A�

Sistemas de salud y padecimientos que regresan

Un problema universal

 

Enfermedades moribundas que gozan de buena salud. Coberturas mA�dicas generales, para unos pocos. Condiciones biolA?gicas, ambientales, sociales y econA?micas que deterioran la salud de las personas.A�SituaciA?n urgente, pero no irreversible.

AdriA?n Eduardo Duplatt
[email protected]


Los sistemas de salud

La OrganizaciA?n Mundial de la Salud (OMS) define a los sistemas de salud como al conjunto de organizaciones, instituciones y acciones que buscan el mejoramiento de la salud y minimizar las diferencias posibles entre los estados de salud de los individuos o grupos sociales.

A lo largo de la historia, la protecciA?n social -en especial, la salud-, ha pasado por dos grandes hitos: la creaciA?n del modelo de seguros y la creaciA?n del modelo de servicio.

El primero tuvo lugar a finales del siglo XIX (1883) con la incorporaciA?n de los seguros mutuales por parte del Estado Prusiano. El canciller Otto von Bismarck se convenciA? de que tanto el Estado como los empleadores debA�an participar del sistema de salud. La presiA?n del socialismo, la crisis socioeconA?mica y una guerra en el horizonte que provocarA�a una gran cantidad de heridos hizo que Bismarck impulsara leyes de protecciA?n social. AsA� naciA? el sistema de seguros sociales obligatorios.

Los trabajadores y sus empleadores pagaban las cuotas de un seguro para prevenir los gastos de futuras enfermedades o accidentes (tanto del empleado, como de sus familias). El Estado tenA�a participaciA?n en los demA?s estamentos de la salud pA?blica (hospitales, regulaciA?n, polA�ticasa��). En la actualidad, el sistema de salud alemA?n se financia, aproximadamente, con un 20% de impuestos, con el 60% de seguros obligatorios o voluntarios, un 10% de seguros privados y el resto con otros ingresos, como los aranceles. El modelo Bismarckiano se enfoca en el trabajador asalariado, pero busca que toda la poblaciA?n estA� cubierta con un seguro.

Medio siglo despuA�s (1948) se produce el segundo hito. Lord William Beveridge logrA? imponer en el Parlamento BritA?nico la idea de que los recursos tripartitos -Estado (con sus impuestos), empleadores y empleados- resultarA�an mA?s efectivos si se alcanzaba la universalidad en la cobertura. El Sistema Nacional de Salud britA?nico (NHS) es administrado totalmente por el Estado y asegura cobertura gratuita a sus ciudadanos. Beveridge creA�a que si bien el mercado funciona en algunos campos, debe quedar afuera de otros como las cuestiones sanitarias. Con la instauraciA?n del servicio universal comienza la formaciA?n del Estado de Bienestar en Gran BretaA�a, consecuencia, en parte, de la Crisis del 30 y la posguerra. El sistema se financia con un 80% de impuestos, con aportes de empleados y empleadores en un 16% y el resto con otros medios -aranceles-.

En el continente europeo se difundiA? la idea beveridgeana; en tanto en LatinoamA�rica se adoptA? lentamente el modelo bismarckiano. El sistema de seguros se utiliza en Alemania, Francia y Austria; el sistema de servicio se brinda en Inglaterra, EspaA�a, y los paA�ses nA?rdicos.

En Argentina el sistema de salud es bismarckiano, basado en tres susbsistemas: el pA?blico (a cargo de un 30% de su financiaciA?n y administraciA?n), el de obras sociales (60%) y el privado (10%).

En todo caso, a ambos lados del AtlA?ntico se imponA�a una ciudadanA�a cada vez mA?s completa y la protecciA?n de salud se convirtiA? en un derecho de la gente y un deber del Estado. El A?nico paA�s americano que no incluyA? a la salud como un derecho fue Estados Unidos. AquA� el modelo es de mercado.

En Estados Unidos existen en la actualidad unos cincuenta millones de ciudadanos sin cobertura de salud porque los servicios de salud se consideran una mercancA�a. La intervenciA?n del gobierno -de acuerdo al dogma neoliberal- es distorsiva, por lo tanto, asA� actA?a el gobierno norteamericano: observa desde afuera. Los ciudadanos deben decidir entre asumir en forma propia los riesgos financieros de una enfermedad, u optar por contratar un seguro mA�dico privado.

