Papa nuevo, Iglesia vieja

El arribo de Francisco

 

AdriA?n Eduardo Duplatt
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Tribulaciones y lamentos

Con el papado de Juan Pablo II, la Iglesia CatA?lica dio por tierra con la reforma del Concilio Vaticano II. La modernizaciA?n iniciada en los aA�os sesenta por Juan XXIII se detuvo con el triunfo del ala conservadora de la Iglesia. Por este camino, la contrarreforma gestada por el Karol Wojtyla retrasA? indefinidamente la soluciA?n a dos grandes problemas que enfrentaban los catA?licos: el surgimiento de otras iglesias y la razA?n iluminista.

La reforma protestante del siglo XVI significA? un florecer de congregaciones que disputaron la autoridad catA?lica. El luteranismo y el calvinismo son ejemplos de ello. Por su parte, los ideales de la modernidad socavaron el poder absolutista espiritual de los papas, que distaba mucho de los aires democrA?ticos pregonados por la revoluciA?n francesa.

En este escenario de la modernidad, las iglesias se multiplicaron junto al desarrollo de la ciencia y los derechos civiles. Ante el A�l, Juan Pablo II se convirtiA? en el paradigma del conservadurismo religioso y el autoritarismo polA�tico. No era de extraA�ar, entonces, la pA�rdida de chance de la prA�dica surgida en el concilio de los sesenta. Benedicto XVI, continuador de Juan Pablo II, siguiA? deambulando por los raA�les construidos por su antecesor. Los asedios a la Iglesia, lejos de terminarse, se profundizaron. El sumo pontA�fice, ya sin fuerzas, renunciA?. Francisco, el nuevo papa venido del fin del mundo, encarna en la actualidad la nueva promesa de renovaciA?n espiritual para un catolicismo demasiado aquejado de sufrimientos terrenales.

Para entender las tribulaciones presentes de la Iglesia, es necesario recurrir a la historia: la Reforma Gregoriana, el Concilio de Trento, el Concilio Vaticano I y el mA?s importante de todos, el Concilio Vaticano II.

Reformas y concilios

La Reforma Gregoriana fue impulsada por el papa Gregorio VII entre los aA�os 1073 y 1085. En esos tiempos se vivA�a en un orden feudal, en sociedades rurales donde el abuso de los seA�ores era moneda corriente. ExistA�a la compra-venta de cargos eclesiA?sticos y los religiosos no practicaban el celibato. Las mayores recriminaciones que se les hacA�a a la Iglesia eran que sus miembros tenA�an mA?s afecto por los bienes terrenales que por los celestiales. Era preciso, entonces, una renovaciA?n espiritual de toda la Iglesia.

El movimiento reformista habA�a empezado aA�os antes y lo que buscaba era la instauraciA?n de una sociedad en que la vida de las personas siguiera las enseA�anzas de los evangelios. En su disputa con los poderes terrenales, se estableciA? que el papa solo podA�a ser elegido por los cardenales, dejando afuera la voluntad de los reyes. TambiA�n se dejA? en claro que el papa tenA�a la supremacA�a sobre todos los cristianos y que A?nicamente respondA�a ante Dios. En consonancia con estas ideas, se pregonA? que la jerarquA�a de la Iglesia no cometA�a errores dogmA?ticos o morales. Esta serie de disposiciones le valieron el enfrentamiento con las monarquA�as europeas. En el arreglo de esta contienda por los sA?bditos europeos naciA? la a�?TeorA�a de las dos Espadasa�?, que decA�a que el cuerpo de los cristianos pertenecA�a al rey, y su alma al papa. Por otra parte, en esta A�poca se generalizA? el rito romano en las misas y se oficializA? como mA?sica sacra el canto gregoriano surgido en los monasterios de la Edad Media.

Posteriormente, el Concilio de Trento fue llamado por el papa Paulo III, alrededor de los aA�os 1545 y 1563. ContA? con unos 250 asistentes.

AquA� el gran problema de la Iglesia era la reforma protestante, originada en Alemania, con sus cuestionamientos a la autoridad papal, a la disciplina fA�sica y la subordinaciA?n moral de los cristianos a los jerarcas catA?licos y romanos y la corrupciA?n de las instituciones catA?licas, v. gr., la venta de indulgencias como salvoconducto para escabullirle al Purgatorio. El excesivo monetarismo y la exacerbada intolerancia religiosa de la Iglesia provocaron un cisma entre los catA?licos obedientes del papa y los reformistas o protestantes, con Lutero y Calvino a la cabeza.

Ante este panorama se iniciA? una contrarreforma catA?lica que tuvo su origen en el Concilio de la ciudad italiana de Trento. AllA� se establecieron el celibato y los sacramentos. Se instituyA? que la Iglesia CatA?lica era la A?nica mediadora entre los hombres y Dios y se dejA? en claro la existencia del Purgatorio. Se reivindicaron los santos y se reinstaurA? la inquisiciA?n (Santos Oficios). Se imprimiA? una ediciA?n definitiva de la Biblia, la que se considerA? fuente de la verdad divina y de la tradiciA?n cristiana. Se estableciA? esta que no podA�a ser objeto de una interpretaciA?n libre. Los A?nicos que podA�a interpretarla eran el papa y los obispos, como herederos de Pedro y los apA?stoles.

DespuA�s, en el siglo XIX, se celebrA? el Concilio Vaticano I, llamado por el papa PA�o IX entre los aA�os 1869 y 1870 y al que asistieron unos 770 religiosos.

