la fuente?, son preguntas que se hacen los editores frecuentemente. Es importante ser exigente, eso permite proteger más las fuentes y el lector no dudará de la veracidad del testimonio. Si el medio es confiable se puede permitir hacer atribuciones indirectas como:

“según fuentes futbolísticas consultadas”.

Un editor puede preguntar de dónde viene la información, no para que el redactor revele la fuente, sino para protegerse de que no haya información viciada. Además puede pedir que se afine un poco más el dato diciendo “fuentes del club”, “directivos del club” o “miembros del cuerpo técnico”, porque de esta manera se sabe que fue alguien que tiene más acceso a los datos publicados que por ejemplo un celador.

A no ser que sea algo que no perjudica a nadie, todas las declaraciones no asumidas con el nombre se deben confirmar con una segunda fuente. Esa información inicial debe usarse como pista para confrontarla por otro lado. Cuando se trata de opiniones es muy importante decir quién las da, porque al lector le interesa saber qué

grado de conocimiento tiene el personaje sobre el tema. Cuando una persona no quiere aparecer dando una opinión hay algo sospechoso. O la sostiene con su nombre o no le interesa a nadie.

Cambiar el nombre de la fuente para proteger la identidad no es recomendable, porque de entrada el lector se siente engañado. Lo mismo pasa cuando se cambia una foto; así diga fotomontaje, lo que se ve es una falsedad. Se altera la realidad y eso genera ruido. El lector desconfía y puede pensar que hay más datos falsos. Hay fuentes que siempre quieren hablar y que siempre dan información veraz, pero llegará el día en que darán

información falsa, porque a lo mejor les reporta un beneficio. En esos casos la obligación del periodista es desenmascarar la fuente.

Un medio no puede mentir. Está permitido no dar los datos completos de una fuente para protegerla, pero no está permitido mentir.

Edición del texto

Después de definir el titular y redactar una entrada atractiva, normalmente el editor encuentra necesario acortar los textos. La edición debe empezar por los adverbios terminados en mente y con los pleonasmos que producen los verbos antes de un participio.

Frases como “durante el día de hoy”, se pueden reemplazar simplemente por “hoy”.

Evitar frases que suenan bonito pero no aportan: “fulanito nunca se imaginó esta mañana cuando salió a su trabajo que iba a sufrir un accidente”. Es obvio que nunca se lo imaginó, de lo contrario se habría quedado en casa.

En el texto sólo se debe incluir lo relevante: “Fue un día cualquiera”…si fue un día cualquiera ¿para qué lo contamos?

Tampoco se debe abusar de frases entrecomilladas que muchas veces no tienen nada de especial.

Recomendaciones:

  • El periodista no debe suponer que el lector se acuerda de una noticia publicada anteriormente. Lo que se publique debe entenderlo un marciano que abre por primera vez el periódico.

  • Hay que asumir que el lector no es experto en economía, en deportes o en política. No se debe pensar que hay un lector especial para cada sección. Hay que buscar que quien no sepa de economía entienda una nota económica y quiera aprender del tema.

  • Precisión en los datos. “Los sectores populares consumen más productos importados que en el pasado”. ¿Qué es el pasado?, es necesario dar una fecha. “Un buen puñado de instituciones”. ¿Cuánto es un buen puñado?, es necesario dar una cifra o un dato que de idea de la cantidad. Hay que evitar términos como “un grupo”, “varios”, “diversos”, “numerosos”. Si no se tiene la cifra exacta, hay que dar una aproximación: “una treintena”, “una quincena”.
  • Todo lo que es cuantificable hay que ponerlo. En lugar de “un hombre alto”, “un hombre de 1,90”. Y en lugar de “apenas unos días después”, “tres días después”.
  • Los datos deben estar relacionados con algo. “Se importan 6 toneladas de leche en polvo”. ¿Eso es mucho o poco?
  • Cuanto más se acerque el verbo al presente, mejor. “El gobierno ha decidido tomar precauciones”. “El gobierno ha tomado precauciones”. “El gobierno toma precauciones”. 
  • Es mejor escribir “a causa”, o “como consecuencia”, que escribir “a consecuencia”. 
  • Hay que evitar el abuso del verbo dejar. “El terremoto dejó…” es mejor utilizar causó. Porque dejar implica que pasó por aquí, dejó algo y siguió su ruta. 
  • El uso de las comas puede cambiar el sentido de la oración. Cuando decimos “el jugador del Real Madrid, Ronaldo, se lesionó” es como si él fuera el único jugador del Real Madrid. Lo correcto es no poner su nombre entre comas. 
  • El abuso de la frase “llevó a cabo” se debe evitar. Un congreso no se lleva a cabo, se reúne, se clausura o se inaugura. 
  • Hay que huir de los “podría”, “al parecer”, “puede”, “terminaría” o “habría”. “Habría” significa que no hay, no significa posibilidad, es una negación, algo que pudo haber ocurrido, pero no ocurrió. “Habría ido si me hubieras invitado”, significa que no fui. “Según los testigos, este tipo se habría robado el dinero”, no es real, no se lo robó, quiere decir que lo habría robado si hubiera podido, y además da la sensación de rumor. 
  • El uso de la palabra “desde” indica un inicio y por lo tanto una duración. “Desde el jueves tuvo que mudarse de departamento”, quiere decir, el jueves, el viernes y así sucesivamente. Lo correcto es escribir “el jueves tuvo que mudarse de departamento”. 
  • La palabra ‘anciano’ es conflictiva, se recomienda usar la edad exacta o aproximada. “Una persona de 80 años”. 
  • Las expresiones de “don” y “doña” sólo se usan en historias coloquiales, en crónicas amenas. 
  • Poner el verbo en plural o singular después de palabras como mayoría o 15 por ciento es válido sólo según el contexto. “El 15 por ciento de las mujeres está embarazado”, puede referirse al 15 por ciento de su cuerpo, que es diferente al “15 por ciento de las mujeres están embarazadas”. 
  • Se debe diferenciar entre el momento en el que se escribe y el momento en el que se lee. Escribir “en las próximas 24 horas” no significa nada, porque ¿cuáles son las próximas 24 horas para el lector? Tendría que ponerse “durante el martes”. Tampoco está bien decir “las últimas horas”. 
  • Lo que es futuro para el periodista es pasado para el lector. Cuando se escribe algo que va a pasar entre el momento en que se escribe y el que se lee, se debe usar el futuro compuesto. No se puede decir que un tenista que jugó en la madrugada en Australia ya disputó la final, porque pudieron suspender el partido. En ese caso lo correcto es escribir “habrá disputado la final en la madrugada”. 
  • “Mientras que”, es adversativo: “yo vivo en Colombia, mientras que mi hermano vive en Venezuela”. El otro “mientras” sólo es temporal, indica concordancia: “yo voy a Colombia mientras mi hermano va a Venezuela”. En este último caso no va la coma antes de la palabra mientras. 
  • El sonido del “e” antes de “i” es cacofónico, por eso es preferible cambiar los términos. “Blancos, negros e indígenas” se puede cambiar por “Indígenas, blancos y negros”.
  • Es redundante escribir hace 25 años atrás. ‘Hace’ y ‘atrás’ remiten al pasado, por ende lo correcto es escribir: ‘hace 25 años’ o en su lugar ‘25 años atrás’, pero no utilizar de manera simultánea ambos términos.