Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y Corporación Andina De Fomento (CAF)

Taller de periodismo narrativo

 

Tomás Eloy Martínez
Santiago de Chile, 10 al 13 de agosto de 2004

Relator: Juan Pablo Meneses

 

Entre los días 10 y 13 de agosto de 2004 se celebró en Santiago de Chile el taller “Periodismo Narrativo”, dirigido por el maestro de la Fundación Nuevo Periodismo, Tomás Eloy Martínez. La actividad, donde el periodista y escritor argentino trabajó junto a una veintena de talleristas -venidos de todo el continente-, contó con el apoyo del diario El Mercurio de Chile. Este taller -un clásico dentro de los eventos de la Fundación- busca que los participantes desarrollen y descubran todas las posibilidades narrativas que puede llegar a tener un relato periodístico. Y, además, da una mirada al pasado, presente y futuro de uno de los géneros con mayor potencialidad en Latinoamérica: el periodismo narrativo.

1. UN COMIENZO CON HISTORIA

Con entusiasmo, la veintena de talleristas se presenta. Cada uno habla de sus medios, de sus países, lo que esperan de estos días de taller y de las ganas de escribir más narrativamente. Tomás Eloy Martínez parte diciendo que el periodismo narrativo, en estos momentos, concita un inmenso interés, no sólo en América Latina, sino que en el mundo entero. Una muestra de ello, dice, son los premios de la propia Fundación Nuevo Periodismo, que reciben cientos de trabajos en cada convocatoria. De alguna manera, el Periodismo Narrativo comienza a estar de moda. Pero eso, que podría ser muy moderno, viene de mucho más atrás. Y Tomás Eloy Martínez parte haciendo historia.

Lo que se llama Nuevo Periodismo y, en mejor forma, Periodismo Narrativo, no es algo muy nuevo. Y para analizarlo, no podemos separar el medio donde se reproduce con el trabajo periodístico en sí mismo. Como ustedes saben, cuando el periodismo moderno nace a mediados del siglo XIX, básicamente la información llegaba de telegramas de ultramar y se publicaba tal cual. La mayoría de las noticias eran lo que ahora conocemos como avisos clasificados, informaciones sobre barcos que llegaban o partían. No había entrevistas, no había reportajes, la información era telegráfica: “Estalló una guerra en tal parte”; “Hay tantos muertos en tal otra”. Era brevísima.

La zona que ahora conocemos como Periodismo Narrativo empezó a cubrirse con las novelas. Estas fueron el primer ejemplo de periodismo narrativo que circuló, a través de los textos de Balzac, Dickens, Dostoevsky, Alejandro Dumas. Pero ¿qué ocurría? Por ejemplo, Charles Dickens investigaba como si se tratara de un texto periodístico. Hay una novela de él, muy conocida, que se llama Nicholas Nickleby, que es una especia de gran acusación, de gran desafío contra los defectos graves de la enseñanza en Inglaterra, donde los padres internaban a sus chicos pagando altas sumas de dinero y resultaba ser que la alimentación era insuficiente, los vejámenes a los estudiantes eran atroces, un verdadero calvario. Todo eso se conoció gracias a una novela. Una novela que, en esos años, usaba muchos elementos de lo que posteriormente se conocería como periodismo narrativo. Es decir, el periodismo narrativo nace y es un heredero de las novelas.
¿Y en América Latina?

Las primeras grandes formas de periodismo narrativo, de crónicas, en Latinoamérica, aparecen hacia 1880. A través de la figura de un pionero que se llama José Martí. Martí aprende básicamente del diario de Pulitzer y también del diario The Sun de Nueva York, medios de donde saca procedimientos novedosos de narrar. Publica sus textos en La Opinión Nacional de Caracas y en La Nación de Buenos Aires, simultáneamente. Esos textos son señeros, extraordinarios, hay algunos que son clásicos del Periodismo Narrativo de hoy. Textos inaugurales.

Uno de esos casos es el relato de la construcción del puente de Brooklyn, que está en el libro “Crónicas Norteamericanas” de José Martí. En esa crónica Martí se toma el trabajo de contar cuantos tornillos, cuantos metros de cable, de alambre, hay en el puente. Y todo eso lo compone con un lenguaje en el cual mucho del peso del relato está en la onomatopeya de las palabras.