El contexto descripto vio florecer a los servicios de seguros privados. Si son contratados por las empresas, son enteramente deducibles de los impuestos; si lo hacen los particulares, hay lA�mites para las exenciones.

El sociA?logo Pablo Vinocur puntualiza que el a�?Estado debe asegurar que todos tengan atenciA?n sanitariaa�� los norteamericanos estA?n dispuestos a defender sus principios: lo mA?s importante es proteger al ciudadano de los excesos del Estado, pero los derechos sociales no les preocupana�? (Ruiz, 2009).

Este sistema genera un gran derroche de recursos que, finalmente, redunda en magros resultados (Tobar, 2007). Un estudio publicado en la revista a�?Health Affairsa�? muestra que el gasto per capita en Estados Unidos ascendiA?, en 2007, a siete mil quinientos dA?lares. Valor que multiplica por 23 el gasto promedio por habitante de la Argentina. Y la tendencia es al aumento del gasto, no a su disminuciA?n. De allA� que en la actualidad se estA� discutiendo en el Congreso norteamericano la propuesta del presidente Barack Obama de reforma del sistema de salud.

La lucha por una cobertura amplia se lleva a cabo desde 1912, con Theodore Roosvelt a la cabeza. El proyecto de ley prevA� cubrir a los millones de estadounidenses que aA?n no tienen un seguro mA�dico con la ampliaciA?n de programas existentes a��Medicare y Medicaid, para ancianos e indigentes que pueden pagar la cuota del seguro mA�dicoa�� y con subsidios del Estado. Pero no habrA? un seguro pA?blico que compita con los seguros privados -aunque en la prA?ctica, asA� serA?, para ampliar la cobertura y provocar el abaratamiento de los privados-, como inicialmente habA�a propuesto la Casa Blanca. En segundo lugar, el plan no cubre a los inmigrantes ilegales, una reivindicaciA?n de los diputados hispanos (BarA?n, 2010). Tampoco debe aumentar el dA�ficit fiscal, para lo cual se abaratarA?n algunos de los servicios mA�dicos y, en una concesiA?n a los sectores mA?s conservadores de los demA?cratas -Obama es demA?crata-, los fondos estatales no podrA?n usarse para cubrir los costos de los abortos.

En definitiva, la realidad que se quiere cambiar puede describirse con algunos datos:

– 45.000 personas mueren anualmente por falta de cobertura mA�dica (informe de la Harvard University)

– las primas por seguros se han duplicado desde el 2000, provocando los ciudadanos paguen mA?s de sus bolsillos, por menos servicios acordados.

– las cuentas mA�dicas contribuyen al cincuenta por ciento de las quiebras personales por gastos mA�dicos o pago de hipotecas por prA�stamos para salud

– si bien Estados Unidos estA? a la vanguardia en el tratamiento del cA?ncer y avances tecnolA?gicos, estA? muy rezagada en cuanto a hospitalizaciones evitables por enfermedades tratables como el asma o la diabetes, lo que lleva, por ejemplo a altas tasas de mortalidad infantil y baja esperanza de vida comparada con otros paA�ses industrializados.

Obama para lograr aprobar su reforma acude a argumentos polA�ticos y morales. a�?QuizA?s esto no les sirva desde el punto de vista polA�tico, pero se trata de una polA�tica correctaa�? (BarA?n, 2009), les dijo a sus legisladores en el Congreso. Como lo explica Mario Bunge, a�?La disyuntiva pA?blico-privado en el terreno de la salud es tanto moral como polA�tica, de modo que pertenece a la filosofA�a polA�tica. Los liberales tradicionales coinciden con los socialistas en que el Estado es responsable, al menos en parte, de la salud de los ciudadanos. En cambio, los neoliberales (o neoconservadores) sostienen que la asistencia mA�dica es una actividad privada y de organizaciones caritativasa�? (Bunge, 2009).

Tal vez el modelo mA?s cercano para USA sea el canadiense, donde el Estado se involucra activamente con los seguros mA�dicos, pero la atenciA?n es privada.

