Tratamiento periodístico de la información

Delicuescencia informativa

 

Daniel Santoro, periodista de Clarín, en su reciente discurso de ingreso a la Academia Argentina de Periodismo, dijo que el periodismo se había convertido en un oficio “light”. En numerosos ámbitos también se habla de crisis en la profesión. Algunas producciones periodísticas, tanto audiovisuales como gráficas, parecen avalar estos pensamientos. Quizás la manera de revertir esta tendencia sea recuperar los principios básicos del periodismo y restaurar el contrato de confianza entre medios y audiencia bajo un paradigma de la información como bien público.

Adrián E. Duplatt
[email protected]

 

La actualidad

La construcción del discurso periodístico es un proceso compuesto de tres fases interrelacionadas: producción, circulación y consumo o reconocimiento (Alsina, 1999). El producto es la noticia. En palabras de Edgar Morín un acontecimiento es una información, un nuevo elemento que irrumpe en el sistema social. El fenómeno es percibido por el sistema, que genera otro fenómeno denominado noticia.

En principio las noticias son los ladrillos que construyen discursivamente la realidad social. Los acontecimientos son conocidos gracias a los medios de comunicación. Lo que no quiere decir que la única realidad social sea la producida por los medios. Berger y Luckman se refieren a la “construcción social de la realidad” a nivel cotidiano, con comunicaciones grupales o interpersonales. No obstante, los medios ostentan el rol socialmente legitimado para construir la realidad pública; es decir, la actualidad.

Eliseo Verón afirma que la actualidad, como realidad social en devenir, existe en y por los medios informativos. Lucrecia Escudero (1997) define a la actualidad como la narración de los sucesos en los medios. Por lo tanto, el objetivo del discurso de la información es la actualidad. (Verón, 2004). Para Lorenzo Gomis (1991), la sociedad no puede vivir sin un presente que la envuelva y le sirva de referencia. Los medios tienen la función de rodearla con ese presente social continuo. En este orden de ideas, el periodismo es -para Gomis- un método de interpretación sucesiva de la realidad social.

La actualidad para la gente no está totalmente formada con la selección y puesta en público de contenidos que realizan los medios. Las instancias de circulación y consumo/reconocimiento también son importantes a la hora de darle sentido a la realidad social en un tiempo y en un momento determinado.

(V.gr. en cuanto a la circulación de la realidad social, si se busca información sobre la plaza Tiananmen (China), la empresa Google difunde en su buscador documentos que hablan del lugar y de la matanza de estudiantes por parte de las autoridades chinas; ahora, si se lo busca en www.google.cn, sólo existe información sobre la plaza como lugar turístico, elidiendo todo acontecimiento político que haya acaecido allí).

Alejandro Rost define cuatro tipos de actualidad: 1) sincrónica: sucede en el mismo momento en que se difunden; 2) reciente: sucesos del día (se divide, a su vez, en a) de último momento y b) diaria; 3) prolongada: constituida por los hechos abordados como un proceso; y 4) permanente: se refiere a los temas que por su naturaleza siempre interesan a los ciudadanos. Rost también define la no-actualidad (en forma similar que los no-acontecimientos de Mar de Fontcuberta) como los acontecimientos que dejaron de ser el presente social de referencia. Como ejemplo de este último tipo de actualidad -o no-actualidad- están los archivos de los periódicos digitales.

Ahora bien, la actualidad también es entendida como la construcción discursiva de un mundo posible. Miquel Rodrigo Alsina (1999) se vale de la “Teoría de los mundos posibles” de Umberto Eco y habla de mundos reales, mundos de referencia y mundos posibles.

El real es la fuente que produce los acontecimientos que el periodista utilizará para construir la noticia. Los de referencia son aquellos en que se pueden encuadrar los acontecimientos. Son modelos para enmarcar el suceso: construcciones culturales que el periodista establece según su enciclopedia. Algo similar postula Teun van Dijk (1994) con los modelos mentales que poseen los lectores para la comprensión de las noticias.

