Estructura y contenidos

Arquitectura del discurso periodístico

 

Retórica y periodismo. El hexámetro técnico. Aportes del Principio de Cooperación.

Adrián Eduardo Duplatt
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La estructura del discurso periodístico no es aleatoria. Al redactar una noticia se organiza la información bajo un título, siguiendo una planificación previa de acuerdo al género de que se trate. Esa planificación tampoco es arbitraria. Busca hacer comprensible el texto a un sinnúmero de lectores desconocidos y variopintos. Apela, entonces, a códigos estándares y estilos que han probado su eficacia a la hora de comunicar al otro. Con estas herramientas se construye la noticia.

Su arquitectura es tributaria de la retórica griega, de la oratoria romana, de las categorías kantianas, del principio de cooperación y de la propia evolución del discurso periodístico. Toda noticia sigue determinados cánones que son respetados por todos los medios. Sólo varían de acuerdo al propio contrato de lectura de cada uno, que le dará un matiz propio al discurso de cada empresa gráfica, radial o audiovisual.

En todo caso, la comprensión, estructura y producción de la información se amoldan a lo que Teun van Dijk (1996) llamó macroestructura y superestructura de la noticia (conceptos trabajados también por Ma. Rosa Bueno Lajusticia -2000-).

Temas y esquemas de la información periodística

El tema de una noticia está dado por lo que Van Dijk (1996) llama macroestructura semántica: la descripción global del texto.

La noticia tiene profusos temas que son desiguales en cuanto a su jerarquía informativa. Las proposiciones de cada tema se subordinan a uno principal que se indica en el título. Este, entonces, refiere cuál es el tema sustancial, lo más importante que debe saber el lector. De ahí que tenga una posición destacada en el armado gráfico del texto.

El tema/título de una noticia es -se reitera- la macroestructura semántica

… que puede expresarse mediante un resumen y que define lo que subjetivamente es la información más importante, la sustancia, el objetivo final del texto… Los temas son cruciales para el entendimiento total de un texto… y funcionan como un control semántico global sobre el entendimiento local en el micronivel (Van Dijk, 1996:59).

La macroestructura es la brújula de todo el texto. Al brindar cohesión y coherencia a las distintas proposiciones, facilitan al lector la comprensión de lo que se está informando. Acotan la cantidad de interpretaciones que se pueden realizar de ese discurso.

Gracias a la macroestructura se puede percibir al texto como a un todo, al brindarle unidad semántica. Para descubrirla basta con leer el título que, a su vez, es el resumen de la información. El título es lo visualmente más destacado del texto periodístico y deja ver cuál es el tema de la noticia. Además, condiciona la lectura del resto de la información al saber que cualquier otro dato que se ofrece está en relación con aquel principal.

Ahora bien, los diversos temas -microproposiciones- del texto no conforman una azarosa lista descolgada del titular. Siguen una estructura jerárquica. Los datos se adecuan a categorías fijas -y no tan fijas, de acuerdo al género informativo- y se desarrollan siguiendo lineamientos de causas, antecedentes o consecuenias y las reglas de especificación. Estas, al decir de Van Dijk (1996) ofrecen los detalles de la noticia de acuerdo a especificaciones que van de lo más abstracto a lo más preciso, y de las de detalles del más alto nivel, a las de más bajo: lugares, tiempos, cantidades, identidades… lo que Lucrecia Escudero (1996) llama estrategias discursivas del discurso de la prensa a fin de ganar credibilidad. Se busca, en definitiva, un efecto de realidad.

Esta característica estructural de la noticia es también el resultado de una estrategia de la producción que considera las limitaciones de la relevancia y las estrategias de lecturas posibles, de modo que los lectores obtengan primero la información más importante (Van Dijk, 1996:71).

Por lo tanto, el significado total -macroestructura- necesita de una sintaxis que normalice el modo en que los subtemas y especificaciones se insertan en la totalidad del texto. La superestructura del discurso es la encargada de ordenar la información con un esquema determinado y respondiendo la seis W clásicas del periodismo. Se trata del organigrama formal del texto.