El debate en Estados Unidos no acota el tA?pico de la salud sA?lo al modo de cubrir los costos econA?micos de los servicios, sino que, en tiempos de globalizaciA?n, lleva los interrogantes al campo de la enfermedad en sA�, a su difusiA?n y a su desigual tratamiento en todo el planeta.

Pobreza, clima y viejas enfermedades

Las enfermedades de la pobreza han vuelta y amenazan a los sectores de clase media, antaA�o a salvo de sus efectos.

En Argentina, la AdministraciA?n Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Carlos MalbrA?n realizA? un plan estratA�gico para el perA�odo 2008-2011. En el describe la situaciA?n argentina y expresa a�?Al analizar la situaciA?n sanitaria de la Argentina, se observa la coexistencia de problemas de salud similares a la de paA�ses desarrollados, predominantes en sectores de medios y altos ingresos, conjuntamente con la presencia de enfermedades infecciosas que siguen presentando riesgos sanitarios de importancia que afectan principalmente a los sectores de menos ingresosa�? (Calvo, 2008).

En el texto se aclara que si bien la situaciA?n sanitaria es mejor que en dA�cadas pasadas, se han detectado enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes como el sida, tuberculosis, chagas, dengue, hantavirus y leishmaniasis. Las tres A?ltimas estA?n asociadas vigorosamente al deterioro del medio ambiente pA?blico y privado.

El deterioro se refiere a los desmontes, sequA�as, inundaciones y el aumento de la temperatura global. De este modo avanzan las enfermedades tropicales y aumenta la reproducciA?n de insectos y roedores, transmisores de la enfermedad, ademA?s de hacerse mA?s resistentes a su eliminaciA?n con fumigaciones u otros mecanismos similares. Como dato ilustrativo, la Universidad de Salta asociA? al desmonte de bosques y selvas el aumento de casos de Dengue y Hantavirus en OrA?n, del 2005 al 2007.

Pero no hay que detenerse sA?lo en factores ambientales, advierten desde el Instituto MalbrA?n. a�?Factores como la mala alimentaciA?n, la suciedad o el contacto de las personas con la basura, la falta de agua potable para vastos sectores de la poblaciA?n y la precariedad de las viviendas y los servicios forman un contexto adverso a la contenciA?n de los virusa�? (Calvo, 2008). La mA?xima autoridad de la OMS, Margaret Chan, afirmA? que la actual generaciA?n de chicos podrA�a ser “la primera en muchA�simo tiempo en tener una esperanza de vida menos elevada que la de sus padres”. La razA?n: el avance de enfermedades condicionadas por el estilo de vida (ClarA�n, 2010).

Las condiciones sociales y el cambio climA?tico influyen, v.gr., para que haya mA?s mosquitos peligrosos y que se haya detectado en Argentina el primer caso de fiebre amarilla en 42 aA�os y, tambiA�n, para que la tuberculosis vaya en aumento al hacerse multirresistente y ultrarresistente a los tratamientos convencionales.

Asimismo, existe un tercer factor que incide en la expansiA?n de las enfermedades: las migraciones. La pandemia de Gripe A1H1 hizo que las autoridades argentinas pusieran en funcionamiento -en ensayos- el protocolo para prevenirla: alertas en los aeropuertos, atenciA?n de infectados, cuarentenas, etc. AdemA?s, se agregA? un procedimiento fuera de los manuales internacionales para el caso de una protesta de pasajeros asintomA?ticos (una posibilidad autA?ctona) (Calvo, 2008). Un informe de la OMS recuerda que las empresas aA�reas transportan a mA?s de 2.000 millones de personas al aA�o y “disparan asA� la posibilidad de que agentes infecciosos y sus vectores se propaguen velozmente de un paA�s a otro” (ClarA�n, 2007).

Como si fuera poco, gracias a la globalizaciA?n, la OMS subrayA? la apariciA?n de tres nuevas amenazas para la salud surgidas en el siglo XXI: el bioterrorismo, el SARS -enfermedad respiratoria- y el vertido de residuos quA�micos tA?xicos (ClarA�n, 2007).