La Iglesia tenA�a en esta A�poca dos grandes conflictos: el racionalismo y el galicalismo. El primero, con sus avances cientA�ficos, cuestionaba el monopolio de la verdad que estaba en manos de la Iglesia. Las teorA�as evolutivas de Darwin y Wallace eran un ariete que habrA�a fisuras en el muro de la verdad religiosa. El galicalismo, por su lado, desafiaba la autoridad del papa y se lo conociA? como el a�?separatismo francA�sa�?.

Para hacer frente a esos enemigos, el concilio decretA? la infalibilidad del papa como una manera de reforzar su autoridad y estableciA? una condena al racionalismo, diciendo que la razA?n puede conocer la certeza de la existencia de Dios, pero es necesario un revelaciA?n divina para conocer los misterios de la SantA�sima Trinidad, la encarnaciA?n, la redenciA?n,a��

Por A?ltimo, el Concilio Vaticano II fue llamado por el papa Juan XXIII, quien estaba decidido a enfrentar los problemas del catolicismo: el racionalismo, las nuevas iglesias y la pA�rdida de fieles. Entre 1962 y 1965 sesionA? el concilio con grandes discusiones sobre la manera de hacer frente a la modernidad y el auge de nuevas iglesias. Juan XXIII muriA? antes de terminar las reuniones y Paulo VI las culminA? respetando las ideas de su antecesor. AsA�, la polA�tica fue colocarse junto al otro -el moderno, el creyente de otro credo- sin anatemas, sino con comprensiA?n; sin condenas, sino con respeto, utilizando el diA?logo ecumA�nico y aceptando la existencia de otras iglesias. Los nuevos aires catA?licos vieron la luz luego de arduas disputas entre los sectores progresistas y conservadores de la curia. Algunos grupos pertenecientes a los A?ltimos llegaron a retirarse definitivamente de las sesiones.

En lo simbA?lico, se abandonA? la liturgia romana y se la hizo mA?s popular para acercarla al pueblo. Las misas ya no serA�an en latA�n y de espaldas a la gente, sino que serA�an en el idioma vernA?culo y el sacerdote de frente a ellos. El canto religioso dejA? de ser exclusivamente gregoriano y se aceptaron mA?sicas folklA?ricas e instrumentos musicales populares.

A todo esto, el Concilio Vaticano II se hizo cargo de un nuevo desafA�o: la progresiva multiplicaciA?n de los pobres. En AmA�rica Latina la renovada visiA?n religiosa se tradujo en la TeologA�a de la LiberaciA?n o iglesia tercermundista -partidaria de los pobres- y en numerosos obispos y cardenales que se opusieron fA�rreamente a las dictaduras militares que imperaban en la regiA?n entre los aA�os sesenta y los ochenta.

Sin embargo, una iglesia marxista no era vista con buenos ojos en medio de la disputa global entre capitalismo y comunismo. HabA�a que recomponer el orden dentro de una instituciA?n influyente y milenaria. En 1978 llegA? el restaurador.

Juan Pablo II

A mediados de los setenta el mundo estaba dividido por la Guerra FrA�a. En el bloque comunista, el Estado ahogaba a la Iglesia. En el Vaticano, las voces no europeas eran tenues. El diA?logo del catolicismo con otras religiones era casi nulo, reservado a emisarios de segundo nivel. En este contexto asume Karol Wojtyla como el papa Juan Pablo II.

El nuevo papa era de origen polaco, un paA�s comunista, y estaba apaA�ado por los sectores marginados del Concilio Vaticano II. Con A�l se iniciA? la restauraciA?n dogmA?tica de la Iglesia CatA?lica y el fortalecimiento de la disciplina dentro de la instituciA?n.

Juan Pablo II reescribiA? el derecho canA?nico y encuadrA? toda la vida de los religiosos dentro de la Iglesia. PublicA? un nuevo catecismo universal. Ya no se perdonaban nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores, sino que habA�a que perdonar nuestras ofensas como nosotros perdonA?bamos a nuestros ofensores. TambiA�n se oficializA? el pensamiento A?nico en la Iglesia. Nada podA�a discutA�rsele al Papa. QuitA? poder a los sA�nodos de obispos, hiriendo gravemente la democracia que se respiraba desde el Vaticano II. Asimismo, relegA? de manera categA?rica a las mujeres religiosas, y a las no religiosas no les reconocA�a el derecho a la anticoncepciA?n o al aborto. A la retahA�la de prejuicios y perjuicios anteriores, el teA?logo suizo Hans KA?ng agrega la relaciA?n de la Iglesia CatA?lica con la mafia y el encubrimiento de religiosos acusados de pedofilia.

Juan Pablo II rompiA? con el Concilio Vaticano II, se enfrentA? con la TeologA�a de la LiberaciA?n y con el marxismo, pero no con el capitalismo salvaje y colonialista. PracticA? un romanocentrismo que vio el diA?logo ecumA�nico partiendo de la preeminencia de lo catA?lico.

Para afuera fue visto como un paladA�n del diA?logo, de las libertades, de la tolerancia, de la paz y el perdA?n; pero para adentro acallA? el derecho de expresiA?n, prohibiA? el diA?logo, fue misA?gino y, al decir de Leonardo Boff a��un brasileA�o impulsor del movimiento tercermundista- impartiA? una teologA�a fundamentalista.

Las consecuencias de esta polA�tica no se hicieron esperar. La pA�rdida de credibilidad es una de ellas. Las mujeres se apartaron de un catolicismo que no las amparaba y los jA?venes no se acercaban a una instituciA?n que condenaba o prohibA�a las prA?cticas sociales mayoritarias, como las sexuales (el Vaticano no permitA�a el uso de preservativos, pregonaba el celibato hasta el casamiento y establecA�a la indisolubilidad del matrimonio).

