Periodismo de investigación

 

Similitudes y diferencias entre los periodismos de investigación, de denuncia, de rutina, de precisión y de filtración, y algunas referencias históricas para su comprensión.

Adrián Eduardo Duplatt
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Precisiones conceptuales

Una primera distinción entre las formas posibles de relacionarse con la información que se comunica la establece Pepe Rodríguez (Rodríguez, 1996:23/24) al separar al periodista informador del periodista investigador.

El periodista informador es el que con

las técnicas habituales de la profesión, elabora una información procedente de una fuente atribuible y/o un hecho que, por su configuración espacial y temporal, estuviese en la superficie de la realidad y apto para ser un valor noticiable imparable a corto plazo (Rodríguez, 1996:24).

Es decir, su información de todos modos hubiera sido publicada por otro medio a raíz de la acción judicial o policial, una conferencia de prensa, por ser un acontecimiento público…

El periodista investigador, por su parte, es el que utiliza técnicas habituales de la profesión

u otras específicas y/o habitualmente atribuibles a profesiones ajenas a la suya detective, policía, abogado, historiador, etc.), elabora una información producto de un número indeterminado de fuentes (atribuibles o no) y de un análisis personal de datos, contrastados con mayor o menor eficacia, que le conducen a comunicar una noticia sobre una realidad que, por su propia configuración y naturaleza, estaba destinada a permanecer oculta durante un período de tiempo indefinido (Rodríguez, 1996:23/24).

En este caso, la información no hubiera salido a la luz sin la intervención del periodista. El periodista informador da a conocer noticias que intencionalmente las fuentes quieren hacer públicas o que por su propia naturaleza iban a entrar en la agenda de los medios; en tanto, el periodista investigador elabora su información sobre hechos que quieren ser ocultados y, sin su intervención, así sería. En las noticias producto de investigaciones, el periodista es actor de la misma. Aquí la noticia puede (debería) acarrear procesos sociales e informativos (Rodríguez, 1996).


Otras distinciones conceptuales. 
Diferencias entre periodismo informador e investigador (Rodríguez, 1996).

Guillermo Cortez Domínguez (1999) afirma que por naturaleza el periodismo es investigativo. Incluso las inocuas notas informativas. Todo dato debe ser confirmado y, por lo tanto, requiere de esfuerzo y de investigación. Por ello, reserva el mote de “periodismo investigativo” para los trabajos que abordan en profundidad temas relacionados con actividades delictivas (malversaciones de caudales públicos, tráfico de influencias, narcotráfico, desapariciones, ejecuciones…). Cuando el tópico no está relacionado con el delito, lo llama “periodismo en profundidad”. Este sería el reportaje en profundidad, entendido como un trabajo periodístico que profundiza y abarca todas las dimensiones de un acontecimiento que no tiene por qué ser oculto. También podría tratarse de un suceso ampliamente difundido en la opinión pública, pero que no se agotó en todas sus facetas noticiosas.

(Gabriel García Márquez, en un artículo en el diario El País (20/10/96) afirmó que la formación periodística universitaria debe sustentarse en tres pilares fundamentales. Uno de ellos “es la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición”)1.

En este sentido, Josep Lluìs Gómez Mompart2 acuerda con la idea de que en tanto en el periodismo de investigación, como en el informador, se realiza una actividad de búsqueda de información, pero realiza la distinción entre indagación e investigación. El periodismo cotidiano o informador efectúa indagaciones, y el de investigación, investiga.

Para Gómez Mompart, indagar es buscar la verdad con preguntas o por medio del pensamiento; en tanto, investigar, es buscar la verdad con preguntas, por medio del pensamiento, con experimentación, con prácticas, contrastando datos, analizándolos, interpretándolos… La investigación significa un rol mucho más activo por parte del periodista, que no se satisface con realizar preguntas y obtener respuestas. El investigador va más allá de la superficie de la información o de los acontecimientos.

Por su parte, Daniel Santoro (2004) resume el periodismo de investigación con tres características: 1) la realiza el periodista, no la policía, la justicia o particulares interesados; 2) algún poder está interesado en mantener oculta la información y 3) sus temas interesan a la opinión pública.