Por último, el mundo posible es el mundo narrativo que construye el periodista a partir de los otros dos. En el mundo real se produce la verificación, en el mundo de referencia se determina la verosimilitud y en el mundo posible se desarrolla la veridicción: el mundo posible debe parecer verdadero.

Si no se construyen mundos posibles verídicos, el discurso de los medios no es creíble.

El contrato mediático

Lucrecia Escudero (1996 y 1997) postula la existencia de un “Contrato mediático” entre lectores y medios por el cual, a priori, el lector cree que va a encontrar verdades en el medio que va a comprar y, a posteriori va a poder verificar la información recibida con las herramientas que el medio le va a brindar. Esta última instancia de verificación generalmente queda inconclusa. Si bien Escudero habla de prensa escrita, el contrato también se puede aplicar mutatis mutandis a los medios audiovisuales.

Por un lado, la gente consume medios porque cree que el medio le va a decir la verdad. Alsina (1995) habla de contrato pragmático fiduciario: el mensaje debe ser creído. Nadie compraría un periódico que sabe que no difunde noticias ciertas. Por el otro, el medio construye su credibilidad por medio de estrategias textuales que tornan verosímil su relato y, a la vez, le dan la posibilidad a la audiencia de verificar lo que consume.

Entre las estrategias se encuentran: el uso de múltiples y variopintas fuentes, las localizaciones, temporalizaciones, las identificaciones, las cifras,… la precisión en general como requisito de toda comunicación periodística.

Lo que el medio busca, en definitiva, es credibilidad. Sin ella no tendría razón de ser. Las estrategias se acomodarán de acuerdo al tipo de medio: escrito o audiovisual.

La televisión

La televisión es sinónimo de imagen, por lo tanto, la fugacidad y la falta de memoria son inherentes al medio. Este alfabetiza en una nueva relación de íconos y palabras, montajes, tiempos, velocidades, efectos… La influencia silenciosa y profunda sobre la psicología del usuario de la que habla Furio Colombo (1997) ya había sido tratada por Cohen Seat y Fougeyrollas en “La influencia del cine y la televisión”, donde explicaban que las imágenes impactan emocionalmente en las personas porque no tienen el filtro racional que requiere la lectura de un texto. La imagen impacta más por la emoción que por la razón. Pero, “es una fantasía creer que cuanto más veamos, más vamos a entender”, dice la psicoanalista Silvia Bleichmar (2004). Precisamente, para Colombo el afecto es un tema insoslayable en los análisis de la televisión porque ese afecto o esa emoción se transforman en confianza y pesa más que la propaganda. Un candidato político puede impresionar más por la empatía generada que por los argumentos de sus propuestas. Edward Hall planteó en la proxémica la importancia de las distancias físicas en la comunicación, y bien podría aplicarse a la imagen de un personaje que brinda el televisor. Pero comunicación no es lo mismo que información, recuerdan Jean Paul Fitoussi (2003) y Antonio Pasquali (en Alsina,1999).

Así y todo, la televisión cuenta con la imagen para construir su discurso informativo. Nora Bär (2002) explica -basada en investigaciones de universidad norteamericanas- que el homo sapiens posee una tendencia biológica por la que todo estímulo auditivo o visual novedoso atrae su atención. Los cortes, el zoom, los ruidos súbitos del televisor atrapan la atención del ser humano. Esto fue aunado con los adelantos técnicos en el mensaje televisivo, pero, en el caso del noticiero, no potenciaron la información, sino que sólo la hicieron más atractiva. En el presente el medio televisivo es: 1) cada vez más juego electrónico: se juega con los rostros, los cuerpos se alargan, se colorean… (CQC es un ejemplo extremo de estos recursos) 2) cada vez más poético: el uso de la cámara lenta como efecto dramático -o para alargar tiempos- en los noticieros, la musicalización, las dramatizaciones; 3) cada vez más técnico: conexiones en vivo desde distintos lugares del planeta, satélites, mesas redondas con interlocutores en disímiles geografías…

Sólo adornos, banalidad tecnológica. Los noticieros dedican más recursos a los ornamentos visuales que a cumplir el contrato mediático. Pocas -o ninguna fuente-, insuficiente información, vaguedad en los datos, y una buena imagen, aunque sea de archivo, son los ingredientes de las coberturas televisivas. El caso de “Alfredo Yabrán” veraneando en el Caribe en el noticiero de Llamas de Madariaga fue un claro ejemplo de esta tendencia, al igual que algunas cámaras ocultas de Rolando Graña en América Noticias.