El esquema está conformado por una retahíla de categorías ordenadas valorativamente. El orden es variable. Cada tipo de discurso tiene su superestructura propia, sea el discurso periodístico, científico, literario, de la vida cotidiana… El informativo de los medios sigue, en lineamientos generales, el señalado por Van Dijk (1996).

Básicamente, la noticia comienza con la macroestructura, jerarquizada visualmente para su rápida lectura. Forma un conjunto que se denomina titular e indica con claridad de qué se trata la noticia. Luego sigue un encabezamiento o copete y, por último, el cuerpo del texto.

El “Manual de Estilo” del diario Clarín muestra en forma concisa cómo está compuesto el titular: un título, una volanta y una bajada.

El título es un texto breve, informativo qué indica qué es lo más importante de toda la información, cuál es LA noticia. Puede ser el qué pasó, el quién hizo algo o cualquier otro dato relevante. El resto de las W se irán respondiendo en el cuerpo informativo.

Ese título puede estar precedido por una frase contextualizadora -muy escueta- que anticipa lo que sigue, y seguido de un texto de dos o tres líneas que indiza el resto de las particularidades del tema.

Visualmente se presenta de este modo:

Después del titular viene el encabezado o copete (o lead). Se trata de un párrafo que funciona, también, como una macroestructura al profundizar la información del título. Esto suele hacerse ampliando alguno de los aspectos del título.

Por último, la noticia despliega su cuerpo. El resto de la información se desarrolla acatando de manera no rígida el esquema de Van Dijk, reservándose para el final alguna revelación que resulte de interés para el lector. La organización planteada varía de acuerdo al género. Debe tenerse presente que Van Dijk “no distingue entre relatos objetivos… y relatos interpretativos… mucho más ricos y complejos que los simples relatos objetivos” (Martínez Albertos, 1989:24).

El lector de un periódico, entonces, cuando está ante una noticia, percibe visualmente su importancia a través de la jerarquización del titular. Además de saber cuál es el tema, se entera de su importancia. Podría decirse que el título es la primera puerta de entrada a la información, pero no la única. Puede tener accesos alternativos como el copete o los elementos paratextuales.

Estos pueden ser icónicos o textuales. Los últimos son la tipografía, colores del texto, etc., que conforman el titular. Los primeros son las fotografías, dibujos, infografías y demás imágenes que brindan información. Por lo tanto, dichos elementos no son meros aditamentos estéticos de la noticia, sino que son elementos informativos que pueden funcionar independientemente del texto informativo en sí. Una fotografía con su epígrafe deben hacer saber al lector qué es lo que ocurrió, cuál es la noticia de que se trata.

La superestructura es el continente de la noticia, su contenido está dado por las respuestas a las tradicionales 6W.

Las seis W

Para Mauro Wolf (1991), en la primera mitad del siglo XX se estaba en la búsqueda de un paradigma para el análisis sociopolítico y comunicacional y fue Harold Lasswell, quien, superando la teoría de la aguja hipodérmica, enunció que

Una forma apropiada para describir un acto de comunicación es responder a las siguientes preguntas: ¿quién dice qué a través de qué canal a quién con qué efectos. El estudio científico del proceso comunicativo tiende a concentrarse en algunos de estos puntos interrogativos (Wolf, 1991:30).

El modelo de Lasswell sistematizó la incipiente investigación de la comunicación alrededor de sus temas centrales y más longevos: el análisis de los efectos y el análisis de los contenidos.

Una premisa importante de la que parte Lasswell es que la comunicación es intencional y tiende a un fin, a obtener un cierto efecto. Estos dependen tanto del emisor como del receptor y del contenido del mensaje.

El mensaje periodístico no es la excepción. Más allá de cuál sea la intención del emisor -periodista o dueño de los medios-, el mensaje debe estar estructurado de una manera que sea efectiva y con un contenido eficiente a la hora de persuadir al receptor.

La información del discurso periodístico tiene que ser persuasiva. En primer lugar tiene que persuadir de que es verdad y, después, podrá concretar su intencionalidad. El modo de concretar este fin es la organización y disposición de las palabras. El estilo de la comunicación periodística tiene su origen en la Retórica clásica y podría afirmarse que el modelo de Lasswell, también.