A su vez, Cortés Domínguez (1999) efectúa una diferenciación entre investigación y denuncia. Refiriéndose a la Nicaragua de Anastasio Somoza (en los ´70), habla de “denunciología”:

La denuncia no es lo mismo que periodismo investigativo, el cual pretende llegar hasta las raíces de los hechos, comprobándolos mediante documentación y de fuentes vivas. La denuncia se queda en publicar una información proporcionada por alguien, filtrada por alguna institución, escuchada subrepticiamente, u obtenida por cualquier vía, no comprueba los hechos y no toma en cuenta la parte aludida (Cortés Domínguez, 1999).

La distinción entre denuncia e investigación también la realizan Martín Malharro y Diana López Gijsberts (1999). Denunciar sería el “dar a conocer la comisión de un ilícito, dejando a las autoridades correspondientes su posterior investigación y condena”. La denuncia lleva implícita la idea de “pasa esto, ahora investigue quien corresponda” (Malharro y López Gijsberts, 1999: 21).

Malharro y López Gijsberts explican que la denuncia existió desde el inicio del periodismo en Argentina, pero que la investigación propiamente dicha tiene su génesis con Rodolfo Walsh y su “Operación Masacre”.

Este trabajo periodístico no sólo denunciará el fusilamiento extrajudicial de varios civiles el 9 de junio de 1956, a la sombra del levantamiento cívico militar del general peronista Juan José Valle, y presuntamente tras declararse estado de sitio, sino que irá más allá. Ante la desconfianza que suponía para Walsh dejar la investigación del hecho en manos de las autoridades que integraban el Estado que fusila, él asumirá esa tarea. Descubrirá que se trató de un fusilamiento ilegal: quién ordenó la matanza y de qué manera se llevó a cabo. Rodolfo Walsh se encargará de buscar datos, los chequeará, confrontará con la versión oficial, detectará contradicciones y finalmente hallará la verdad de lo sucedido. Reconstruirá una verdad que pretendió ser ocultada o tergiversada por los poderes establecidos. Esa tarea de reconstrucción marca la diferencia con el periodismo de denuncia y define al periodismo de investigación (Malharro y López Gijsberts, 1999:22).

En síntesis: la denuncia, muestra; la investigación, demuestra; o, como dice, José María Caminos Marcet (1997a), el periodismo cotidiano da la fotografía del suceso; el de investigación, la radiografía.

Investigación periodística y periodismo de investigación

Caminos Marcet, en una posición cercana a Gómez Mompart, cree que “una cosa es investigar, comprobar y contrastar con minuciosidad todo lo que se publica -investigación periodística- y otra bien distinta es practicar periodismo de investigación” (1997a:18).

Aquí se define al periodismo de investigación por la búsqueda de la verdad de acontecimientos ocultos y por el conflicto que se plantea entre el medio y el actor del acontecimiento que quiere ser encubierto.

Petra María Secanella (cit. por Caminos Marcet, 1997a:20) distingue tres rasgos esenciales en el periodismo de investigación:

1) es producto de la iniciativa del periodista (no de informaciones elaboradas por terceros)

2) debe referirse a temas importantes para la comunidad

3) y esos temas deben querer ser mantenidos en secreto por personas o instituciones

A los que Caminos Marcet (1997a:24/25) agrega:

4) diversidad de fuentes no oficiales

5) actividad periodística en profundidad

6) uso de procedimientos de otras profesiones o ciencias sociales

7) no hay lugar para el error: comprobación exhaustiva de cada dato

Con respecto a los ámbitos del periodismo de investigación, Caminos Marcet los lleva a cualquier dimensión de la actividad humana, no sólo a hechos delictivos o de corrupción gubernamental. Todos los temas de los poderes públicos y privados deberían ser objeto de investigación (Gaines, 1996): políticos, económicos, deportes, cultura, sociedad, espectáculos… Las fronteras son ingentes.


De la videopolítica al periodismo de investigación. Distinción entre periodismo de rutina y de investigación (Caminos Marcel, 1997a)

Al hablar de videopolítica se está haciendo referencia a la creciente dependencia de las instituciones políticas -partidos, organismos del gobierno, gremio…- respecto de los medios masivos de comunicación. El fenómeno se menciona también como “norteamericanización de las comunicaciones partidarias” (Muraro, 1997:11). Los periodistas no intervienen en la relación del político con el público. En cambio, cuando el periodista cumple un rol activo en el proceso comunicacional político, Heriberto Muraro (1997) habla de “periodismo de investigación”.