El negocio de la televisión ayuda a que las noticias sean cada vez más espectáculos que generen audiencia, que herramientas para comprender el mundo. Es preferible invertir en un buen show, antes que en un buen documental que podría -no tiene por qué serlo- ser aburrido y tener poca audiencia. Esto no quiere decir que no existan buenos programas de noticias –60 Minutos o Prime Time, en USA, algo de Punto Doc, algo Telenoche Investiga o Blog en Argentina, o correctas coberturas noticiosas en un noticiero de infoentretenimiento (Ford, 2006), como los trabajos del cronista Julio Bazán en Canal 13 o TN, sino que no son la regla. El refrán “una imagen vale más que mil palabras” es seguido a rajatabla, si bien Esteban Peicovich (La Nación) trata de desmentirlo semanalmente en su columna “Mil Palabras”. En general se practica el sensacionalismo, la variedad, la extravagancia, la comicidad, el juego, los presentadores/modelos… Pero la imagen, sin un pie de escritura o fuera de contexto, es ambigua. El camarógrafo puede ir delante del periodista y mostrar cosas distintas, inentendibles, explica Aníbal Ford (2006), o, directamente, la fotografía puede ser mentira, como ocurrió con el fotógrafo Brian Walski en el diario Los Angeles Times.

(La actualidad de los medios audiovisuales parece corroborar las tesis de Guy Débord en su “sociedad del espectáculo”. El capitalismo consumista seduce a través de las imágenes. El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas, mediada por las imágenes).

“Estos instrumentos de mantenimiento de la atención popular y de búsqueda del favor del público cada vez más huidizo han sido impuestos a la televisión por la contaminación cada vez más estrecha entre espectáculo y noticia”, dice Colombo (1997:18). Las empresas periodísticas y las de entretenimiento se fusionan y las fronteras entre show e información se tornan lábiles. El espectáculo corrompe a la noticia y la televisión, a su vez, inficiona al periodismo escrito.

La prensa gráfica

En el siglo XIX la prensa mutó de política a informativa. En la era de la Revolución Industrial la noticia se convirtió en un artículo más a comerciar. A principios del XX, con Pulitzer y Hearst a la cabeza, el sensacionalismo entró en escena, junto con un lenguaje simple, de frases y párrafos cortos, sencillo de ser leído, acorde al contexto social en que se desenvolvía. El paradigma de la noticia como mercancía tenía como valor noticiable lo interesante, no lo importante. Los adelantos técnicos trajeron la fotografía, que comenzó a utilizarse asiduamente en los periódicos. Con la irrupción de la radio, la prensa perdió supremacía con respecto a las novedades, pero siguió al frente con los detalles de los acontecimientos y con las imágenes fijas. A partir de mediados del siglo XX, la televisión impuso las imágenes móviles, con lo que la prensa escrita buscó nuevos raíles para acomodarse a la época. El llamado por Tom Wolfe “Nuevo Periodismo”, podría ser una de esas acomodaciones discursivas, al igual que el periodismo interpretativo -que ya se venía dando, como excepción, con el New York Times a principios de siglo-.

Hoy, Internet fusiona texto, imágenes fijas, móviles, audio, instantaneidad e interactividad y también influye en forma ingente en el resto de la prensa. Este ascendiente de los medios audiovisuales sobre los escritos acarrea una crisis dentro del periodismo y sus causas pueden rastrearse -dice Ignacio Ramonet (2001)- en la mutación de conceptos básicos de la profesión:

1) el concepto de la información: la imagen de un acontecimiento o su descripción es suficiente para darle todo su significado. Si no tiene suficientes imágenes, no se entiende.