Un caso paradigmA?tico en cuanto a enfermedades endA�micas es el Chagas. Por A�l mueren semanalmente diez personas en la Argentina, paA�s en el que estA?n infectados alrededor de dos millones de personas.

HA�ctor Freilij, director del Programa Nacional de Chagas -en 2008-, la describe como una enfermedad silenciosa que afecta a los pobres y por eso no tiene tanta difusiA?n mediA?tica, ya que los turistas de clase media que viajan al exterior no se ven perturbados, como sA� ocurre con la gripe porcina (Carbajal, 2009).

Era una enfermedad tA�pica rural y del norte argentino, pero, de la mano de las migraciones internas, llegA? a las ciudades, a los edificios deshabitados de zonas residenciales. Y aquA� entra en juego otro de los factores ya mencionados para la difusiA?n de enfermedades: el social.

Afirma Freilij que en estados a�?como Texas y Arizona hay vinchucas, pero como no pueden instalarse dentro de las viviendas porque son de buena calidad, no hay Chagas en humanosa�? (Carbajal, 2009). Ergo, con viviendas dignas podrA�a bajarse la cantidad de infectados en Argentina, pero las condiciones socioeconA?micas y polA�ticas no lo permiten. Es que podrA�a hablarse, entonces, de un cuarto factor: el econA?mico.

El presupuesto anual para combatir el Chagas no alcanza a lo que gastA? en 2009 la Argentina para reforzar su stock de vacunas para la Gripe Porcina. La acciA?n principal para controlar el Chagas -no para erradicarlo- es exterminar su insecto transmisor, la vinchuca. Pero, a lo largo de los aA�os, cambios polA�ticos mediante y, ademA?s, traspaso de responsabilidades de NaciA?n a las provincias, la lucha decreciA?. De 3.000 fumigadores que trabajaban en la dA�cada del ochenta, hoy quedan sA?lo 300. Tampoco se realizan investigaciones para determinar quA� niA�os se encuentran infectados -dato no menor-, ya que con el tratamiento adecuado, la enfermedad se cura en el 90% de los casos.

Aproximadamente el 30% del total de infectados desarrollarA? la enfermedad; de ese total, el 10% morirA? entre los 40-50 aA�os por problemas cardA�acos (Carbajal, 2009). Muertes que se podrA�an evitar.

La esperanza de vida

La esperanza de vida en aumento se considera un logro de la humanidad, aunque con desigualdades notorias. La vida promedio se ubicaba alrededor de los 30 aA�os en el 1800; hoy supera los 65 aA�os; sin embargo, existen diferencias muy importantes si se mide por regiones. En Europa, por ejemplo, estA? por encima de los 70 aA�os, mientras que en Africa no alcanza los 55 aA�os.

Hace unos dos siglos, la gente tenA�a como A?nico objetivo subsistir en lo cotidiano. Poco se podA�a hablar de alargar la vida si se tenA�an en cuenta factores como la dureza de la vida rural, la falta de educaciA?n, la ausencia de servicios sanitarios, la falta de seguridad en el trabajo y la servidumbre ante el seA�or feudal (Weitz, 2008). A estos elementos se sumaban los factores extraordinarios, tales como guerras, hambrunas y epidemias.

La reducciA?n de la mortalidad se debe al crecimiento de la productividad, gracias a los adelantos tecnolA?gicos, la consolidaciA?n de las burguesA�as y el rol protagA?nico de la clase trabajadora. Asimismo, el Estado moderno se erigiA? como A?rbitro de la sociedad y dispuso en su agenda los temas de salud, educaciA?n y derechos sociales (Weiz, 2008).

Dice Weiz (2008) que las tendencias poblacionales estA?n vinculadas a procesos econA?micos y sociales; asA�, los paA�ses que tienen altas fecundidades son los que tienen menor nivel de vida. Esto trae aparejado las migraciones, prejuicios, xenofobia, racismo, etc. La gran pregunta es, entonces, cA?mo compatibilizar vivir mA?s, con vivir mejor.

AllA� entran en juego las polA�ticas pA?blicas. a�?La evoluciA?n de la esperanza de vida en las prA?ximas dA�cadas resulta un imperativo para robustecer los sistemas previsionales y de saluda�? (Weiz, 2008).