La videopolítica corresponde a lo que hacen los políticos con los medios; en tanto, el periodismo de investigación es qué hacen los medios con los políticos (Muraro, 1997).

Para Muraro el rasgo dominante del periodismo de investigación es su actitud crítica ante los políticos:

Consiste en comunicar al lector aspectos de la vida pública que los dirigentes partidarios o los funcionarios preferían mantener bajo reserva: rencillas internas, negociaciones en proceso de elaboración, manejos ilegales de recursos públicos, escándalos privados y hasta las vacilaciones y lapsus de los líderes políticos (Muraro, 1997:15)

A modo de prolepsis, Muraro aclara que suele calificarse como “prensa amarilla” este tipo de trabajo, pero, en los últimos años, abarcó temas complejos como la Guerra de Malvinas, la Corte Suprema de Justicia, planes económicos, contrabandos de armas… por lo que su utilidad social se tornó manifiesta.

Se trata de “una competencia activa entre medios y políticos por la conducción de la opinión pública. El ejercicio activo del poder del cuarto poder” (Muraro, 199716).

Aún así, Muraro reconoce que su rótulo puede confundirse con la labor que realizan v.gr. Horacio Vertbitsky y Oscar Cardozo3, en tanto su definición apunta a “cualquier actividad periodística que vaya más allá de la reproducción de mensajes de terceros y esté acompañada de un análisis crítico de documentos” (Muraro, 1997:17).

Fases del periodismo de investigación

A fin de clasificar las etapas del proceso investigativo, José Manuel de Pablos (1999) divide el trabajo periodístico en cinco fases, que llama “Fases P”; a saber:

– 1ª fase P: la pista

– 2ª fase P: la pesquisa

– 3ª fase P: la publicación

– 4ª fase P: la presión

– 5ª fase P: la prisión

La primera fase P (la Pista) se refiere a la obtención de algún dato que movilice la atención del periodista y lo motive a iniciar una investigación. Un ejemplo de esto es el conocido “Hay un fusilado que vive”, con el que Rodolfo Walsh tuvo su primer conocimiento sobre los fusilamientos de 1956.

La segunda fase P (la Pesquisa) es la investigación propiamente dicha: búsqueda de fuentes, confirmaciones, chequeo de datos, entrevistas, documentos, análisis, … lo primero que es necesario corroborar es la pista. Si no se confirma, no hay investigación.

La tercera fase P (la Publicación) se refiere a brindar a la opinión pública el artículo de investigación, con toda su información corroborada y sin márgenes de error. Cada periodista tiene su estilo para presentar la información. Puede ser un estilo informativo, como Verbitsky, o literario, como Walsh.

La cuarta fase P (la Presión): abarca desde la publicación de las primeras informaciones y puede no tener una finalización cierta. Los involucrados tratarán de influir para que la investigación se detenga, no se siga publicando o para desmentirla. La presión puede realizarse contra el periodista, contra el diario, en el diario contra el periodista, con instrumentos legales o directamente con la violencia física.

La última fase P (la Prisión) se vincula con las consecuencias de la investigación. No debe necesariamente acabar con alguien en prisión, sino que se trata de un cambio de situación de los involucrados: cesantía, despidos, condena pública, pérdidas económicas, mengua de la credibilidad,…

El periodismo de filtración

Algunos trabajos periodísticos se presentan como periodismo de investigación, pero en realidad no responden a una iniciativa del reportero, sino que son informaciones -secretas o no- acercadas al periodista por una fuente interesada. Se trata, entonces, de periodismo de filtración.

Casi todas las fuentes tienen algún interés -manifiesto u oculto- en que la información que brindan sea publicada. Cuando el interés es ingente ocurre la filtración, definida como “el suministro interesado o por encargo de sus superiores de información por una fuente que mantiene el anonimato no porque el contenido de la información le perjudique, sino porque infringe la obligación de guardar sigilo” (Caminos Marcet, 1997b).

En la filtración, la fuente es quien acerca información; el periodista es un actora pasivo del proceso. En el periodismo de investigación, el periodista es quien tiene el rol activo y va en busca de datos. Esto no quiere decir que la información no sirva. Es posible que contenga elementos valiosos para una investigación, sólo que debe chequearse exhaustivamente y practicar la doble verificación de la que habla Furio Colombo (1997): de la información y de la fuente.

La filtración se diferencia de la fuente con atribución reservada en que ésta se busca y se mantiene en secreto y la fuente de una filtración, aunque puede ser reservada, tiene -como ya se dijera- un rol activo: va en busca del periodista.

