Contratos mediáticos: credibilidad y estrategias discursivas

 

La relación entre medios y lectores. Marcas de referencialidad y el discurso verdadero. Fuentes, textos periodísticos y opinión pública.

Adrián Eduardo Duplatt
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El discurso de la prensa

El discurso de la información es heterogéneo. Existen distintos géneros, distintos soportes y distintos medios, cada uno con sus especificidades. El estilo periodístico tampoco es homogéneo. Al decir del catalán Albert Chillón, lo que se puede observar son estilos de la comunicación periodística. Nada en común tienen el estilo de una noticia con el de una crónica literaria, el de un reportaje en profundidad con el de una entrevista bajada con preguntas y respuestas. Lo mismo puede decirse si se comparan los géneros informativo con los opinativos. En todo caso, lo que sí puede decirse es que todos comparten ciertas características indispensables, como ser la claridad y la precisión.

Todos -medios, géneros y estilos- tienen como Norte un hacer saber de la realidad social. El lenguaje del periodismo ostenta como función principal la referencial. Si bien las otras funciones señaladas por Roman Jakobson -poética, emotiva, conativa…- pueden observarse fácilmente en el discurso de la prensa, todas están subordinadas a la referencial, v.gr., un artículo de opinión tendrá como materia prima los acontecimientos señalados por otros artículos noticiosos. Esto no quiere decir que se trate de compartimentos estancos. Una pieza periodística puede ser, a la vez, informativa y poética. Las funciones de Jakobson son dimensiones que, en mayor o menor medida, están presentes en todo discurso.

Además de hacer saber, otra peculiaridad del discurso periodístico es que oculta sus condiciones de producción y, en muchos casos, sus enunciadores. Para Stuart Hall pareciera que la prensa -inocentemente- solo quiere transmitir información a los lectores. Tarea muy lejos de ser aleatoria, cuestión que se desarrollará más adelante.

Para lograr su cometido informativo, la prensa se vale de un lenguaje neutro, pretendidamente objetivo, a fin de crear una ilusión referencial. Se vale de estrategias discursivas -testimonios, citas, cifras…- para generar credibilidad en su público. Los testimonios sirven para escuchar el exterior que luego repite en el texto escrito, como un reflejo de la verdad, al modo del discurso de la historia. Roland Barthes dice que el de la prensa es un discurso asertivo -como el de la historia- que gana legitimidad por su vocación de decir la verdad, vocación que se plasma en un contrato comunicativo.

Los contratos mediáticos

Patrick Charadeau habla de un contrato de la información mediática entre medios y audiencia, cuyo fin es informar y, a la vez, incitar a los lectores y captarlos para consumir el discurso del medio. En cuanto a la enunciación, la instancia mediática debe construir una imagen de enunciador neutro, no implicado y distante, y debe construir una imagen de la instancia destinatario en nombre de la ciudadanía.

Por su parte, Eliseo Verón se refiere a un contrato enunciativo para construir hábitos de lectura perdurables. Este contrato es contradictorio y sufre una tensión paradójica. Por un lado, los distintos medios suelen brindar la misma información, pero, por el otro, buscan diferenciarse para seducir a los lectores. Entra en juego, entonces, el contrato de lectura que se basa en las condiciones de enunciación: el modo de decir y el estilo. Para analizar un contrato de lectura se recurre a la teoría de la enunciación: en todos los discursos siempre hay dos dimensiones observables: el enunciado y la enunciación. El nivel del enunciado tiene que ver con “lo que se dice” -el contenido-; mientras que el nivel de la enunciación tiene que ver con las “modalidades del decir” -cómo se dice lo que se dice-.

Por lo tanto, los medios buscan atraer lectores para satisfacer su contrato informativo y, a la vez, sustentarse económicamente. Además del contrato de lectura, se valen de los valores noticiosos que indican qué acontecimientos merecen entrar a la agenda mediática. Entre los criterios están los remanidos cercanía, impacto, conocimiento de los protagonistas, etc. y, en especial, las expectativas de la audiencia. Los periodistas saben qué tipo de sucesos interesan a sus lectores y cuáles deben ser desechados. Es como la imagen del lector modelo de Umberto Eco aplicada al discurso informativo. El periodista elabora un texto con blancos que deben ser llenados por su audiencia y deberá prever un lector modelo capaz de cooperar en la actualización textual de la manera prevista por él y de moverse interpretativamente igual que él se ha movido generativamente, para lo cual también se vale de recursos discursivos como la titulación que guía el sentido de toda la lectura.