Al respecto conviene recordar algunos datos de la OMS:

– La esperanza de vida en Gran BretaA�a (2000/2005) fue de 78,8 aA�os, 7 mA?s que en 1970/1975)

– La esperanza de vida en Africa subsahariana (en iguales perA�odos) fue de 46,1 aA�os, 4 meses mA?s.

Pero:

– en Calton (suburbio de Glasgow), la esperanza de vida es de 54 aA�os

– en Lenzie (zona rica), de 82 aA�os

– si en Estados Unidos, blancos y negros tuvieran las mismas condiciones de vida, se podrA�an haber evitado 880.000 muertes entre 1991/2000 (los avances mA�dicos, en igual perA�odo, evitaron 176.000 muertes)

– el noroeste argentino tenA�a en 2005 una tasa de mortalidad infantil del 18,4 por mil, la ciudad de Buenos Aires, 8 por mil

Por ello es que la OMS afirma que a�?la gran mayorA�a de la poblaciA?n del planeta tiene peor salud de lo que permite la biologA�a”. Las desigualdades -aquellas diferencias que son “injustas y evitables”-, no se dan sA?lo entre paA�ses, sino tambiA�n en el interior de los mismos: a medida que las personas descienden en la escala social, peor es su saluda�? (Castedo, 2008). Jorge Coronel, Secretario de Asuntos Universitarios y cientA�ficos de la ConfederaciA?n MA�dica de la RepA?blica Argentina, es claro al respecto: a�?La salud no es sA?lo un producto de las condiciones genA�ticas y biolA?gicas, sino, tambiA�n, resultado de la situaciA?n social predominante; asA� se puede decir que es la manifestaciA?n de un proceso histA?rico. Asimismo, la salud depende de las condiciones medioambientales donde la sociedad se desarrollaa�? (Maceira y Cejas, 2009). Por ello las polA�ticas de salud de un paA�s no dependen sA?lo del Ministerio de Salud, sino de una acciA?n conjunta con otros, como el de economA�a o de EducaciA?n, mA?s la coordinaciA?n de recursos materiales y humanos entre la NaciA?n y las provincias. De nada sirven hospitales nuevos sin personal o insumos adecuados.

En todo caso, la situaciA?n no es novedosa en la historia humana. Mutati mutandis, es lo que RaA?l Zaffaroni llama un viejo delito con discurso nuevo.

Viejo delito, discurso nuevo

RaA?l Zaffaroni -actual ministro de la Corte Suprema de Justicia de la NaciA?n / Argentina / 2010- se preguntA? quA� mitad del siglo XX fue mA?s cruel: la segunda, mA?s cercana y vA�vida, o la primera, con dos guerras mundiales, revoluciones y genocidios. TambiA�n se respondiA?: la segunda (o, en todo caso, fueron igual de crueles) (Zaffaroni, 1999).

Justifica su respuesta aduciendo que las nuevas tecnologA�as, especialmente en la comunicaciA?n, y un cambio discursivo tendiente a ocultar la violencia, no dejan ver los horrores que se cometen en la actualidad.

Dice Zaffaroni que hoy no se racionalizan genocidios por una raza superior, pero, v.gr., el nobel CA�sar Milstein pidiA? que la medicina se ocupe de los pobres porque Africa, sin medicinas, se muere de sida. Si se suman estas muertes evitables -continA?a- Zaffaroni-, se llegarA�a a un genocidio en estricto sentido jurA�dico. SegA?n la OMS, seis de cada diez muertes que ocurren en el mundo se deben a enfermedades que no se contagian y pueden prevenirse (ClarA�n, 2010).

Ocurre que la medicina es cara y no es asequible para todos. Si no fuera cara -explican los laboratorios privados-, no se investigarA�a y la medicina no avanzarA�a. Pero, Zaffaroni contraargumenta que se olvidan del papel del Estado para intervenir y por ello la medicina progresa por el lucro y no por las necesidades humanas.