Trabaja mucho, por ejemplo, con palabras como “correo”, “río”, “ferrocarril”, con las “erres”, para dar la imagen de gente trabajando. Experimenta con el lenguaje de un modo muy eficaz. Al mismo tiempo están haciendo lo propio Rubén Darío, también para La Nación de Buenos Aires, o Euclides Acuña, en Brasil, por nombrar algunos. De esta manera el Periodismo Narrativo avanza y toma forma en Latinoamérica y tiene un doble efecto muy importante: por un lado introduce la narración en los periódicos, y por otro lado contribuye a la profesionalización del escritor. En esos años los escritores no reciben dinero por sus libros, la mayoría se pagan sus ediciones, pero a través de estas colaboraciones se transforman en escritores que reciben dinero por su trabajo intelectual.

Un texto clásico

Hay algunos ejemplos en la obra de Martí que hoy resultarían reprochables desde el punto de vista de la ética profesional, pero que son admirables como trabajos literarios. Por ejemplo, en la narración del terremoto de Charleston. Aquella vez, en el estado de South Carolina en Estados Unidos, un fuerte terremoto sacudió la ciudad de Charleston. Hay muchos muertos y Martí lo narra con tanta vivacidad, que los corresponsales de los grandes periódicos norteamericanos se preguntan cómo Martí logró esa información de tanta calidad que nosotros no pudimos obtener. Martí no estuvo allí. No estuvo en el lugar. Simplemente, reunió toda la información que pudo a través de lo que leyó, y en lo estilístico trabajó con dos dimensiones: una fue la onomatopeya del fenómeno, el ruido, el rugido, y por otra parte, trabajó con un color. El color del terremoto. Martí le dio al terremoto un color azul. Entonces, narró ventanas azules, gente vestida de azul que se caían, y le dio una intensidad extraña al texto que lo ha convertido en un gran clásico por toda su experimentación y lo que produjo en esos años.
De modo que hay un comienzo del Periodismo Narrativo que se hace en América Latina y que se prolonga hasta muy entrado el siglo XX. Porque los intelectuales de América Latina a comienzos del siglo XX y finales del XIX sentían una doble responsabilidad: primero como constructores de estado nación. Con una participación activa en política, sus textos influían en el quehacer del país. Y segundo, tenían conciencia de algo muy, muy importante: que la difusión de su nombre tenía importancia y contribuía y acentuaba su capacidad de autofinanciamiento como escritor. A partir de allí comienza algo fundamental para entender el periodismo narrativo y para la vida del periodista en general, y eso es que el principal patrimonio de todo periodista es su propio nombre. Y en la medida que uno entregue un texto mal, irá erosionando su propio nombre. La defensa del nombre es fundamental en el periodismo narrativo y esto se logra con dos cosas claves:

a. La calidad de la investigación y la calidad de la escritura.
b. No olvidar que tu nombre vale, porque es tu propiedad, es lo único que tiene el periodista. No te compran el nombre. No se puede permitir que publiquen cualquier cosa con tu nombre. Hay una cosa clara: sabemos que hay problemas laborales serios. Pero hay que estar dispuesto a perderlo todo para ganarlo todo. Si no estás dispuesto a perderlo todo nunca ganas nada.

2. TESIS

Tomás Eloy Martínez plantea una tesis sobre el presente del Periodismo Narrativo. Tesis que, aunque no le guste llamarla así, marcará la ruta de los días de taller.

Quiero proponer la tesis, para usar una palabra desagradable, una palabra fuera de moda. La tesis sobre la cual vamos a construir este taller: desde hace más de cuarenta años ya, el peso de los medios audiovisuales, la radio y la televisión, está influyendo sobre el grueso de la población. Sobre la masa de consumidores de noticias. A eso se ha sumado, en los últimos 10 o 15 años, el uso de Internet, un medio que produce la información de inmediato, instantáneamente, rapidísimo. Hoy la mayoría de los jóvenes se informan básicamente por internet, o por televisión, y leen muy pocos diarios. Poco material informativo. Ante ese fenómeno, el periodismo escrito respondió, a mi modo de ver, de una manera completamente equivocada a este desafío. Intentó replicar el lenguaje de la Televisión e Internet. Es decir, en vez se oponérseles, los imitó mal. ¿Y cómo? Con muchas noticias cortas, porque “el lector no tiene mucho tiempo y hay que darle mucha infografía”, y ahí, entonces, a partir de aquel momento, empezó la dictadura del diseño.