2) actualidad de la información: la televisión manda; si no se tiene imágenes, no entra en la actualidad.

3) tiempo de la información: lo que vale es la instantaneidad, la transmisión en directo.

4) veracidad de la información: basta que un hecho sea lanzado desde la televisión (desde una noticia o una imagen de agencia) y repetido por el resto de la prensa para que sea considerado cierto (recordar el caso del muñeco Cody (Duplatt, 2005)).

5) hiperemoción: vuelve verdadero aquello que provocó la emoción del telespectador (ver ut supra Cohen Seat y Fougeyrollas y Bleichmar).

6) censura: ya no por quita o prohibición, sino por demasía, exceso. Lo verdaderamente importante se pierde entre tanto dato.

Ante los nuevos estímulos, la reacción de la prensa escrita no se hizo esperar. El periodismo deambula hoy por dos caminos. Por uno, cede a la influencia de los medios digitales y la televisión y compite visualmente con ellos, además de “espectacularizar” los contenidos y ceder la conformación de la agenda a los campos económicos y políticos.

Por otro, profundiza la dimensión explicativa, interpretativa e investigativa de sus producciones y busca nuevas formas narrativas para comprender y hacer comprender el mundo. Rescata el paradigma de la noticia como bien público; por lo tanto, la noticia es lo importante y no sólo lo interesante. La imaginación periodística enunciada por Carlos Zeller (2001) ayuda a construir la agenda.

Los senderos que se bifurcan

El primer camino está pavimentado con falta de trabajos originales, con agendas impuestas a los periodistas desde afuera (campo político o económico) o por superiores que no son periodistas, sino empresarios, con material escalofriante, con fuentes oficiales u otros medios, con denuncias con amplias coberturas pero sin verificación o, directamente, manejándose con rumores y ninguna fuente.

En cuanto a la competencia visual, los medios gráficos aumentaron el uso de imágenes, fotografías, infografías, color, tipografías… los textos son más cortos y se utilizan más recuadros. El diario USA Today es un claro ejemplo de este nuevo estilo: formato estándar, mucho color, textos breves, ediciones simultáneas en todo el país, bloques de información, lectura iconográfica, las páginas imitan una pantalla de computadora. Manuel López (2004) lo pone como ejemplo a seguir. En su libro “Nuevas competencias para la prensa del siglo XXI habla de lo que debería ser el periodismo escrito en el futuro si no quiere desaparecer. Aunque casi todo el trabajo hace referencia a cuestiones de diseño y a opiniones de empresarios en cuestiones como ventas y publicidad y poco a lo que el público pudiera necesitar. La noticia es una mercancía que debe venderse. En Argentina, si bien todos los diarios cedieron a esta impronta, Perfil es quien presenta un mayor cuidado a la hora de diagramar sus páginas balanceando textos, color e imágenes.

La otra vertiente basa su labor en el periodismo interpretativo. Busca brindar todas las dimensiones de un acontecimiento, sus antecedentes, sus consecuencias y el análisis valorativo de los hechos. El periodista busca brindar explicaciones que ayuden al ciudadano a comprender el mundo y poder participar de él basado en un conocimiento responsable de la realidad (nuevamente Perfil es un ejemplo de un diario que se “arrevistó” y se publica semanalmente con este norte; los suplementos “Enfoques” de La Nación y “Zona” de Clarín, también sirven como muestra. Se construiría de este modo la opinión pública crítica y racional a la que aspira Habermas para la construcción de una verdadera democracia. De igual modo el periodismo de investigación apunta en esta dirección, Daniel Santoro de Clarín y su premiada investigación sobre el tráfico de armas es un ejemplo de ello -otros, de diferentes épocas y estilos, Walsh y Vertbitsky-.