Como era de esperar, esto trajo aparejado la pA�rdida de fieles, circunstancia aprovechada por el resurgimiento de nuevas iglesias y sectas.

Con la muerte de Juan Pablo II se abrieron las puertas para un cambio en la Iglesia conservadora. Fueron veintisA�is aA�os de mutaciones en la sociedad. En el 2005, el mundo era A?nico, con una creciente influencia de A?frica y AmA�rica Latina en el Vaticano. Las presiones por reformar el sacerdocio eran ingentes. ExistA�a conciencia de que la religiA?n podA�a tender puentes entre el mundo occidental y el A?rabe. La nueva elecciA?n brindaba la posibilidad de seA�alar un lA�der para la renovaciA?n catA?lica.

Antes de la elecciA?n del papa, Gerard Oa��Connel, un experto vaticanista, veA�a algunas tendencias dentro de los elegibles. CreA�a que los cardenales eran liberales o conservadores segA?n el tema en discusiA?n, v.gr. cuestiones sociales o cuestiones doctrinales. DividiA? al cA?nclave en dos teniendo presente la actitud de los cardenales ante el mundo y ante los otros.

Por un lado estaban los a�?defensores de la fortalezaa�? y, por otro, los a�?constructores de puentesa�?.

Los a�?defensores de la fortalezaa�? estaban a la defensiva ante el mundo y ante los otros. TenA�an una visiA?n jerA?rquica de la Iglesia. Estaban temerosos de la pA�rdida de identidad por el secularismo y el agnosticismo y pensaban que la decadencia del catolicismo se debA�a al Concilio Vaticano II.

Los a�?constructores de puentesa�?, que eran abiertos al mundo, dialoguistas y menos jerA?rquicos, se dividA�an, a su vez, en a�?reconciliadoresa�? y a�?nuevos horizontesa�?.

Los a�?reconciliadoresa�? era abiertos al mundo, pero con cautela y prudencia. CreA�an en la comunicaciA?n, no en la excomuniA?n; en la inclusiA?n, no en la exclusiA?n. Los partidarios de a�?nuevos horizontesa�? iban mA?s allA? con su apertura al mundo. QuerA�an tomar riesgos, mA?s colegialidad, mA?s participaciA?n de los obispos en las decisiones del papa, eran proclives a las reformas institucionales y creA�an que hay que modernizarse en temas como el divorcio y la moral sexual.

Entre estos grupos se encontraba el nuevo papa. Juan Pablo II habA�a nombrado a todos los cardenales electores menos a tres. El elegido fue el alemA?n Joseph Ratzinger, Director de la CongregaciA?n para la Doctrina de la Fe y mano derecha de Juan Pablo II. Saber a quA� grupo pertenecA�a Ratzinger fue una sencilla adivinanza.

Benedicto XVI

El papado de Joseph Ratzinger como Benedicto XVI fue considerado en sus inicios como una etapa de transiciA?n. No se lo veA�a como un reformador, pero sA� como alguien capaz de atemperar los aires rancios del Vaticano. Nada de eso sucediA?. Antes de su renuncia histA?rica en febrero de 2013, el suyo ya era considerado un pontificado fallido.

Ratzinger fue elegido en 2005 con 78 aA�os de edad. No rompiA? con la visiA?n dogmA?tica y oscurantista heredada de Juan Pablo II. No cultivA? el diA?logo ecumA�nico, practicA? la indolencia ante las consecuencias sociales del neoliberalismo, desprotegiA? a los sacerdotes de base que se comprometA�an con los pobres, reimpulsA? los ritos antiguos en las ceremonias de la misa a��v.gr., el uso del latA�n y los cantos gregorianos- y se alejA? de las mutaciones de la sociedad en temas como el gA�nero o la bioA�tica.

Otros conflictos irresolutos de su papado fueron la pedofilia, la corrupciA?n financiera del banco del Vaticano y el asunto conocido como Vatileaks1. Todos sin suficiente investigaciA?n y castigo. TambiA�n fue responsable de un incidente con el islamismo al descalificar a Mahoma como violento, en un discurso en Alemania2, y de recibir nuevamente en la Iglesia a eclesiA?sticos extremistas que antaA�o habA�an sido excomulgados.

La jerarquA�a de la Iglesia se encontraba huA�rfana de rumbo y sin autoridad moral. Ante la incapacidad de mando no fue raro que se hablara de un gobierno paralelo en el Vaticano.

A las acciones imprudentes de Ratzinger, como la mencionada inoportuna vinculaciA?n del islamismo con la violencia, pueden aA�adirse las declaraciones que realizA? en su periplo por Africa. AllA� condenA? el uso del preservativo en las relaciones sexuales, justo en un continente que sufre una impA�a pandemia de SIDA.

Las dificultades y la edad vencieron la voluntad del papa, quien renunciA?, tras 600 aA�os de historia catA?lica sin dimisiones al trono de Pedro. Fue necesario un nuevo jefe de la Iglesia, capaz de capear la tormenta y remozar la imagen de una Iglesia que, povo a poco, estaba dejando de ser eurocentrista.

Un nuevo contexto para un nuevo cA?nclave

La poblaciA?n mundial durante el siglo XX creciA? de 1500 millones a casi 7000 millones de habitantes. La proporciA?n de catA?licos se mantuvo estable, tanto a nivel global, como dentro del cristianismo3.

En 1910, los catA?licos eran el 48% de los cristianos y el 17% de la poblaciA?n mundial; en 2010, el 50% y el 16% respectivamente.

Lo que variA? notablemente fue la distribuciA?n geogrA?fica. En 1010, Europa contaba con el 65% de los catA?licos y LatinoamA�rica, el 24%. En 2010, Europa cuenta con el 24% y LatinoamA�rica, con el 39% de los catA?licos del planeta.