Tuve una discusión muy amplia sobre este tema con algunos editores grandes, especialmente recuerdo a uno de la Argentina, y a él le parecía que mi punto de vista era razonable, pero que cambiar el periodismo escrito en otra dirección a la actual entraña una inversión muy amplia, me dijeron. El tema es que yo estoy convencido, tal como lo ha demostrado el caso emblemático del New York Times: que esa inversión se recupera con creces. Aunque, tras el cambio, perdió lectores al principio, hoy tiene más y mejor público, un público fiel, y tiene más y mejores anunciantes. Esto gracias a que publica las noticias con la fórmula del periodismo narrativo.

3. DIFERENCIAS DE GÉNERO

A medida que trascurre el taller y los participantes leen sus trabajos y reciben opiniones, las diferencias entre el periodismo convencional y el periodismo narrativo se van acentuando. Se hacen más claras. En muchos momentos del debate aparecen las diferencias de género que el propio Tomás Eloy Martínez se ha encargado de marcar.

Se destaca que el Periodismo Narrativo tiene una subjetividad total, desde la elección del titulo, a la forma de contar el hecho y en los elementos escogidos para el relato. La diferencia más importante entre el periodismo narrativo y el periodismo convencional, o tradicional, no es sólo el hallazgo de uno a varios relatos particulares que ejemplifiquen una situación general. Sino también el cambio que se produce en la relación del escritor con la gente y los sucesos que describe.

El tradicional artículo noticioso está basado en una supuesta objetividad: estoy narrando desde una cierta distancia, desde una toma de distancia, estoy narrando hechos, estoy narrando datos, estoy narrando historias que me son ajenas, que están allá, del otro lado, y que las estoy exhibiendo con la misma frialdad que las exhibe la televisión, o internet. Y obliga, además, a contar las dos partes de la historia. Siempre a hacer oír las dos campanas de la misma historia. Con oraciones declarativas, con una estructura de pirámide invertida y con respuesta a las preguntas clásicas.

En cambio el Periodismo Narrativo tiene una voz subjetiva. Desde que titulas una noticia, hasta que eliges el modo de contarla, hasta que determinas cuál de todo el conjunto de datos que tienes es la noticia y cuál es el eje de tu noticia. Ahí interviene tu subjetividad, tu inteligencia. Tu punto de vista.

El punto de vista es muy importante. Por ejemplo: puedes contar el derrumbe de las torres gemelas desde la perspectiva de la tragedia de los 3.000 muertos, y de la violación al imperio americano. O puedes contarlo como lo hizo Susan Sontag: desde el heroísmo de los suicidas musulmanes que tienen el coraje para meterse en un avión norteamericano y atentar contra el imperio en defensa de sus ideas. Dos modos de ver una misma realidad: de un lado o del otro de la historia. Pero, aparentemente los dos son objetivos para algunos.

El Periodismo Narrativo es información organizada como relato, pero es también el intento de convertir el relato en una forma de arte a través del empleo de técnicas múltiples, como en la novela. Con la actual explosión de la información, con esto de las noticias instantáneas, el lector en general desea una información o un trato a la noticia con mayor profundidad. El lector quisiera que lo apartes un instante de ese vértigo noticioso actual y le digas: Mira, presta atención a esta historia, esta historia es diferente, esta historia te concierne como ser humano, esto te importa, esto afecta tu vida, esta historia modifica tu forma de ver las cosas, tiene que ver con tu mundo y aquí está.

De alguna manera lo llamas a una historia distinta, lo apartas del flujo informativo. Por eso mismo es que el periodismo Narrativo es mucho más laborioso que el periodismo convencional, porque tiene una cierta forma de interpretación y análisis muy cuidadosa del relato. Pero, por lo mismo, las gratificaciones para el escritor son mucho mayores que con las del periodismo convencional.

4. ELEMENTOS DE LA NARRACIÓN

Usando como ejemplo el libro Hiroshima, de John Hersey y, claro, recurriendo a su experiencia de cronista, Tomás Eloy Martínez muestra y explica los elementos necesarios para armar la estructura del relato.