Las filtraciones es una técnica que utilizan los sistemas políticos, sobre todo en épocas de crisis, en la que los funcionarios quieren influir sobre una decisión política o promover una línea de actuación (Caminos Marcet, 1997b).

El periodismo de filtración no es periodismo de investigación, pero sirve para investigar. Cuando una filtración aporta pistas o sirve para comprobar los datos que ya se tienen, no existen inconvenientes en utilizarlas. Caminos Marcet (1997b) cree que el verdadero problema se presenta cuando la fuente entrega un dossier completo y el periodista lo única que realiza es un resumen para su publicación.

En todo caso, para publicar una filtración, previamente se debe verificar toda la información y aclarar al público el modo de obtención del trabajo que se publica.

Periodismo de precisión

El periodismo científico tradicionalmente se ocupa de los sucesos en la ciencia, pero no de utilizar métodos científicos para ejercer el periodismo. Philip Meyer, un pionero del periodismo de precisión, se quejaba de que mientras los científicos sociales pulían y extremaban sus instrumentos y métodos para obtener información, los periodistas seguían aferrados a principios voluntaristas como libertad, objetividad y responsabilidad social, sin revisar sus métodos de trabajo.

El periodismo de precisión viene a cubrir esa falencia, dejando de lado los acontecimientos con valores noticiables para encargarse de procesos o informaciones que no generan autónomamente sucesos que se destaquen en el devenir social.

La noticia bomba duerme a menudo en los archivos, en los silenciosos listados de una base de datos o en las frías y cabalísticas anotaciones estadísticas de una investigación sociológica. Sólo hacen falta unos conocimientos técnicos y metodológicos para aprender a ver -o mirar de otra manera-, lo que se oculta delante mismo de nuestras narices (Dader, 1997:10/11).

José Luis Dader cree que ante la complejidad del mundo actual, con el incremento de información disponible, el periodista tiene que ser un administrador de datos acumulados, un procesador de datos y un analista de ellos (1997:14). La mentira convincente de una fuente puede quedar al descubierto cuando se chequea la información recibida con estadísticas, bases de datos, balances… que proporcionan una perspectiva distinta cuando se cruzan entre sí.

Con este norte, Dader define al periodismo de precisión como “la información periodística que se basa en, desarrolla e interpreta datos empíricos, recolectados, relacionados y verificados mediante métodos científicos de investigación socioestadística o informativa” (1997:22).

Pero, periodismo de precisión no es sinónimo de periodismo de investigación. El primero puede estar al servicio del segundo4 -develar un acontecimiento que quiere ser ocultado-, pero no siempre es así. Ocurre que la utilización periodística del arsenal metodológico de las ciencias sociales -sobre todo, estadísticas e informáticas-, permite manejar información que fue cedida voluntariamente y con la cual se brinda otro tipo de precisión expositiva o aclarativa. Este tipo de métodos pueden aplicarse

No sólo al desvelamiento de los movimientos de algunas personas o instituciones relevantes… sino también a la indagación y comprensión de grandes conjuntos de datos sobre la transformación de la estructura social, los movimientos migratorios o las tendencias culturales en auge o en decadencia, aportando con todo ello, indicadores nítidos y objetivados sobre el cómo o el porqué de las lentas pero determinantes grandes transformaciones sociales (Dader, 1997:45).

En fin, se trata de aplicar la imaginación periodística definida por Carlos Zeller (2001)5 para vislumbrar y entender los procesos sociales, no los meros acontecimientos, recordando que los tiempos sociales no siempre se adecuan a los periodísticos.

Un poco de historia del periodismo de investigación

Los primeros pasos del periodismo de investigación suelen ser situados a principios del siglo XX en Estados Unidos. Allí, un grupo de periodistas hicieron foco en la denuncia pública (con investigación) de la corrupción política e institucional de una sociedad convulsionada por conflictos laborales y sociales.

Los periodistas recibieron el nombre de “muckrakers” (buscadores de basura), término atribuido al presidente Roosvelt en 1906.