Aristóteles fue uno de los primeros en estudiar y sistematizar el análisis del discurso. Para él, el discurso tenía tres partes: el que habla, sobre lo que habla y a quién le habla, centrándose en el quid, aquello sobre lo que se habla.

Dijo que para estructurar un buen discurso es necesario tener en cuenta la personalidad de quien habla o escribe; las técnicas que impulsan a quien escucha o lee a tomar una determinada posición y lo que muestra el propio discurso. Se persuade por la fuerza del argumento y su evidencia, pero también por la fuerza y autoridad del orador y el estado emocional del auditorio (Femenías, 2001). Cuando analiza la expresión del discurso enumera varias reglas para conseguir los objetivos que se pretenden, v.gr. claridad, corrección, expresión adecuada, entre otras, reglas que “están recogidas en la teoría moderna de la redacción periodística” (Vargas, 1999:90).

El qué, entonces, es el contenido y la disposición de la información en el texto oral o escrito. De ello se ocupó la retórica, influyendo en el periodismo hasta el presente.

Retórica y periodismo

Se suele vincular a la Retórica exclusivamente con los géneros periodísticos de opinión. Sin embargo, es aplicable a todo el periodismo.

La periodística, como la retórica, es la organización de un discurso que aspira a producir unos efectos persuasivos entre los diversos tipos de público, función que no está reservada en exclusiva al periodismo de opinión,… en el informativo… se utilizan estrategias de persuasión implícita (Vargas, 1999:76).

Así, existen distintas dimensiones o niveles en la retórica. Si se tienen en cuenta sus efectos, estos pueden ser directos o indirectos, perteneciendo los primeros al periodismo de opinión y los segundos al informativo (Vargas: 1999:77).

El discurso de la prensa no pretende el control de las acciones de sus lectores, sino sobre sus conocimientos del mundo. Van Dijk explica:

[…] el poder de los medios de comunicación es generalmente simbólico y persuasivo, en el sentido de tener la posibilidad de controlar, en mayor o en menor medida, la mente de los lectores; sin embargo, el control no se ejerce directamente sobre sus acciones: el control de las acciones, meta última del poder, se hace de manera indirecta cuando se planea el control de intenciones, de proyectos, de conocimientos a alcanzar, de creencias u opiniones (Van Dijk, 1994).

Por lo tanto, los géneros de opinión tratan de persuadir sin disimularlo y los informativos lo hacen de un modo indirecto. En todo caso, ambos, en primera instancia, tratan de convencer a los lectores de hablan con la verdad, y lo intentan retóricamente.

Como ya se adelantara, la retórica clásica indicó que una comunicación eficaz debía prestar atención a quien emite el mensaje, al mensaje y a quien lo recibe. Centrándose en el mensaje, Aristóteles en su “Retórica” (300aC) ideó un conjunto de cinco fases u operaciones retóricas presentes en todo discurso: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio.

Las dos últimas están reservadas al discurso oral. La memoria es la memorización del texto y el actio los gestos, movimientos, entonaciones que se le imprimirán para ser más convincente. Los tres primeros son aplicables al discurso escrito y perfectamente asimilables al periodismo.

La inventio consiste en la búsqueda y selección de los contenidos sobre los que versa el discurso, todas las aristas posibles del tema en debate. Se trata del contenido, ideas generales, argumentos, recursos persuasivos, enriquecidos por los propios conocimientos y habilidades del enunciador. Establece los contenidos y los temas del discurso. El sustantivo inventio (o invenio) no significa “invención, creación”, sino “hallazgo”. Hallazgo de asuntos verdaderos o, cuanto menos, verosímiles que hagan probable la razón de la argumentación.

La dispositio es la distribución y ordenación de los elementos con que se cuenta. Se trata de una estructura ordenada de ideas y argumentos, v.gr., los más importantes se dejan para el inicio y el final del discurso. El orden responde a un fin: persuadir al lector. Desde el principio se debe buscar su atención para poder convencerlo. Sin la dispositio, la inventio sería una retahíla inconexa de ideas, argumentos y conceptos que no podrían consumar la razón de ser del texto.