Personalización

Una de las claves del Periodismo Narrativo es la personalización. Es decir, lograr que 3 o 4 personas representen un fenómeno colectivo. Si decimos que 480 personas murieron en el hipermercado de Asunción, estamos dando una cifra que no nos afecta. Pero si decimos que la señora Elida Pérez y sus dos niños de repente vieron que se caía una viga incendiada del techo, intentaron caminar hacia la puerta y un grupo de guardias las repelieron y las obligaron a retroceder, y vieron los cadáveres llameantes de dos o tres amigas cercanas que estaban allí a su lado… Es así como el drama y la tragedia se transforma en comunicable, real, de mayor intensidad. Contagia y puede identificar un conflicto que afecta a la especie humana en términos generales y como tal es importante. La importancia de la personalización, es porque gran parte de la base del Periodismo Narrativo se cuenta a partir de personajes.

Arquitectura

La gracia de todo buen trabajo de periodismo narrativo es la arquitectura de la nota. Muchas veces uno se detiene a pensar cuál es la arquitectura que más conviene para un texto. Y a veces sale rápido y, otras veces, no sale en seguida. En mi caso, yo recuerdo, no con un texto periodístico pero si con una novela, La Novela de Perón, que tardé fácilmente cinco años para encontrar la estructura adecuada hasta que descubrí que el regreso de Perón a la Argentina, la concentración de millones de personas en el aeropuerto de Ezeiza, servía como una bisagra para establecer un antes y un después en su vida, un antes y un después en la historia, y eso me permitió avanzar.

En el momento en que uno encuentra la arquitectura, de veras, uno encuentra todo. Cuando se te ocurre un tema y la arquitectura, todo a la vez, es maravilloso, porque tienes lo que vas a decir y el modo de narrarlo. Cuando se te ocurre al mismo tiempo el principio y el fin del relato, es maravilloso.

Hay que tener en cuenta la frase inicial, que debe agarrar al lector de la solapa y no soltarlo del cuello. Le decimos al lector: “Aquí te tengo y no te suelto y aquí te quedas y no dejo que pierdas la atención ni un instante”. Y le debemos dar mucha importancia al final, que debe estar todo interrelacionado con el inicio: como en una sinfonía, que los acordes se van oyendo todos a la ves. Estamos hablando de un texto donde el autor tiene que tener una especie de control constante sobre lo que está haciendo, sobre cada una de las palabras que usa, sobre cada una de las escenas que pone, y control sobre el comportamiento de cada uno de los personajes.

La desventaja del periodismo narrativo, con relación a la novela, es que no puedes poner palabras de mentira. Por eso, es un trabajo más difícil el periodismo narrativo. En las novelas puedes inventar. Acá nada. Por eso el arranque y el cierre son tan fundamentales.

Ejes narrativos

Uno de los principales ejes del Periodismo Narrativo es que se dedica a poner en escena un dato, un hecho de la realidad, y convertirlo en un episodio de la vida. Darle vida a un dato: eso es, básicamente, el Periodismo Narrativo. En vez de decir “el petróleo subió hoy a 45 dólares el barril”, decimos, “el señor Juan Pérez fue a cargar gasolina y descubrió que había subido 45 centavos y el vendedor le dijo, lo que pasa es que hoy el barril del petróleo subió a tanto”.

Otro eje es el efecto de lectura. De qué modo nos relacionamos con el lector y qué tipo de impacto de lectura le proponemos. Es decir, “me tienes que leer de esta manera”, o “te creo suspenso hasta aquí”, o “te llevo de la mano de un solo personaje”, o “te llevo de la mano de cinco o seis personajes”.

Las pausas son muy importantes. Pueden ser marcadas por comas, por guiones, por dos puntos. El ritmo es fundamental en el Periodismo Narrativo. Los signos de puntuación no solamente sirven para marcar las pausas obligatorias dentro del texto, sino que sirven para imponer un cierto ritmo en el relato. Los signos son esenciales. Fundamentales.

Tono

Cada texto tiene un tono, como en la música. Y necesita ser contado de una determinada manera. Es importantísimo encontrar ese tono. A veces es el tuyo, pero adecuado al tema. Un tono más trágico. Como en los textos de Martí: Martí encontró el tono a través de la onomatopeya, de la coloración y del sonido de las palabras. Puedes encontrar el tono a través de la audición, de la insinuación, de las atmósferas. Puedes encontrar el tono a través de la relación del personaje con su realidad. Puedes encontrar el tono a través de frases cortas, o de frases largas. A través de párrafos breves. De párrafos extensos. Finalmente, el relato respira. Y cada relato debe respirar de manera diferente. Y además, ese tono te va dictando el hilo conductor, para que el relato se vaya viendo en una dirección.