AsA�, la humanidad se dividirA? en dos sectores, el sano y el enfermo. El sano serA�a biolA?gicamente superior, mejorado aA?n mA?s por el Proyecto Genoma Humano que posibilitarA�a las terapias genA�ticas para quien pudiera pagarlas. Ante este panorama, Zaffaroni cree que los delirios hitlerianos de una raza superior dejarA�an de ser verbalizados para ser realizados.

El nazismo pregonaba la tesis de las a�?vidas sin valor vitala�? y exigA�a a los mA�dicos alemanes seA�alar quiA�n debA�a morir y quiA�n no -si no lo hacA�an, morA�an todos-, pero los juicios de NA?remberg dejaron sin responsabilidad a esos mA�dicos para juzgar al sistema que los puso en esa disyuntiva y a sus mA?ximos dirigentes.

Hoy, la tesis de las a�?vidas sin valor vitala�? no se verbaliza, sin embargo, se producen situaciones anA?logas. Los culpables se seA�alan entre los operadores del sitema, no en el sistema en sA�. Si un paciente muere en un hospital pA?blico por falta de recursos para tratarlo, se culpa al mA�dico, no al modelo econA?mico que imposibilita brindarle los elementos necesarios para su labor. Zaffaroni lo ilustra con el sistema de salud del laborismo inglA�s de posguerra -beveridgeano-, modelo para el mundo, y su estado actual, despuA�s del thatcherimo, donde arrecian denuncias contra la salud britA?nica y los responsables del sistema se defienden con que ante la falta de recursos deben priorizar los casos. En Argentina es ilustrativa de esta situaciA?n la noticia sobre tres mA�dicos de un hospital de la ciudad de Buenos Aires que fueron procesados porque no realizaron una cesA?rea por falta de anestesistas y como consecuencia el bebA� muriA?. Jorge Gilardi, titular de la AsociaciA?n de MA�dicos Municipales, destacA? que a�?ni el director del hospital ni los otros mA�dicos son encargados de nombrar profesionalesa�? y sostuvo que a�?desde hace aA�os venimos reclamando por la falta de anestesistas en hospitales pA?blicosa�? (Lipcovich, 2010). De nada sirviA? el descargo.

(A modo de una pequeA�a digresiA?n no tan digresiva: un veinticinco por ciento de los alemanes cree que el nazismo no fue tan malo y que el nacionalsocialismo tuvo aspectos positivos como las autopistas, combate de la delincuencia y el apoyo a la familia -informe citado por Araceli Viceconte en ClarA�n del 24.10.07).

En definitiva, los delitos son los mismos -muertes evitables, genocidios- que antes se justifican con tesis perversas como las de las a�?vidas sin valor vitala�? y el racismo, y que en la actualidad se escudan detrA?s del dinero, sea para seleccionar quA� investigaciones mA�dicas se deben formalizar o para adelgazar presupuestos sociales.

Es decir, antes se culpaba al sistema -nazismo- y se excusaba a sus operadores; hoy se exculpa al sistema -neoliberalismo- y de sus fallas se responsabiliza a los operadores.

Ultimos sA�ntomas

El Ministerio de Salud de la NaciA?n informA? en 2009 que entre 2006 y 2007 hubo un aumento en la tasa de mortalidad infantil: de 12,9 por mil a 13,3 por mil. Las causas fueron los problemas sociales remanentes y las deficiencias del sistema sanitario (ClarA�n, 2009), y no puede obviarse la pobreza como factor agravante de la salud neonatal.

Por otra parte, en un estudio tA�cnico realizado por el diputado nacional y economista de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Claudio Lozano, se explica que la puesta en prA?ctica de la a�?AsignaciA?n Universal por Hijo para ProtecciA?n Sociala�? es un significativo avance contra la pobreza infantil, pero aA?n existen 2,8 millones de chicos sin cobertura social (BermA?dez, 2010).

Los chicos ausentes pertenecen a familias que estA?n fuera de los registros pA?blicos porque sus integrantes no ingresaron al mercado laboral formal ni accediA? a los mecanismos de asistencia social del Estado. Se trata del nA?cleo duro -estructural- de la pobreza.