Charadeau también menciona un contrato enunciativo entre medio y lector, por el cual el medio se obliga a la autenticidad y a la seriedad. Es decir, prometen ser fieles a la verdad y se obligan a transmitir información. Se trata aquí, de un contrato de índole moral.

Otro contrato enunciativo es el de Miquel Rodrigo Alsina. El lector paga la información porque la cree. Ergo, el medio debe ser creíble. A nivel del enunciado, este debe ser verosímil; a nivel de la enunciación, fiable.

Finalmente, Algirdas Julien Greimas articula un contrato mediático, retomado luego por Lucrecia Escudero. El contrato mediático se construye entre medio y lector. A priori, este compra el discurso porque lo cree; a posteriori, aquel le brinda la información y la posibilidad de que la verifique. La credibilidad se genera mediante estrategias discursivas presentes en el texto informativo y que dan cuenta de elementos que el lector interesado podrá constatar para someter a prueba la verdad de la información. Si la prueba resulta positiva, seguirá creyendo. La instancia de verificación por parte del lector, en la mayoría de los casos, queda inconclusa. Es importante señalar que para Dominique Wolton la confianza que el lector deposita en el medio es la piedra angular de la legitimidad periodística. Sin ella, los periodistas no podrían trabajar. El contrato pragmático fiduciario de los medios de comunicación es un producto histórico de la institucionalización y de la legitimación del papel del periodista, afirma Miquel R. Alsina.

En el discurso de la información se habla de “verdad” cuando existe correspondencia entre los enunciados y los hechos extradiscursivos mencionados. La definición es sospechosa. La verdad, entonces, es discursiva, un efecto del discurso que se legitima con las estrategias discursivas.

Umberto Eco, en su Teoría de los mundos posibles explica la existencia de un mundo real, objetivo, exterior, que, en interacción con el mundo de referencia de cada individuo, reconstruye un mundo posible. El mundo de referencia es el modelo mental de Teun van Dijk o el marco de referencia de George Lakoff a los cuales se acude para pensar, entender y actuar en el mundo. Son los antecedentes mentales de los acontecimientos, los modos de pensarlos, muchas veces inconscientemente, y que están en permanente actualización. El mundo real se encuadra en el mundo de referencia y en su interacción se edifica un mundo posible entre otros innumerables que podrían haberse formado. El mundo real es el lugar de la verificación; el mundo de referencia, el de la verosimilitud y el mundo posible, el de la veridicción (parece verdad).

El mundo posible para parecer verdad se vale de marcas de referencialidad, las ya mencionadas estrategias discursivas.

Estrategias discursivas

Las estrategias discursivas, entonces, cimentan la ilusión referencial del discurso periodístico y legitiman su vocación de decir la verdad para hacer saber la realidad (social).

Las marcas de referencialidad pueden ser: citas directas, fuentes, localizaciones, temporalizaciones, cifras… Robert Park1 estableció la influencia señalizadora de estos procedimientos, explicando, además, que generan la impresión de que pueden verificarse.

Se trata de un supuesto de verdad no verificado, pero que se expone al examen crítico del público, a la manera del Falsacionismo de Karl Popper. Cuanto más pueda constatarse, más periodístico -o más verdadero- será. A tratarse de una instancia inconclusa de verificación -los lectores no suelen pasar el día verificando lo que leen en el diario-, el consentimiento y la ausencia de protestas dan por aprobado el discurso.

Entre las marcas de referencialidad ya mencionadas, las fuentes se erigen como las más importantes. Herbert Gans afirmó que la jerarquía de las fuentes en la prensa permite determinar la jerarquía de la sociedad. Hoy la mayoría de las fuentes son oficiales y otros medios.