5. DIFERENCIAS LITERARIAS

Una vez marcadas las diferencias con respecto al periodismo convencional, Tomás Eloy Martínez detiene el viraje la literatura y marca las diferencias entre un escritor de periodismo narrativo y un escritor de ficción. Por cierto, las diferencias al enfrentar un texto, porque un escritor de periodismo narrativo también puede ser uno de ficción, como el propio Tomás Eloy Martínez.

El Periodismo Narrativo es, necesariamente, un producto literario. Pero es diferente a la literatura. El periodismo narrativo está basado, fundado y fundamentado por la certeza. Por sobre lo que cada uno cree, de buena fe, que es la certeza, la verdad. Porque la verdad, como ustedes saben, es relativa. Igual que la objetividad. La verdad como tal no existe. Hay tantas verdades como seres humanos. Nunca dos personas leen el mismo libro. Y ni siquiera una misma persona lee el mismo libro en tiempos diferentes: no soy la misma persona mañana. Pero la base del periodismo narrativo es que los hechos que se narran son ciertos, o son todo lo cierto que la conciencia y la buena fe del periodista lo permite.

No hay forma alguna de invención posible. Mientras que la cualidad de la literatura propiamente dicha, de ficción, esta basada sobre la ambigüedad, la duda, la alusión, la elisión, elementos diferentes al Periodismo Narrativo.

Entonces nos enfrentamos por un lado la certeza y por el otro lado la duda. Dentro de esas dos categorías centrales hay todo un campo amplio donde la eficacia del lenguaje es central, la eficacia del dato es central, la eficacia de la narración es central.

La narración es tan central que, si vemos hacia atrás, todos los conocimientos que tenemos de las antiguas culturas son relatos, son narraciones. Hasta los diálogos de Platón son narraciones. En definitiva, el primer gran periodista, fue Platón. Los diálogos son como grandes entrevistas ocurridas en su época.

Por eso mismo pasa que si bien la noticia viene a fuera, los elementos vienen de fuera, los relatos vienen de fuera, ustedes pueden crear un mundo que es un mundo que tiene valor en sí mismo por la fuerza, por la eficacia que el relato cuenta como tal. No sé pierde, en tanto afecta, representa, simboliza y es una metáfora de la condición humana. Porque la condición humana es igual en todas partes. Cuando narramos un texto que afecta a la condición humana en términos generales, el texto nos toca, nos moviliza, nos conmueve, y de esa forma entonces el periodismo narrativo alcanza también un peso.

Lealtades

Yo siempre sostengo que hay tres lealtades en los escritores de textos periodísticos que son centrales, y una sola lealtad en el escritor de ficción.

Las lealtades centrales del escritor de textos periodísticos son, primero, una lealtad con su público. El autor de periodismo narrativo sabe muy bien cuál es el público al que se está dirigiendo. En general, los periodistas sabemos a qué público vamos dirigidos y servir a ese público es esencial. Otra es la lealtad con la verdad, con que lo que digo efectivamente ocurrió. Y la otra es la lealtad a la ética personal, a no aparecer firmando textos que vayan contra la creencia de uno. A no decir algo en lo que no estamos de acuerdo.

En el caso del novelista, en cambio, hay una sola lealtad. La lealtad a si mismo, a su propia libertad, a las afluencias de su propia libertad. Y no tiene otra lealtad posible. No tiene lealtad con la verdad. Faulkner dijo en una entrevista, en 1951, dijo que la moral de un escritor es como la moral de los buitres: se alimenta de la carroña, no le importa nada, está desprendido del mundo, lo que le importa es terminar su obra aunque eso le signifique matar a su madre. Porque si no se saca la obra de adentro, tiene que morir él. Esa es la moral del escritor: una moral de la inmoralidad.

6. MIRADA LATINOAMERICANA

Varios de los textos de los talleristas corresponden a viajes fuera de América Latina. Tomás Eloy Martínez hace hincapié en la importancia de la mirada latinoamericana del cronista. En no olvidar ese rol que tenemos por pertenecer a la región. Una mirada que se debe fomentar. Y lo acompaña con una anécdota.