Finalmente, la elocutio es la encargada de expresar lingüísticamente lo hallado por la inventio y ordenado por la dispositio. Se trata del ropaje que viste las ideas. La manera de decirlo mediante palabras, frases, párrafos, recursos de la poética, etc., para potenciar el discurso. Atañe, básicamente, a la gramática y constituye el estilo del enunciador.

En el 100 dC, Marco Fabio Quintiliano compiló las diversas tesis de la retórica griega en doce tomos: “Institutio oratoria”. Lo hizo de un modo claro y didáctico, influido por Cicerón (100 aC). En el tomo IX se puede leer, v.gr., que la lectura es fundamental para el orador. También elaboró un exámetro técnico sobre las circunstancias que no deben faltar cuando se habla de un tema (reelaborado en el siglo XII por Mathieu de Vendome en su “Ars versificatoia”). En el hexámetro están presentes las preguntas quis, quid, ubi, quibus auxiliis, quo modo y quando (quién, qué, dónde, con qué ayuda, cómo y cuándo).

La conexión entre retórica y periodismo resultan claras. En un análisis teleológico ambos buscar persuadir de que hablan con la verdad y de algo más que dependerá del enunciador y sus intenciones. Para hacerlo se valen del lenguaje, en este caso, del discurso.

Así, estructuran sus textos para que potencien su efecto persuasivo. Es aquí donde el periodismo abreva de la retórica clásica y sus estudios sobre la eficacia del discurso para convencer a los lectores de su credibilidad y sus razones.

Si la retórica habla de la importancia del primer párrafo y del último, pues, el periodismo habla de la importancia del título y el primer párrafo para captar la atención del lector y de no menospreciar al último; la retórica habla de la lectura para poder ser un buen orador, el periodismo de la lectura para poder escribir bien; ¿qué es la dispositio de Aristóteles, sino la superestructura de Van Dijk?; la confección de la inventio es, entonces, la búsqueda de la investigación periodística, en la que el hexámetro de Quintiliano son las conocidas seis W del periodismo; y la elocutio bien podría ser el origen del estilo periodístico (o estilos de la comunicación periodística, según Albert Chillón (1999), en el que la claridad y precisión son dos características esenciales.

Pero no solo de la retórica clásica se vale el discurso periodístico para llegar a sus lectores. La noticia es creíble si los convence que es verdad y, entonces, se vale de la retórica por su finalidad persuasiva y estética. Sin embargo, estudios lingüísticos sobre las conversaciones de la vida cotidiana también son útiles para redactar una información.

Principio de Cooperación y periodismo

Con Paul Grice (“Lógica y conversación”) el centro de atención de la investigación lingüística pasó de los contenidos de los enunciados a las condiciones en que se produce la comunicación en la vida cotidiana. Estos estudios dieron origen, posteriormente, a la Teoría de la Relevancia.

Grice explica que se entiende una frase por sus implicancias semánticas (contenidos explícitos semánticos) y por las circunstancias en que fue dicha (contenidos implícitos comunicacionales). Las primeras hacen a la semántica del enunciado y las segundas, a la semántica y pragmática de la misma. En este último caso, para que la conversación sea entendible, es necesario apelar a las implicaturas conversacionales.

Un enunciado contiene implicaturas lógicas que se infieren del propio texto. Si alguien dice que tiene tres hijos, pensamos que tiene tres si no hay otro tipo de información que la desmienta. Pensamos que dice la verdad. Pero si resulta que tiene cuatro es dable pensar que mintió. Sin embargo, desde el punto de vista lógico del lenguaje, no faltó a la verdad. Quien tiene cuatro hijos debe tener tres, dos y uno. No se puede tener cuatro hijos sin tener antes tres. Lo que ocurre es que se empleó otro tipo de implicatura que no se deriva de la lógica del enunciado en sí, sino de las condiciones de producción de él. La implicatura conversacional hizo pensar que el “tengo tres hijos” significaba “tengo sólo tres hijos”, ni uno más, ni uno menos.