El fenómeno de autoreferencialidad del sistema de prensa hace décadas que viene siendo estudiado, entre otros, por Lucrecia Escudero, Ignacio Ramonet, Herbert Gans, Teun van Dijk y Miquel R. Alsina. Si se aúna la afirmación de Gans y la ingente aparición de citas mediáticas en los medios actuales, puede inferirse una verdad -tal vez- de Perogrullo: estamos viviendo en una sociedad de la información.

La permanente cita de otros medios acarrea, al decir de Ramonet, una especie de mimetismo mediático donde ellos funcionan entrelazados, en bucles, de forma que se repiten e imitan entre ellos, dejando a los lectores sin posibilidad de verificar la información en otros periódicos. Los medios, por lo tanto, se autolegitiman al citarse unas a otros. Si la información no fuera fiable, no sería utilizada por otro periódico. Asimismo, al hablar todos de lo mismo la agenda informativa se homogeniza y quedan afuera otros temas importantes para la sociedad. Sería ocioso reiterar aquí los fundamentos de la teoría del establecimiento de la agenda de Maxwell Mc Combs.

En cuanto a las demás fuentes -oficiales, oficiosas, expertas…-, Lucrecia Escudero las clasifica en empíricas y textuales. Las primeras son los sujetos en la estructura social y sirven para construir el discurso social; las segundas son los enunciados de esos sujetos, transformados en una sala de redacción y publicados al otro día. Las fuentes textuales, entonces, son las que ayudan a formar la opinión pública.

Por último, la cita de fuentes constituye un herramienta fundamental para sostener el contrato mediático. La profusión de fuentes en un texto periodístico, dice Escudero, produce tres efectos. El primero, de actualidad (está ocurriendo ahora, la fuente está hablando desde las páginas del diario); de veridicción (a la fuente puede interrogársela sobre lo que ocurrió) y de objetividad (las fuentes esconden al autor de las noticias: el periodista y el medio).

A modo de resumen puede decirse que entre medios y lectores existe un contrato mediático por el cual el lector compra la información al medio porque este es creíble, ya que le brinda las posibilidades de corroborar lo que dice. Una de esas posibilidades, tal vez la más importante, es la publicación de las fuentes. La cita de ellas es imprescindible, entonces, para sostener la legitimidad de la prensa en su función de construir la realidad social y solidificar una opinión pública crítica y racional en los términos analizados por Jürgen Habermas.

 

NOTAS:

1 Sociólogo norteamericano, uno de los fundadores de la Escuela de Chicago y estudioso de la relación entre prensa e inmigración: cómo la primera puede ayudar a integrar a los segundos disminuyendo sus incertidumbres y generando aceptación en la sociedad receptora. También afirmó que en periodismo los hechos más importantes son las opiniones, dándole una vuelta de tuerca a la afirmación de C.P. Scott (“Manchester Guardian”), quien el 6/5/1926 dijo que los hechos son sagrados y las opiniones libres.

 

BIBLIOGRAFÍA:

ALSINA, Miquel Rodrigo (1999): La construcción de la noticia. Barcelona. Paidós.

CHARADEAU, Patrick (2004): “La problemática de los géneros. De la situación a la construcción textual”, en revista Signos, v. 37, nro. 56, 2004.

CHILLÓN, Albert (1999): Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas. Barcelona. UAB.

ECO, Umberto (1999): Lector in fabula. Barcelona. Lumen.

ESCUDERO, Lucrecia (1996): Malvinas: El gran relato. Fuentes y rumores en la información de guerra. Barcelona. Gedisa.

HABERMAS, Jürgens (1994): Historia y crítica de la opinión pública. Barcelona. Ediciones G. Gili.

RAMONET, Ignacio (2001): “Comunicación contra información”, en Sala de Prensa, nro. 30, abril de 2001. www.saladeprensa.org

Van DIJK, Teun A (1996).: La noticia como discurso. Comprensión, estructura y producción de la información. Barcelona. Paidós.

 

Publicado en Narrativas, nro. 23, abril / junio de 2012. ISSN 1668-6098.