En los años 60, en la revista Primera Plana teníamos bastantes buenos corresponsales que hacían Periodismo Narrativo. Teníamos un corresponsal en Lima, bastante bueno, que se llama Mario Vargas Llosa. Teníamos un corresponsal en París, muy bueno, que se llamaba Julio Cortázar. Teníamos un corresponsal en México, de primera línea, que se llamaba Gabriel García Márquez. Pero les pedíamos solo cosas direccionales. Si sucedían cosas grandes, se mandaba gente a viajar. Me tocó ir varias veces a Israel. Me tocó ir a Suecia a contar cómo sería la vida en el año 2000. En un momento dado hicimos un operativo conjunto con la revista Newsweek, que decidió publicar una edición latinoamericana. En esa época Latinoamérica era mucho más fuerte que ahora. Era una nota sobre la carrera espacial entre los americanos y los rusos. A mi me tocó ir a Rusia, hablé con Gagarin, con Titov, hasta aparecí en la televisión rusa hablando con uno de estos tipos. Fui el primer periodista occidental que entró a la Ciudad de las Estrellas, que era la planta -lo que ellos me mostraban, claro- desde donde se desarrollaba todo. Los rusos iban ganando la carrera espacial, lejos. Y bueno, al escribir esa crónica, la mirada latinoamericana era central. En esa época, a partir de la revolución cubana, había una especie de conciencia latinoamericana muy fuerte y muy amplia entre los distintos países. Había una idea de tener una mirada latinoamericana.

¿Qué es la mirada latinoamericana? ¿De qué manera un hecho, por muy mundial que sea, nos afecta a nosotros como latinoamericanos. De qué modo lo contamos, para ser entendido?. La mirada latinoamericana hoy, tal vez sea la de escasez de recursos. Por eso, en una gran crónica desde lugares remotos, esa mirada debe destacarse y no ocultarla.

7. RESUMEN

Termina el taller. Al final, tras haber comentado cada uno de los trabajos de los talleristas y de haber intercambiado experiencias y opiniones, vienen unas conclusiones.
El Periodismo Narrativo tiene una voz subjetiva. Desde que titulas una noticia, hasta que eliges el modo de contarla, hasta que determinas cuál de todo el conjunto de datos que tienes es la noticia y cuál es el eje de tu noticia. Ahí interviene tu subjetividad, tu inteligencia. Tu punto de vista.
El lector quisiera que lo apartes un instante de ese vértigo noticioso actual y le digas: Mira, presta atención a esta historia, esta historia es diferente, esta historia te concierne como ser humano, esto te importa, esto afecta tu vida, esta historia modifica tu forma de ver las cosas, tiene que ver con tu mundo y aquí está.
Una de las claves del Periodismo Narrativo es la personalización. Es decir, lograr que 3 o 4 personas representen un fenómeno colectivo.
En el momento en que uno encuentra la arquitectura, de veras, uno encuentra todo. Cuando se te ocurre un tema y la arquitectura, todo a la vez, es maravilloso, porque tienes lo que vas a decir y el modo de narrarlo.
Uno de los principales ejes del Periodismo Narrativo es que se dedica a poner en escena un dato, un hecho de la realidad, y convertirlo en un episodio de la vida. Cada texto tiene un tono, como en la música. Y necesita ser contado de una determinada manera. Es importantísimo encontrar ese tono. A veces es el tuyo, pero adecuado al tema.
El Periodismo Narrativo es, necesariamente, un producto literario. Pero es diferente a la literatura. El periodismo narrativo está basado, fundado y fundamentado por la certeza. Cuando narramos un texto que afecta a la condición humana en términos generales, el texto nos toca, nos moviliza, nos conmueve, y de esa forma entonces el periodismo narrativo alcanza también un peso. La mirada latinoamericana, hoy tal vez sea la de escasez de recursos. Por eso, en una gran crónica desde lugares remotos, esa mirada debe destacarse y no ocultarla.
No te compran el nombre. No se puede permitir que publiquen cualquier cosa con tu nombre. Hay una cosa clara: sabemos que hay problemas laborales serios. Pero hay que estar dispuesto a perderlo todo para ganarlo todo. Si no estás dispuesto a perderlo todo nunca ganas nada.