Los periodistas investigaban y denunciaban imbuidos del espíritu de la novela realista y naturalista de la segunda mitad del siglo XIX. Gustave Flaubert condensa los rasgos característicos del realismo moderno: “toma en serio episodios reales y cotidianos de las clases menesterosas… y enlaza problemáticamente las situaciones individuales y la casuística de la vida cotidiana con el medio social, económico y cultural de la época” (Chillón, 1999:94). Flaubert practica un realismo objetivo, como Guy de Maupassant, distanciándose en este sentido -objetividad extrema- de Stendhal, Dickens y Balzac. En tanto, el prurito documental fue una categoría central de los naturalistas, quienes sumaron al realismo las improntas del positivismo científico de raíz comptiana y los métodos experimentales. Los escritores naturalistas adoptaron la ambición documental de las ciencias sociales y naturales y del naciente periodismo informativo. Un claro exponente de este estilo fue Emile Zolá con La taberna -1877- y Germinal -1885- (Chillón, 1999).

Las investigaciones de los muckrakers se publicaban en revistas (Cosmopolitan, American Magazine, The Masses) o libros. Los diarios tenían un alcance limitado a la ciudad de edición, no obstante ello, el New York Times y New York World (de Pulitzer) practicaron el periodismo de investigación. El estilo solía ser sensacionalista y con tintes moralizantes. Buscaban impactar en la sociedad mediante sus reportajes. Señalaban lo que estaba mal para que fuera cambiado por quienes correspondía. Tampoco puede obviarse el interés comercial de sus denuncias: cuanto más escandalosas, más ejemplares se vendían.

(Upton Sinclair se encargó de los frigoríficos de Chicago y posteriormente escribió una novela basada en sus investigaciones: La Jungla -1914-. Ida Tarbell explicó los pormenores de la creación de la Standard Oil: Historia de la Standard Oil Company -1902/1904-. Jack London en La gente del abismo -1903- retrató la miseria de la clase obrera de Londres. John Reed escribió los reportajes México insurgente -1914- y Diez días que estremecieron al mundo -1919-).

Las presiones empresarias y gubernamentales fueron ingentes y el periodismo de investigación comenzó a diluirse para prácticamente desaparecer hacia 1920. El paradigma objetivista opacó el estilo de lo muckrakers, que eran una minoría en la prensa norteamericana. La compra de medios por grupos financieros y el manejo de la publicidad también coadyuvó para suavizar sus trabajos.

Las investigaciones reaparecieron en la década del sesenta. Los trabajos eran menos activistas y más profesionales. Se publicaban informaciones en profundidad, con análisis e interpretaciones. Un ejemplo fue el periodista del NYT Nicholas Cage, quien denunció las vinculaciones de Sinatra con la mafia, los turbios manejos de campaña de Nixon y las matanzas de civiles en Viet Nam. Insoslayable es la mención de Bob Woodward y Carl Bernstein (Washington Post) y los sucesos de Watergate.

La investigación en Argentina

La prensa argentina entre 1810 y 1820 tuvo un marcado acento didáctico, más que informativo (Malharro y Gijsberts, 1999). Acorde con un modelo ideológico y político y a los tiempos revolucionarios, las noticias eran ralas e ingentes las opiniones políticas y culturales.

Hubo algunos periódicos como La Gazeta, El Americano y El Censor que criticaron los nuevos gobiernos patrios, pero fueron excepciones y no puede catalogarse el período como de “denuncia periodística”. La Prensa Argentina que se publicó en 1815 fue el primer semanario de oposición. Los demás recibían subsidios y publicidades que entibiaron sus voces (Malharro y Gijsberts, 1999).

A partir de 1820 y a la luz de luchas internas entre unitarios, federales y caudillos, la prensa se volvió panfletaria y más política que antes. Las noticias desaparecieron y la publicidad de ideas fue el leit motiv de las publicaciones. El ascenso al poder de Juan Manuel de Rosas generó una prensa oficialista que relegó al exilio a la oposición. Sarmiento, Alberdi, Mitre, y otros, escribían desde los países limítrofes (Malharro y Gijsberts, 1999).

Con la caída de Rosas (1852) la prensa volvió a ser política y de debate de ideas. Se destacan El Nacional (de Vélez Sarsfield), La Tribuna, El Centinela… En 1870 nace La Nación el que, junto a La Prensa (1869) marcaron diferencias con las anteriores publicaciones. Si bien respondían a proyectos políticos (de Mitre y Alsina, respectivamente), ejercieron un periodismo profesional e informativo. La información era su objetivo principal.