Esa proporciA?n geogrA?fica no se condijo con su representaciA?n en el cA?nclave de 2013: el 53% de los cardenales eran europeos. De 115 purpurados, solo 19 eran latinoamericanos, habA�a 28 italianos y 14 norteamericanos.

Los cambios geogrA?ficos en el catolicismo estA?n relacionas con las migraciones globales y diversas situaciones de las economA�as nacionales, a lo que se aduna el trabajo desde el llano de los sacerdotes comprometidos con la pobreza. La teA?loga Margarita Pintos cree que este crecimiento del catolicismo en LatinoamA�rica se debiA?, en gran parte, por la teologA�a de la liberaciA?n, que acortA? la distancia entre la jerarquA�a de la Iglesia y sus bases y, ademA?s, al ejemplo que dieron los sacerdotes y obispos que ofrendaron sus vidas por defender a los pobres4.

Pero la iglesia tercermundista no fue la A?nica iglesia latinoamericana. La Iglesia catA?lica fue bifronte desde que puso por primera vez sus pies en AmA�rica. Carlos Ciappina5 dice que para entender la elecciA?n del nuevo jefe de una Iglesia con una complejidad urdida a lo largo de 500 aA�os de historia en amA�rica, no se debe realizar un estA�ril reduccionismo mediA?tico a lo personal del elegido ni tampoco aplicar la perspectiva racionalista de ver a la religiA?n como el opio de los pueblos: no se debe olvidar -dice- que la religiA?n es una experiencia social y cultural que atraviesa toda la sociedad.

La Iglesia bifronte se vio desde la conquista a partir de 1492. Por un lado eran parte y apoyaban a las instituciones del poder colonial y, por otro, existA�a un grupo minoritario que denunciA? los abusos y crueldades de ese poder. Eran la jerarquA�a y las bases de una Iglesia que sentaba las bases de su accionar en LatinoamA�rica. AsA�, en la guerra de la independencia, la jerarquA�a continuA? del lado de la monarquA�a espaA�ola y algunos sacerdotes fueron activos participantes de las luchas independentistas. En 1812 un terremoto asolA? Venezuela y desde los pA?lpitos se acusA? de A�l a los patriotas, porque desobedecA�an al rey y eran merecedores del castigo de Dios; pero, a la vez, los curas Hidalgo y Morelos fueron pioneros de la independencia mexicana. DespuA�s, a lo largo del siglo XX, la jerarquA�a estuvo con las dictaduras y algunos sacerdotes y obispos con la TeologA�a de la LiberaciA?n.

Con este patrA?n de conducta, Ciappina se pregunta si, en una sociedad que estA? ampliando sus derechos, el nuevo papa seguirA? alguna de estas tendencias, o las dos a la vez. El hilo conductor de ambas tendencias son los pobres.

Para la Iglesia parece ser que todo gira alrededor de los pobres. El teA?logo RubA�n Dri6 explica que la Iglesia es para los pobres y, por lo tanto, los pobres son de la Iglesia. La soluciA?n que les da es la caridad. Dri afirma que la caridad es A?til en la emergencia, pero la verdadera soluciA?n a la pobreza estA? en el empoderamiento de los pobres, que no son pobres, sino que estA?n empobrecidos7. Algunas A?rdenes del catolicismo se especializan en ellos.

Jesuitas y franciscanos

La orden de los franciscanos fue fundada en 1209 por Francisco de AsA�s. Era una orden mendicante con votos extremos de pobreza. VivA�an segA?n los evangelios y no poseA�an ninguna pertenencia. SolA�an trabajar para los demA?s, en casas o granjas, atendA�an a los enfermos y sofocaban incendios (literalmente).

Por su parte, los jesuitas fueron fundados en 1540 como a�?CompaA�A�a de JesA?sa�? por Ignacio de Loyola, Francisco Javier y otros. Ignacio de Loyola fue militar y le imprimiA? su disciplina a la orden. A los tres votos tradicionales catA?licos -de pobreza, de obediencia y de castidad-, ellos le agregaron un cuarto: obediencia absoluta al papa.

En la actualidad se los considera los intelectuales de la Iglesia. Son necesarios doce aA�os de estudio para consagrarse sacerdote jesuita. HistA?ricamente estuvieron a cargo de la educaciA?n de las A�lites de la sociedad y hoy cuentan con escuelas, universidades y medios de comunicaciA?n alrededor del mundo. Incluso un jesuita dirige la radio del Vaticano.

Si el contexto histA?rico para el nacimiento de los franciscanos fue la retahA�la de crA�ticas a la opulencia de la Iglesia y su apego a los bienes terrenales, el de los jesuitas fue la reforma protestante. Ante la desobediencia de luteranos y calvinistas, no fue extraA�o que surgiera una orden que prometiera obediencia absoluta al papa.

Los jesuitas fueron acumulando poder dentro de la Iglesia y gran influencia en la sociedad, tanto en lo polA�tico como en lo financiero. Ellos educaban a los gobernantes y poderosos y lo hacA�an con obediencia al papa y sus mandatos. AdemA?s tenA�an posesiones en Europa y AmA�rica. Este poder generA? la desconfianza de los reyes que disputaban la supremacA�a con el papa y que, ademA?s, estaban imbuidos de los aires racionalistas de la IlustraciA?n. Es asA� que, sobre todo los borbones, presionaron al papa Clemente XIV para que los expulsara de la Iglesia, acciA?n que consumA? cerca de 1773. Unos cuarenta aA�os despuA�s, los jesuitas volvieron al seno de la Iglesia. Como dato nada colateral puede aclararse que Clemente XIV era franciscano.