Estas conclusiones trascienden el mensaje literal y derivan de las condiciones pragmáticas de la conversación; se trata de un proceso que se desprende del Principio de Cooperación y sus máximas conversacionales.

Para Grice la conversación no es irracional, sino que es necesario un cierto grado de esfuerzos cooperativos, de normas socialmente aceptadas por los participantes de cada acto comunicativo. El Principio de Cooperación estipula que se debe realizar una contribución a la conversación como se ha pedido, en el momento adecuado y de acuerdo a su propósito.

El principio consta de categorías y máximas:

– Cantidad: completa; no más de lo necesario
– Cualidad: verdadera; nada falso; nada sin verificar
– Relación: cosas relevantes al tema
– Modalidad: claridad; sin ambigüedad; breve; ordenada

Es decir, para que la comunicación sea eficiente se debe decir lo necesario, no debe faltar información, pero tampoco sobrar; la información de más se convierte en ruido que entorpece el intercambio entre los presentes.

Además, debe decirse la verdad, no mentir en ningún momento y, no menos importante, no afirmar nada que no haya sido previamente verificado; por lo tanto, los rumores también afectan la eficiencia de la comunicación.

Obviamente los aportes a la comunicación deben seguir los lineamientos establecidos por el tema; cualquier contribución que se aleje de él, corre el riesgo de desviar el fin del intercambio de mensajes.

Finalmente, los mensajes deben ser claros y breves, enunciados en forma ordenada y sin ambigüedades; de esta manera, serán más comprensibles.

(En las categorías de Grice pueden vislumbrarse las entidades del modelo kantiano del conocimiento: un mundo exterior, fuera del sujeto, concretamente sensorial; un aparato subjetivo -un sujeto que organiza con intuición- y un fenómeno espacio temporal que da sentido a la experiencia. Esta última entidad organiza el pensamiento en categorías: cantidad, cualidad, negación y modalidad).

En estos términos, las categorías y máximas del Principio de Cooperación de Grice bien pueden ser un perfecto manual de redacción periodística, de allí la importancia de tenerlo presente a la hora de escribir una noticia. A grandes rasgos, los imperativos periodísticos igualmente indican dar toda la información y no redundar, decir la verdad y confirmar todo lo que se dice, no desviarse del tema y comunicar con claridad, brevedad y precisión.

Final de crónica

La organización del mensaje periodística no es aleatoria. Responde a la necesidad de ser efectivo en lo que quiere comunicar o lo que quiere persuadir. La distribución de la información en una noticia se desarrolla con ese Norte. Tanto la macro como la superestructura del discurso de la prensa no son propias de él. Sus orígenes pueden rastrearse en la retórica clásica y en sus principios estéticos y modelos de discursos persuasivos. En los contenidos de los mensajes actuales, no puede desdeñarse el Principio de Cooperación, como un aporte a tener en cuenta para elaborar una noticia cierta, precisa, completa y clara.

Con estos conceptos es dable construir el capital principal de la prensa: su credibilidad.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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CHILLÓN, Albert (1999): Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas. Barcelona. UAB.

ESCUDERO, Lucrecia (1996): Malvinas: El gran relato. Fuentes y rumores en la información de guerra. Barcelona. Gedisa.

FEMENÍAS, María Luisa (2001): ¿Aristóteles filósofo del lenguaje? Buenos Aires. Catálogos.

MARTÍNEZ ALBERTOS, J.L. (1989): El lenguaje periodístico. Madrid. Paraninfo.

VAN DIJK, Teun A. (1996): La noticia como discurso. Comprensión, estructura y producción de la información. Madrid. Paidós.
_____________ (1994): “Análisis crítico del discurso” en línea, en Cátedra Unesco, www.geocities.com/estudiscurso/vandijk_acd.html ; fecha de consulta: 05/06/02.

VARGAS, Natividad Abril (1999). Periodismo de opinión. Madrid. Síntesis.

WOLF, Mauro (1991): La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas. Barcelona. Paidós.

 

Publicado en Narrativas nro. 20 – abril / junio de 2010.