Pero además del periodismo interpretativo e investigativo, surgen nuevas narrativas que buscan distintas maneras de explicar los acontecimientos. El mundo cambió y las formas de narrarlo también deben aggiornarse. El “Nuevo Periodismo” de Wolfe, fue un camino. Las crónicas, como género síntesis del periodismo, las ciencias sociales y la literatura, es otro. Ejemplos son los trabajos de Rossanna Reguillo, Carlos Monsiváis, José Roberto Duque, Pedro Lemebel, Alonso Salcedo, Sandra Russo y Cristian Alarcón; en el plano local, algunas cosas de Miguel Guerrero, otras de Elvira Córdoba, también el suplemento de Crónica (Com. Riv.) “Desde el Margen”, aunque promete con el título más de lo que cumple en sus producciones.

Esta ruta ayudaría a consolidar la democracia y estaría en sintonía con el trabajo de Pippa Norris “El círculo virtuoso” (Harvard), en el que establece que la televisión y los diarios influyen de manera disímil en la sociedad. Por ejemplo: las sociedad diario-céntricas tienen democracias más sólidas y consolidadas (Noruega, Japón, Islandia, Finlandia y Suecia); las tevé-céntricas tienen menor calidad democrática y mayor injerencia de los gobiernos en la prensa (Grecia, Turquía y México). La Argentina, según el estudio, se ubica en un punto intermedio.

Para cualquier medio

Sea escrito o audiovisual, de lo que se trata es de periodismo. Para ambos valen los mismos criterios y estándares para realizar un buen trabajo, más allá de las peculiaridades de sus soportes. Es decir: investigar, verificar -la doble verificación que predica Colombo: de hechos y de fuentes-, chequear, explicar, contextualizar, informar y comunicar. Seguir el paradigma de la información como bien público y tener presente las necesidades de la gente. El hombre busca sentido, tiene una pulsión por él. Es preciso darle las respuestas que necesita, utilizando la sensibilidad para situarse en el lugar del otro y la imaginación periodística para romper con el mediacentrismo tradicional, amén de no atarse a modas o presiones. Como dice Umberto Eco (2002), seguir la “vía Fidjiana” o la de “atención prolongada” (darle cabida a los temas importantes y seguir procesos, no acontecimientos, respectivamente), y regresar a las secciones duras, sin olvidarse por ello, de las blandas (Ford, 2006).

En cuanto a los lectores, Ramonet les recuerda que informarse cuesta, pero el esfuerzo vale la pena. Exige una verdadera movilización intelectual, pero redunda en una mejor calidad democrática.

Apéndice

De todos modos, la mejor forma de escapar a la ficcionalización estética y la vacuidad de contenidos de la mayor parte del periodismo audiovisual o escrito es recuperar un periodismo de calidad -que puede aplicarse en ambos tipos de medios-. Entrelazando las variopintas formas de encarar la renovación periodística reseñadas hasta aquí, y conjugándolas con los criterios emanados de la Maestría en Periodismo y Sociedades de la Información de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Fundación Walter Benjamin de Buenos Aires -especialmente el seminario de Josep Lluís Gomez Mompart-, junto con los estándares informativos en la CBS, NBC y ABC de Estados Unidos, estudiados por José Alberto García Avilés, se puede conformar una constelación de cuatro dimensiones para crear un periodismo de calidad.

Ellas son:

1) Cuestiones éticas y deontológicas (“Los principios”)

2) Fuentes y documentación (“La materia prima”)

3) Tratamiento y desarrollo de la información (“La redacción”)

4) Relación con la Opinión Pública (“La Función”)

 

1) Cuestiones éticas y deontológicas: entran a jugar aquí:

a) la veracidad de la información

b) la responsabilidad al dar una información

c) la honestidad

d) la seriedad

e) la separación de información y publicidad

f) el hiato entre información y opinión

g) la equidad entre protagonistas

h) el contraste de las distintas posiciones

i) el no recibir sobornos o regalos

j) el respeto por la legalidad democrática

k) la defensa de los Derechos Humanos

 