La influencia contemporA?nea de los jesuitas en el Vaticano es tan grande que al padre general de la orden se lo suele llamar a�?el papa negroa�?, por el color de la vestimenta de los jesuitas y por el poder que ejerce en las sombras.

DespuA�s del Concilio Vaticano II, Pedro Arrupe es elegido padre general y la CompaA�A�a de JesA?s proclama que su misiA?n es a�?Fe y justiciaa�?. En este escenario, muchos jesuitas se volcaron a la teologA�a de la liberaciA?n.

Los jesuitas abarcan, entonces, un arco que va desde los mA?s conservadores -obedientes del papa- a los mA?s progresistas -los tercermundistas-.

Jorge Mario Bergoglio, latinoamericano y jesuita, serA�a elegido Sumo PontA�fice tras la renuncia de Benedicto XVI en 2013. Las novedades eran muchas: un papa latinoamericano, jesuita y de nombre Francisco.

Francisco

El argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 aA�os, fue elegido papa tras la renuncia de Benedicto XVI. El nuevo sumo pontA�fice adoptA? el nombre de Francisco, santo fundador de los franciscanos, la orden a la que pertenecA�a el papa que los habA�a expulsado de la Iglesia. Las primeras dudas aparecen en relaciA?n con Francisco: A?realmente tomA? el nombre de San Francisco de AsA�s para dar el mensaje de una Iglesia austera y dedicada a los pobres? A?o el nombre se debe a Francisco Javier, cofundador de la CompaA�A�a de JesA?s? A?o simbA?licamente les arrebatA? a los franciscanos el nombre para un papa que era jesuita? La ambigA?edad no es un condimento nuevo en la vida de Bergoglio.

Bergoglio es hijo de italianos; en 1957 entrA? al seminario de los jesuitas; en 1992 fue ordenado obispo y en 1998, arzobispo; en 2001 fue ungido cardenal primado de la Argentina. Desde entonces fue dos veces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Por su accionar, se lo considerA? un conservador en lo doctrinal y moral y un progresista en lo econA?mico y social.

Si bien en el anterior cA?nclave terminA? segundo de Ratzinger, los analistas no le daban mayores chances en el de 2013. Su edad, su procedencia -religiosa y geogrA?fica- le quitaban fuerza a su candidatura. TenA�a, ademA?s, tres rivales de fuerte ascendencia entre los cA?rdenales: Angelo Scola, Odilio Scherer y Sean Oa��Malley.

Scola, de 71 aA�os, es el arzobispo de MilA?n y discA�pulo de Ratzinger. Es visto como un representante del poder y del dinero dentro del Vaticano.

Scherer, de 63 aA�os, es arzobispo de Sao Pablo. TambiA�n es conservador, pero de formas mA?s diplomA?ticas. Era el favorito por su edad y por dirigir la diA?cesis mA?s grande del mundo.

Oa��Malley, de 68 aA�os, es arzobispo de Boston y franciscano. Tuvo una activa lucha contra la pederastia dentro de la Iglesia norteamericana. AdecuA?ndose a los nuevos tiempos, fue el primer cardenal bloguero. En su diA?cesis es respetado por humilde, valiente y popular.

Finalmente, Francisco se impuso y ahora deberA? hacerse cargo de terminar con la corrupciA?n financiera del Instituto de Obras Religiosas (IOR), de limpiar la Iglesia de pederastas, de reanudar el diA?logo con el Islam, de darle lugar dentro de la Iglesia a las mujeres, de aggiornar la doctrina en temas como la bioA�tica o cuestiones de gA�neroa��

Juan Pablo II fue el papa de la Guerra FrA�a, Benedicto XVI, el teA?logo y Francisco, se constituyA? en el papa que procedA�a de la regiA?n con mA?s catA?licos en el mundo (LatinoamA�rica), pero de la Iglesia argentina, la mA?s romana de todas. Fue un cura villero, pero de una orden obediente al papa. Su conducta siempre habA�a oscilado como un pA�ndulo entre el progresismo social y el conservadurismo doctrinal. Por ello, cuando despuA�s del Concilio Vaticano II, muchos jesuitas de Pedro Arrupe, bajo el lema a�?Fe y justiciaa�?, se volcaron a la iglesia tercermundista, Bergoglio se ocupA? de los pobres, pero lejos de las concepciones marxistas de los conflictos sociales y econA?micos y tratA? de que los curas de base se alejaran de esas actividades inconvenientes. Fue durante el papado de Juan Pablo II.

Sin embargo, Bergoglio, hA?bil polA�tico, supo granjearse el respeto de los obispos latinoamericanos. PresidiA? la comisiA?n redactora del documento de Aparecida (Brasil), en la reuniA?n de 2007 de la V Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericana (Celam). El texto contenA�a muchas alusiones a las dramA?ticas consecuencias de la aplicaciA?n de polA�ticas neoliberales en el mundo globalizado y abogaba por una mA?s justa distribuciA?n de la riqueza. No es de extraA�ar que el coordinador del Grupo de Curas en OpciA?n por los Pobres de Argentina, Eduardo de la Serna, considerara que, al lado de los otros papables, Bergoglio fuera como Maradona Messi y Cristiano Ronaldo juntos8. Rezumaba esperanza, pero sin entusiasmarse demasiado.

De la Serna no esperaba que Bergoglio alentara la TeologA�a de la LiberaciA?n, pero no menospreciaba su labor pastoral en la diA?cesis de Buenos Aires. DespuA�s de arzobispos que eran a�?prA�ncipes de la Iglesiaa�? como Caggiano, Aramburu o Quarracino, Bergoglio estuvo dispuesto a acercarse a la gente9. Este comportamiento incierto puede ilustrarse con su procedencia polA�tica y su accionar catA?lico pragmA?tico: Bergoglio venA�a de la agrupaciA?n peronista de derecha Guardia de Hierro, mas, a diferencia de otros arzobispos, fue capaz de tomar mate con la gente, insistir en que los curas vayan a los barrios y poner curas villeros en los barrios mA?s necesitados10.