Ante este paisaje, Lozano propone universalizar a�?en serioa�? el rA�gimen de asignaciones. Los fondos saldrA�an de obtener mA?s de cuarenta mil millones de pesos con la restituciA?n de los aportes patronales a los niveles de 1993 para las grandes firmas, replanteando el rA�gimen de subsidios al capital concentrado y eliminando las exenciones en ganancias (BermA?dez, 2010), sumando, despuA�s, una reforma sustancial del rA�gimen impositivo argentino para hacerlo mA?s progresista.

El elemento econA?mico, sumado a la coordinaciA?n de los distintos campos que hacen a la salud, ayudarA�a a tratar, prevenir y eliminar muchas de las epidemias que hoy asuelan el paA�s.

Entonces, el sistema argentino podrA�a acercarse mA?s al modelo beveridgeano.

Coda necesaria

El papel de los medios

a�?A?CA?mo se controla esta epidemia para que no se siga expandiendo? En primer lugar, si bien el gobierno nacional a travA�s de su Ministerio de Salud convocA? a un comitA� de crisis y estA? tomando medidas en distintos distritos del paA�s, es fundamental el rol de los medios masivos de comunicaciA?n (diarios, televisiA?n, radios locales) con mejor llegada a los sectores mA?s vulnerables en la difusiA?n de informaciA?n fehaciente para la prevenciA?n y el control de esta enfermedad. TambiA�n la renombrada “participaciA?n comunitaria” en la difusiA?n de informaciA?n es fundamentala�? -Mirta Roses, directora de la OrganizaciA?n Panamericana de la Salud- (Maceira y Cejas, 2009).

 

BIBLIOGRAFA?A:

BARA�N, Ana (2010): a�?Obama obtuvo un crucial triunfo para su histA?rica reforma sanitariaa�?, en ClarA�n, 22.3.10. www.clarin.com.ar

________ (2010): a�?CA?mo es hoy en dA�a el sistema de salud en Estados Unidosa�?, en ClarA�n, 22.3.10. www.clarin.com.ar

BUNGE, Mario (2009): a�?Los enfermos son pacientes, no clientesa�?, en La NaciA?n, 8.9.09. www.lanacion.com.ar

CALVO, Pablo (2008): a�?La situaciA?n epidemiolA?gica. La pobreza y el cambio climA?tico despiertan nuevas enfermedadesa�?, en ClarA�n, 9.3.08. www.clarin.com.ar

CARBAJAL, Mariana (2009): a�?Las muertes evitables del mal de Chagasa�?, en PA?gina/12, 12.5.09. www.pagina12.com.ar

CASTEDO, AntA�a (2008): a�?La salud no es solo cuestiA?n de genA�ticaa�?, en El PaA�s, 29.8.08. www.elpais.es

CLARIN (2010): a�?Los chicos de hoy podrA�an vivir menos que sus padresa�?. 25.2.10

_______ (2009): a�?Aumento en la mortalidad infantila�?, 8.5.09. www.clarin.com

_______ (2007): a�?Atribuyen a la globalizaciA?n un aluviA?n de nuevas enfermedadesa�?, 24.8.07. www.clarin.com

LIPCOVICH, Pedro (2010): a�?Un juicio oral sin anestesiaa�?, en PA?gina/12, 18.6.10. www.pagina12.com.ar

MACEIRA, Daniel y CEJAS, Cintia (2009): a�?Controlar la epidemia exige planificar entre todosa�?, en ClarA�n, 13.4.09. www.clarin.com

RUIZ, IvA?n (2009): a�?Sistema de salud pA?blico vs. privado: A?cuA?l es mejor?, en La NaciA?n, 1.9.09. www.lanacion.com.ar

TOBAR, Federico (2007): a�?El concepto de salud atrasa en Estados Unidosa�?, en ClarA�n, 15.3.07. www.clarin.com.ar

WEITZ, Carlos (2008): a�?La esperanza de vida es un dato polA�ticoa�?, en ClarA�n, 24.3.08. www.clarin.com.ar

ZAFFARONI, RaA?l (1999): a�?Viejo delito, discurso nuevoa�?, en ClarA�n, 29.12.99. www.clarin.com.

 

Publicado en Revista Narrativas, nro. 21, abril / junio de 201, ISSN 1668-6098.