Desde 1810 a 1870 la denuncia, como tal, se realizó escasamente en la prensa, que cedió su tribuna a la literatura. Son ejemplos: El matadero (Esteban Echeverría), Amalia (José Mármol), Facundo (Sarmiento), Martín Fierro (José Hernández)… Estos textos abarcan la historia, el periodismo y la literatura. De la primera obtienen su fuentes documental; del segundo, su inmediatez y la opinión del narrador que le da sentido al mensaje; y de la tercera, la ficción (Malharro y Gijsberts, 1999).

Con la crónica como soporte, la denuncia y la investigación irrumpieron en el escenario periodístico argentino. Género que permite sintetizar descripción y narración de acontecimientos, la crónica utilizó elementos narrativos que la hicieron atractiva, a la vez que informativa.

Roberto Payró en La Nación practicó la crónica de denuncia. En 1892 fue destacado para una gira por el interior de la provincia de Buenos Aires y escribió por entregas “En los dominios platenses”, donde describía los turbios manejos políticos y caudillescos bonaerenses. Trabajo similar realizó en 1893 en la provincia de Corrientes y en 1898 escribió “La Australia argentina”, sobre la Patagonia.

Fray Mocho (“Un viaje al país de los matreros”) fue un alto exponente de la crónica y la entrevista, aunque no tanto de denuncia.

La Nación y La Prensa, pese a basarse principalmente en fuentes oficiales, en ocasiones publicaron denuncias: alojamiento de los inmigrantes, condiciones de trabajo, libertades individuales… A ellos sumó La Razón en 1909 y Crítica en 1913, en el que publicaron Roberto Arlt, Conrado Nalé Roxlo y Borges, entre otros. Crítica llegó a ser el diario de más tirada en lengua española y apuntaba a los sectores populares, por ende, denunciaba asiduamente las condiciones de trabajo de los obreros, de los detenidos en penitenciarías, las torturas después del golpe del treinta, y otras cuestiones más (Malharro y Gijsberts, 1999).

La prensa obrera (La Vanguardia -1894-, El Obrero -1890-, El Descamisado -1879-) denunció con un estilo seco y aportando pruebas, alejándose del estilo literario y editorializante que imperaba en otros medios.

El periodismo de investigación en Argentina comienza con Operación Masacre de la mano de Rodolfo Walsh (1957), a los que se agregan sus siguientes obras El caso Satanowski y ¿Quién mató a Rosendo? El estilo literario de Walsh lo lleva, asimismo, a ser un ícono de la literatura argentina. En Walsh se condensan la definición más meticulosa del periodismo de investigación, el virtuosismo literario y el compromiso social.

Gregorio Selser, Rogelio García Lupo, Raúl Scalabrini Ortiz (Historia de los ferrocarriles argentinos -1940-), son ejemplos que cabalgan entre la investigación y el periodismo en profundidad. Más actuales, periódicos como Página/12, Clarín y La Nación publicaron investigaciones y hubo periodistas que eligieron el libro como basamento para sus trabajos: Daniel Santoro (Venta de armas: hombres de Menem), Horacio Verbitsky (Robo para la corona), Oscar Raúl Cardozo (Malvinas: la trama secreta), y otros.

 

NOTAS:

1 En todo caso, quienes no diferencian mayormente al periodismo de investigación hablan de “periodismo bien hecho sin la presión del día a día y el factor tiempo” (v.gr. los periodistas españoles Antonio Rubio, Jordi Borrás, José María Irujo y otros). Ricardo Arqués (también periodista español) discrepa y cree que todo periodismo debería ser “bien hecho”, pero como no lo es, se lo identifica con periodismo de investigación, que no es lo mismo que el periodismo normal.

2 Josep Lluìs Gómez Mompart en el seminario introductoria de la maestría en Periodismo y Sociedades Complejas, Univ. Aut. de Barcelona y Fundación Walter Benjamín. Buenos Aires, marzo de 2001.

3 Periodistas argentinos dedicados al periodismo de investigación como fuera definido en un inicio.

4 O, puede tratarse, incluso de periodismo de investigación realizado únicamente con lo métodos socioinformáticos.

5 Aclara Zeller que el concepto deriva de la clásica formulación de Wright Mills: la imaginación sociológica. En este caso –la imaginación periodística- se trata de una disposición mental analítica que impregna el trabajo periodístico y que pone a trabajar toda su cultura para llevar al lenguaje periodístico lo que ha observado en su campo de acción.

 

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