ComunicaciA?n e imagen

Tom Peters escribiA? un libro llamado a�?Una marca llamada vosa�?11 que habla de la bA?squeda comercial del nombre (a�?naminga�?). El planteo principal es que resulta imprescindible buscar una etiqueta que denote lo que se diferencia de los demA?s. Previo a introducirse al mercado, Peters cree que es importante tener definido el grupo al que se quiere llegar, determinar quA� necesidad es la que esperan satisfacer y el nombre comunicativo.

En el caso de Bergoglio, su grupo objetivo son los catA?licos del mundo, la necesidad a satisfacer es la de blanquear o purificar la imagen de la Iglesia, acercA?ndola a los pobres, y su marca, a�?Franciscoa�?. El mensaje parece decir a�?soy austero y estoy con los pobresa�?. Mensaje que busca teA�ir su gestiA?n futura.

El papa explicA? que su nombre se debA�a a Francisco de AsA�s, a�?el hombre de la paz, del que amaa�? y que el objetivo de su papado era a�?una Iglesia pobre, para los pobresa�?12. De esta manera despejA? las dudas con respecto a su nombre y su posible devociA?n al jesuita Francisco Javier. Asimismo, contA? que los cardenales, en broma, le dijeron: “El nombre deberA�a ser Clemente, Clemente XV, asA� te vengas contra Clemente XIV que suprimiA? la CompaA�A�a de JesA?s”. Incluso, si de marcas se habla, el nombre a�?Franciscoa�? tiene mA?s sonoridad que aquel.

Francisco dio precisiones sobre cA?mo se le ocurriA? su nombre: a�?Les contarA� la historia. Durante las elecciones, tenA�a al lado al arzobispo emA�rito de San Pablo, y tambiA�n prefecto emA�rito de la CongregaciA?n para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponA�a un poco peligrosa, A�l me confortabaa�?, recordA?. El Papa seA�alA? que a�?cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque habA�a sido elegido. Y A�l me abrazA?, me besA?, y me dijo: a�?No te olvides de los pobresa��. Y esta palabra ha entrado aquA�: los pobres, los pobres. De inmediato, en relaciA?n con los pobres, he pensado en Francisco de AsA�s. DespuA�s he pensado en las guerras, mientras proseguA�a el escrutinio hasta terminar todos los votosa�?13.

En todo caso, antes de saberse quiA�n era el elegido, ya se realizaban especulaciones sobre el nombre con que se darA�a a conocer el nuevo papa. Tom Heneghan creA�a que quizA?s el mensaje no fuera inmediatamente comprendido. a�?Optar por un nombre poco escuchado procedente del pasado papal distante -como por ejemplo Hilario o Ceferino- podrA�a hacer que los catA?licos corran a buscar en sus libros de historia para ver quA� podrA�a significar tal decisiA?na�?, pero si el nuevo pontA�fice escogA�a a�?uno de los nombres de la historia papal mA?s reciente -Benedicto, Juan Pablo o solo Juan- eso indicarA�a claramente que el nuevo lA�der de los 1.200 millones de feligreses marcarA�a la continuidad con el papado al que su denominaciA?n hace referenciaa�?14.

AdemA?s, Bergoglio no fue el A?nico que pensA? en Francisco. El cardenal Oa��Malley -franciscano- tambiA�n lo habrA�a elegido, segA?n se especulaba en las afueras del cA?nclave.

La mA?xima en latA�n nomen est omen -un nombre es una seA�al- fue tan vA?lida para los antiguos emperadores romanos, como para los actuales papas, indica Henegham. Su apelativo no iba a ser el A?nico indicio que rondarA�a por el Vaticano en los primeros dA�as del nuevo pontificado. Francisco se encargarA�a de enviar continuamente mensajes a travA�s de sus acciones.

Para dar cuenta de su elecciA?n franciscana, el papa continuA? con sus antiguos hA?bitos, como andar entre la gente o en colectivo o pagar personalmente sus cuentas de hotel, a lo que agregA? usar un anillo de plata y no de oro, saludar tA�midamente con una mano en vez de con los dos brazos en alto, sentarse en un trono ramplA?n, vestir sencillamente con una sotana y solideo blancos, pero sin la estola papal y la muceta colorada; tambiA�n resaltaron sus zapatos como un sA�mbolo de sencillez, en contraste con los modelos rojos de Prada de Benedicto XVI.

El fotA?grafo Max Rossi fue quien congelA? la imagen de los zapatos gastados de Francisco. La imagen a�?condensa la impronta que tiene la comunicaciA?n actual y revela el clima de este momento tan especial. Una foto, solo una foto, permite reconstruir la nociA?n de “sencillez” a travA�s de un mA�nimo gesto que surge del anA?lisis de la ropa como uno de los cA?digos fundamentales ante la descripciA?n de Francisco, el primer Papa latinoamericanoa�?15.

En cuanto a lo discursivo, rompiA? con la lA�nea dogmA?tica dura que solA�a imprimirle a sus homilA�as en la Argentina. En ocasiones como Corpus Christi, la procesiA?n a LujA?n o el DA�a del NiA�o por Nacer, solA�a hablar de la eutanasia como terrorismo demogrA?fico, del matrimonio igualitario como subversiA?n del plan de Dios y del aborto como cultura de la muerte.