2) Fuentes y documentación: se debe tener en cuenta

a) la comprobación de los hechos

b) la indagación y la investigación

c) el uso de fuentes de primera mano

d) pluralizar las fuentes

e) verificar las fuentes

f) no asumir fuentes ajenas sin identificarlas

g) explotar los bancos de datos

h) buscar los antecedentes del acontecimiento

i) contextualizar toda la información y relacionarla

 

3) Tratamiento y desarrollo de la información: realizar

a) un abordaje completo (las seis “W”)

b) un enfoque adecuado (el tono de la narración)

c) una mirada antrocéntrica

d) una coherencia interna de la noticia (que sea lógica)

e) un género y un texto pertinentes con el tema y con el medio

f) un lenguaje rico y variado, con uso de imágenes

g) un espacio-tiempo ajustado

h) una presentación atractiva

i) una escritura-oralidad cuidada

j) un léxico preciso, nada de ambigüedades o vaguedades

k) relatos agradables, entretenidos

 

4) Relación con la Opinión Pública: brindar

a) informaciones de interés público

b) noticias relevantes

c) independencia de poderes e instituciones, entidades o personajes

d) autonomía de ideologías y conceptos

e) discursos abiertos (sin moralina)

f) contribuciones a la reflexión

g) informaciones que coadyuven a la deliberación

h) informaciones que promuevan la ciudadanía

i) noticias que escapan a las descalificaciones

j) trabajos que rehuyan de las polémicas estériles

 

BIBLIOGRAFÍA:

– ALSINA, Miquel Rodrigo (1999): La construcción de la noticia. Barcelona, Paidós.

– _______ (1995): “Redefiniendo el concepto de información”, en Voces y Culturas, nro. 7, I semestre de 1995.

– BÄR, Nora (2002): “La caja boba”, en La Nación, secc. Ciencia/Salud, 13 de noviembre de 2002.

– BLEICHMAR, Silvia (2004): “Sadismo, crueldad, marcas”, en Página/12, secc. Sociedad, 2 de agosto de 2004.

– COLOMBO, Furio (1997): Últimas noticias sobre el periodismo. Barcelona, Anagrama.

– DUPLATT, Adrián Eduardo (2005): “El periodismo herido. Muñecos, soldados y horas de cierre”, en Narrativas. Revista Patagónica de Periodismo y Comunicación, nro. 4, abril / junio de 2005, www.narrativas.com.ar

– ECO, Umberto (2002): “Cuando domina la TV”, en Etcétera, junio de 2002, www.etcetera.com.mx

– ESCUDERO, Lucrecia (1997) “¿Quién es el autor de las noticias. Acerca del contrato mediático de la información”, Rev. Sociedad, No. 11, agosto de 1997).

– _______ (1996): Malvinas: el gran relato. Fuentes y rumores en la información de guerra. Barcelona, Gedisa.

– FITOUSSI, Jean Paul (2003): “Un mal regreso de las ideologías”, en Clarín, sección Opinión, 23 de abril de 2003.

– FORD, Aníbal (2006): “No es cierto que la tecnología lo resuelve todo”, en La Nación, secc. Política, 12 de agosto de 2006.

GOMIS, Lorenzo (1991): Teoría del periodismo. Cómo se forma el presente. Barcelona, Paidós.

– LÓPEZ, Manuel (2004): Nuevas competencias para la prensa del siglo XXI. Barcelona, Paidós.

– RAMONET, Ignacio (2001): “Comunicación contra información”, en Sala de Prensa, nro. 30, abril de 2001, www.saladeprensa.org

– ROST, Alejandro (2004): “La actualidad múltiple del periodismo digital”, en Sala de Prensa, nro. 69, julio de 2004, www.saladeprensa.org

– VAN DIJK, Teun (1994): Prensa, racismo y poder. México, Univ. Iberoamericana.

– VERÓN, Eliseo (2004): Fragmentos de un tejido. Barcelona Gedisa.

– ZELLER, Carlos (2001): “Los medios y la formación de la voz en una sociedad democrática”, en Anàlisi, nro. 26, 2001.