En cambio, en su primer discurso como papa dejA? sentada su procedencia: el fin del mundo, no el centro con visiA?n eurocA�ntrica. a�?Ustedes saben que el deber del cA?nclave es darle un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido hasta el fin del mundo para traerlo. Y aquA� estamosa��a�?, dijo Bergoglio al anunciarse frente a la plaza San Pedro16. AllA� tambiA�n expresA? que querA�a presidir la caridad, le dio la centralidad al pueblo de Dios (tal como lo pedA�a el Concilio Vaticano II) y se inclinA? ante la gente en vez de esperar la acostumbrada ovaciA?n.

En resumidas cuentas, desde su imagen Francisco quiere marcar la continuidad de su misiA?n pastoral junto a los pobres, como hacA�a en Argentina; por ello la elecciA?n del nombre del santo fundador de los franciscanos. A la vez, con su discurso parece romper con la beligerancia de Bergoglio, aplicando la humildad y serenidad de Francisco. En resumidas cuentas, un hombre de la periferia en el trono de Pedro.

Un diagnA?stico con reservas

El sociA?logo y politA?logo Atilio BorA?n se refiriA? a la elecciA?n de Bergoglio como papa y dividiA? su anA?lisis en tres ejes: la actuaciA?n durante la dictadura, su actuaciA?n como arzobispo de Buenos Aires y el impacto de su papado en la realidad sociopolA�tica argentina y latinoamericana17.

Para BorA?n, durante la dictadura inaugurada por Jorge Videla, Bergoglio siguiA? los lineamientos de la jerarquA�a catA?lica. No fue tan extremo como Christian von Wernich o Antonio Baseoto -a quien BorA?n tilda de troglodita medieval-, pero tampoco se comportA? como Enrique Angelelli, Carlos Mugica y Miguel Hesayne y otros.

La gran nube oscura que se cierne sobre su pasado lo constituye la denuncia contra A�l por haber facilitado el secuestro de los curas villeros Francisco Jalics y Orlando Yorio. Al respecto existen opiniones encontradas. Alicia Oliveira, exjueza y amiga personal de Bergoglio, lo defiende y afirma que le consta que durante esos aA�os, Bergoglio tuvo una conducta intachable y ayudA? a salvar muchas vidas. En cambio el periodista Horacio Vertbitsky, por un lado, y el abogado catA?lico Emilio Mignone, por el otro, ofrecieron pruebas de su accionar delator o, como mA�nimo, desaprensivo por la suerte de sus subordinados.

Posiblemente -cree BorA?n-, ambas facetas sean ciertas. Esta ambivalencia podrA�a ayudar a entender por quA� en democracia, Bergoglio pidiA? perdA?n en nombre de la Iglesia por no haber hecho lo suficiente, pero no lo hizo por el apoyo explA�cito de la Iglesia a la dictadura. Tiene muy bien aceitados los engranajes de su cintura polA�tica.

En su funciA?n como cardenal en Buenos Aires continuA? la contrarreforma iniciada por Juan Pablo II. En sus inicios en la Iglesia durante los setenta se habA�a juntado con la tendencia mA?s reaccionaria y fue militante de la Guardia de Hierro (derecha peronista) y no fue de extraA�ar que se opusiera al matrimonio igualitario, a la educaciA?n sexual en los colegios, a la despenalizaciA?n del aborto, a las minorA�as sexuales, a las expresiones artA�sticas que considerA? ofensivas, como la de LeA?n Ferrari y, ademA?s, que mantuviera en la instituciA?n a religiosos como Julio Grassi -condenado por pedofilia- y Von Wernich -condenado por su colaboraciA?n con las torturas durante la dictadura-.

BorA?n reitera la idea de un personaje austero, cercano a los pobres, pero dogmA?ticamente conservador, es decir, militante de un conservadurismo popular.

SegA?n explica BorA?n, el orden social injusto se puede sostener con un elitismo aristocratizante o con un conservadurismo plebeyo, que se aprovecha de la ignorancia y credulidad de los sujetos populares y en la constante prA�dica eclesiA?stica. La campaA�a apologA�tica de los grandes medios de comunicaciA?n y la alegrA�a de los represores que estaban siendo juzgados y se presentaron ante los jueces con escarapelas papales estA?n en sintonA�a con esa idea.

Esto podrA�a significar que el acompaA�amiento de Bergoglio a los pobres no pasarA�a de ser una fA?rmula de compasiA?n mA?s caridad para que subsistan en la pobreza, y no una ayuda para hacerles saber cuA?l es su situaciA?n y a quA� o a quiA�nes se debe para intentar cambiarla. Helder CA?mara, obispo de Olinda y Recife, explicA? esta coyuntura: a�?Si les doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por quA� los pobres pasan hambre y estA?n tan mal, me dicen que soy un comunistaa�?18.

BorA?n recuerda que Lenin dijo que es bueno que el esclavo se rebele contra su amo, pero es mejor que se rebele contra la esclavitud, es decir, contra el sistema y no contra sus agentes. Por lo tanto, BorA?n no espera que Bergoglio lidere una rebeliA?n anticapitalista ni asuma como dogma la teologA�a de la liberaciA?n, aunque tampoco cree que sea una continuaciA?n del papado de Juan Pablo II. La A�poca es otra, con nuevos problemas.

La elecciA?n de Begoglio puede ser el producto de las tensiones internas del Vaticano, antes que una cuestiA?n geopolA�tica19. El que no hayan elegido a un papa mA?s joven puede deberse a que no se llegA? a un acuerdo por otros candidatos y que, ante los conflictos -corrupciA?n financiera, vatileaks, pedofiliaa��-, un europeo no podrA�a actuar libremente.

Asimismo, Benedicto XVI fue un teA?rico mA?s preocupado por el crecimiento del islam en Europa que por la pobreza, la desigualdad, la droga y la violencia en el mundo. Francisco, al provenir de LatinoamA�rica podrA�a colocar esos temas en agenda y mediar en disputas como Malvinas o las FARC. AdemA?s, su paA�s de origen es Argentina, una naciA?n donde conviven armA?nicamente las distintas religiones y esto podrA�a ser un plus en una Iglesia que busca acercarse al islamismo.

En cuanto a la polA�tica interna argentina, Francisco designA? como su sucesor en el arzobispado de Buenos Aires a Mario Polli, de quien es su referente20. Por lo demA?s, es de esperar que los religiosos argentinos tengan un mayor acceso al Vaticano.

Con el gobierno tiene varias cuestiones pendientes: su liderazgo tA?cito de la oposiciA?n mientras fue arzobispo, la designaciA?n del obispo castrense y demA?s capellanes, la asistencia de la presidenta a los Tedeums, el tratamiento legislativo del abortoa��

Los discursos de Bergoglio ahora tienen otra connotaciA?n en lo nacional. Pero Francisco no es Bergoglio. El nuevo papa tiene una agenda mundial complicada y una lucha interna dentro de la Iglesia que le va a insumir mucho de su tiempo y sus energA�as para dirimirla satisfactoriamente.

No fue ungido sumo pontA�fice para evaluar quiA�n tuvo la culpa de las consecuencias de las inundaciones en Buenos Aires. Ahora es el jefe espiritual de 1200 millones de catA?licos de todo el mundo y cabeza de una instituciA?n milenaria. Que no es poco.

 

NOTAS:

1 Robo informA?tico y difusiA?n masiva de documentos secretos del Vaticano en 2012, que develaron las batallas de poder en la Santa Sede y los casos de corrupciA?n existentes.

2 Universidad de Ratisbona, septiembre de 2006. AllA�, Benedicto XVI a�?condenA? la “irracionalidad” de “la difusiA?n de la fe mediante la violencia”, como ocurre en la ‘yijad’ (guerra santa) del Islama�? (a�?Controversia en el mundo musulmA?n. El polA�mico discurso de Benedicto XVIa�?, diario El Mundo, 15/9/2006), lo que provocA? la indignaciA?n en el mundo islA?mico.

3 Datos de The Pew Forum on Religion & Public Life: a�?The global catholic populationa�?, abril de 2013. www.pewforum.org

4 MarA�a Antonia SA?nchez Vallejo: a�?Los catA?licos americanos copan la poblaciA?n mundial de fielesa�?, diario El PaA�s, 13/3/2013.

5 Carlos Ciappina: a�?Los lugares de la iglesia y sus ministros – Un papa latinoamericanoa�?, diario PA?gina/12, 3/4/13.

6 RubA�n Dri: a�?Los lugares de la iglesia y sus ministros – La verdad de cada uno es su propia historiaa�?, diario PA?gina/12, 3/4/13

7 Javier Auyero afirma algo parecido del clientelismo, al que considera una estrategia de soluciA?n rA?pida de conflictos. No desconoce todos los aspectos negativos de esta relaciA?n, pero la considera A?til en contextos de necesidad extrema y urgente (a�?La polA�tica de los pobres. Las prA?cticas clientelistas del peronismoa�?, Buenos Aires, 2001, Manantial). De igual modo, RubA�n Lo Vuolo, Alberto Barbeito y otros consideran que nadie es pobre, sino que vive en situaciA?n de pobreza (a�?La pobrezaa�� de las polA�tica contra la pobrezaa�?, Buenos Aires, 2004, MiA�o y DA?vila).

8 Alejandro Rebossio: a�?Los teA?logos de la liberaciA?n respaldan el inicio del papado de Franciscoa�?, en diario El PaA�s, 20/3/13.

9 Pedro Lipcovich; a�?Maneja muy bien el podera�?, diario PA?gina/12, 14/3/13.

10 IbA�dem.

11 Tom Peters: a�?The brand called youa�? (a�?Una marca llamada vosa�?), publicado en la ediciA?n agosto/septiembre de 1997 de la revista Fast Company

12 Luis B. GarcA�a: a�?El papa confirma que su nombre se debe a Francisco de AsA�sa�?, diario La Vanguardia, 16/3/13.

13 IbA�dem.

14 Tom Hengham: a�?La elecciA?n del nombre del nuevo papa serA? su primer mensajea�?, Reuters – EspaA�a, 13/3/13.

15 a�?Entremujeres.coma�?: a�?Los zapatos de Francisco, sA�mbolo de sencilleza�?, 19/3/13.

16 AdriA?n Salbuchi: a�?Francisco, el papa del a�?fin del mundoa��a�?, Alerta Digital, 21/4/13.

17 Atilio BorA?n: a�?De Bergoglio a Franciscoa�?, diario PA?gina/12, 20/3/12.

18 Atilio BorA?n: a�?De Bergoglio a Franciscoa�?, diario PA?gina/12, 20/3/12.

19 Raquel San MartA�n: A?Un nuevo papa para un nuevo mundo?, diario La NaciA?n, 17/3/13.

20Poli fue nombrado obispo auxiliar por Juan Pablo II y obispo por Benedicto XVI. Como muestras de su pensamiento puede mencionarse que se opuso al matrimonio igualitario porque alentaba la disoluciA?n de la familia y la naciA?n y, en 2012, cuestionA? duramente al sacerdote Jorge Luis Hidalgo por saludar por Facebook al dictador Videla en su cumpleaA�os.

 

Narrativas. Revista patagA?nica de periodismo y
comunicaciA?n, nro. 24, enero /junio de 2013.